Castillo de Trujillo. Alcazaba

Edificios de interés Monumentos

La ciudad de Trujillo se asienta sobre un batolito granítico y se emplaza en el antiguo camino de Madrid. Se trata de un importante complejo urbano conformado a partir de diferentes épocas y mentalidades arquitectónico-urbanísticas, cuyos testimonios han ello de ella una de las más importantes localidades de la provincia.

Trujillo se estructura en dos partes claramente diferenciadas: la villa y la ciudad, que separadas por la muralla, presentan evidentes diferencias arquitectónicas y urbanísticas. En la Villa, el Castillo está emplazado en la parte más elevada del promontorio trujillano, domina visualmente la ciudad. Construido originalmente en tiempos califales y reformado tras la reconquista, consta de un cuerpo cuadrado al que se adosan diferentes elementos de fortificación. El segundo cuerpo del Castillo lo forma el albacar, cuyo perímetro irregular alberga en su interior la ermita de San Pablo, edificada en el siglo XVI, que dispone de una sola nave dividida en tres tramos por arcos apuntados y cabecera poligonal. Las murallas, de origen musulmán, conforman un recinto rectangular de mampostería y sillería jalonado por diecisiete torres dispuestas a intervalos irregulares. La cerca dispuso de siete puertas, de las cuales se conservan la de la Coria, la del llamado Arco del Triunfo, la de San Andrés, la de Santiago y la de las Palomitas (restaurada recientemente).

Murallas, coracha y torres del castillo

Virgen de la Victoria en su capilla renacentista, 1916

Vista aérea 1964

Capilla de la Virgen de la Victoria, 1913

Panorámica 1964

Historia del Castillo de Trujillo

El castillo es uno de los diversos puntos de interés de la monumental y hermosa ciudad de Trujillo. Castillo es un término procedente de la palabra latina castellum, que significa “fuerte”, el cual a su vez es un diminutivo del vocablo -también latino- castra, que designaba al “campamento militar fortificado”. El castillo es un lugar fuerte, cercado de murallas, baluartes y fosos, construido casi siempre en un lugar dominante, para la defensa de pueblos o comarcas, o simplemente del señor que vivía en él. En otras ocasiones, los castillos también se edificaban dentro de los núcleos urbanos, dominando así, desde su parte alta, la villa, la cual solía estar también amurallada, formando todo un conjunto defensivo, donde sobresalía el castillo. La fortaleza trujillana tiene origen árabe (siglo IX) y fue alzado sobre el extremo del recinto murado sobre la denominada “Cabeza del Zorro”. Fue un edificio eminentemente defensivo pues no posee estancias residenciales, ni torre destacada en altura, de acorde con el hecho de que esta ciudad fue casi siempre realenga, por eso no tiene torre del Homenaje ni escudos de familias nobles. En tiempos de los Reyes Católicos Trujillo fue capital de la provincia de la Hermandad.

El recinto fortificado consta de dos partes. La más antigua, que es la islámica es el llamado “Patio de Armas” y es un recinto cuadrado con  veinte torres prismáticas, puerta de arco de herradura y dos aljibes en su interior. La zona llamada “Albacar” de forma poligonal alberga una ermita del siglo XVI dedicada a San Pablo, que dispone de una sola nave dividida en tres tramos por arcos apuntados y cabecera poligonal. La importancia del castillo trujillano no solo radica en ser un importante baluarte defensivo medieval, sino por los importantes acontecimientos que se desarrollaron en él. En tiempos de Pedro I fue elegido para que el tesorero del rey, el judío Samuel Leví, guardase las riquezas de la Corona, porque se la consideraba una de las fortalezas más seguras del reino.

Aquí se refugió Juana La Beltraneja en su disputa con la reina Isabel I en una época de agitación familiar y social. Una vez entregado el castillo a la reina Católica, Juana tuvo que salir huyendo hacia Plasencia, donde se casó con Alfonso V de Portugal. El rey Fernando El Católico se interesó por las obras que se estaban llevando a cabo en el castillo cuando pasó por aquí camino de Guadalupe, hallando su muerte el 23 de enero de 1516 en Madrigalejo.

En el recinto se venera la imagen de Ntra. Sra. de la Victoria, Patrona de la Ciudad. El concejo acordó desde 1531 –según documentación existente en el Archivo Municipal de Trujillo- que la imagen que en dicho año ejecutara el cantero Diego Durán, se colocase entre las dos torres del castillo, cumpliendo así con la venerable leyenda según la cual la Virgen se apareció con el Niño en sus brazos entre dos torres de la muralla, gracias a ella se reconquistó la ciudadela. Así se representa en el escudo de la Ciudad.

VICISITUDES HISTORICAS EN LA EDAD MEDIA TRUJILLANA. LAS FUENTES ESCRITAS.

Trujillo es el antiguo Turgalium romano, nombre de raíz celta. Es la denominación latina del topónimo correspondiente al primitivo castro indígena.

Los diferentes testimonios epigráficos y funerarios nos hacen pensar que la Turgalium prerromana se convirtió, durante la ocupación romana, en una población de suma importancia, muestra de ello son el elevado número de estelas funerarias romanas encontradas, algunas reaprovechadas por los musulmanes al construir el castillo  y la cerca de murallas.

El núcleo urbano romano se erige como lugar central respecto a su territorio y ubicado dentro de la penillanura dominada por los terrenos pizarrosos sobre un batolito granítico, lo que le confiere una posición preeminente y estratégica con respecto al resto de su territorio. El dominio de éste corresponde casi en absoluto a las tierras pardas meridionales sobre pizarra fundamentalmente y en menor grado sobre granitos, encontrándose manchas residuales de suelos pardos en el noroeste de su ámbito.

Trujillo fue una prefectura dependiente de Augusta Emérita, para el control de unos territorios que se escapaban al gobierno directo de la metrópolis. Pero, fue ya un núcleo muy importante, con una rica historia antes de que fuese praefectura, evolucionando hasta alcanzar la ciudadanía de pleno derecho. Turgalium constituyó uno de los puntos intermedios en el Alio Itinere ab Emeritam Caesaraugustam. La explotación del plomo y la plata fue importante en el territorio trujillano. Son dos metales que se encuentran combinados junto al azufre formando galenas argentíferas que son sulfuros de plomo y plata. En Trujillo los filones de este mineral se encuentran emplazados en las pizarras precámbricas del complejo esquisto‑grauwaquico, localizadas en las fincas “Alberguerías” y “Serafina”, en algunos casos estos metales se encuentran dentro de las pizarras precámbricas en las proximidades de los batolitos graníticos, en la llamada “aureola de metamorfismo de contacto”.  Esta zona extremeña había mostrado en la Antigüedad un buen número de peculiaridades subculturales cuyo progreso nos es casi desconocido por mediar una intrusión que trata de unificar y uniformar esa variedad cultural existente hasta ese momento en cierto modo abortiva mediante una auténtica colonización, al tratar de imponer por la fuerza pautas de comportamiento a los anteriores pobladores con repartos del suelo entre los recién llegados y la masiva explotación de sus recursos naturales, sobre todo los mineros, de tal manera que la siguiente cita del Libro de Macabeos es una auténtica realidad cuyo mejor paralelo está en posterior la acción colonizadora en América, ya en el siglo XVI: “Judas Macabeo oyó hablar de las grandes guerras que los romanos hicieron en España, de las minas que conquistaron donde se ocultaba el oro y la plata”.

     Gran parte de la información suministrada por las fuentes antiguas, con que contamos para llevar a cabo el análisis de los acontecimientos, proviene de grupos ideológicos afines y, como tales, subjetivas. Para que nos hablen con un mayor grado de sinceridad es preciso tamizarlas. A partir del siglo V a.C. podemos hablar de cultura vettona en Trujillo.

La propia estructura defensiva de los castros o campos de piedras hincadas en los lugares más accesibles para la caballería confirma la importancia que pudo tener el caballo en la vida vettona, sobre todo en su vertiente militar, tal y como podemos apreciar en los castros trujillanos de la “Cerca de la Encina”, “Cerca del Avión”, “Aguas Viejas” y en las “Calderonas”.

Las importantes actividades ganaderas se verían complementadas con las agrícolas que en la zona que nos ocupa jugaron un papel muy importante, principalmente en la recolección de las bellotas. Entre las actividades artesanales, aparte del hilado y tejido, hay que destacar la metalurgia como lo muestran no solo la cantidad y calidad de sus armas sino también las abundantes escorias de fragua en los castros.  Dicha actividad no debe pasar de ser realizada en pequeños talleres, incluso en manos de artesanos itinerantes aunque no por ello hay que descartar la existencia de talleres establecidos o castros especializados como parece deducirse de la inmensa cantidad de escorias que se localizan en algunos de estos castros como El Pardal situado en el río Almonte (Trujillo).

Los vettones, formaban unidades de caballería, debido a la enorme importancia que el caballo adquirió y que no solo lo utilizaron en sus ceremonias sacrificales, sino que lo incorporaron en su mitología, pues albergaban la creencia de que la rapidez que poseían, y que era motivo de admiración, se debía a que era el viento quien los fecundaba. Trujillo es el lugar de mayor aglomeración de cultos y antropónimos grecorromanos y presenta dos de los pocos epígrafes en territorio vettón consagrados al culto imperial, uno al Caesar Philippos en Trujillo y otra a L. Septimio Severo en Conquista de la Sierra.

Gracias al testimonio de ESTRABON, conocemos el armamento que utilizaron, se protegían los cuerpos con corazas de lino, material que abundaba en estas tierras, las cabezas con cascos y las piernas, con perneras. Un escudo pequeño en una mano, y con la otra empuñaban una lanza.

Tras las revueltas del año 194  a. C. Roma llegó a la conclusión de que para salvaguardar las zonas conquistadas en la Península Ibérica necesitaba ampliar su dominio hacia la Meseta y así crear una zona freática que protegiera los territorios en explotación. La presencia romana puede dividirse en tres fases y hasta que no está avanzada la tercera no se puede hablar de asimilación de los modos y formas de vida romanos. La primera fase de instrucción militar, la segunda de auténtica colonización sobre todo a partir de la paz augustea con la fundación de ciudades y municipios, y la tercera, cuando ya la población indígena ha perdido el recelo inicial y se asimila tras un largo camino de más de 500 años.

En año 27 a. C. Augusto procedió a dividir los territorios del Imperio en provincias senatoriales e imperiales quedando la Lusitania entre las segundas que a partir de ahora será gobernada por un delegado del emperador con el rango de propretor, “legatus Augusti pro preatore“, residente en Emerita Augusta. En un momento posterior hubo una nueva división en dos circunscripciones administrativas: Lusitania y Vettonia de ahí que hallemos en la epigrafía algunos “procuratores provinciae Lusitaniae et Vettoniae“.       Esta división administrativa parece clara al igual que la organización conventual, por el contrario la municipal presenta varios problemas debidos por una parte a la falsedad de algunos testimonios y por otra a la dificultad que entraña algunas localizaciones geográficas. Turgalium (Trujillo), aparece como importante foco romanizador como parece desprenderse del estudio de su epigrafía.

A diferencia de lo que ocurre con los castros celtibéricos, los poblados vettones no presentan huella de destrucción violenta, incluso algunos como puede ser el caso de Turgalium es probable que se hubiera  ido paulatinamente transformando bajo los nuevos modos. Esto unido a la ausencia de enfrentamientos entre vettones y romanos en las fuentes pone en duda la fuerte resistencia vettona al dominio romano.

En época de los julio‑claudios entraron los vettones a formar parte del ejército romano para promocionarles socialmente y convertirlos en ciudadanos romanos, aunque siguieron manteniendo unas señas de identidad propias. Por César sabemos que en las guerras que sostuvo con Pompeyo, los vetones y lusitanos persistían en sus modos de lucha que durante años les había caracterizado, esto es, lanzándose contra el enemigo sin táctica preconcebida, con lo que sembraban el desconcierto en el propio ejército romano al que debían dar cobertura.

Se ha querido identificar a Trujillo con la “Castra Julia” que cita CAYO PLINIO SECUNDO, llamado “el Viejo” por su semejanza con la denominada “Turris Julia” de la iglesia de Santa María la Mayor, cuando en realidad se trata de una torre tardorrománica.  Plinio nació en Verona en el año 23 d. C. y murió en el 79 d. C., al producirse la erupción del Vesubio, se trasladó a Estabias para observar el fenómeno más cerca, pero pereció víctima de su curiosidad científica, dejándonos su obra magistral: Naturae historiarum Libri XXXVII, que es una auténtica enciclopedia que recoge 20000 datos importantes de más de 2000 libros.

El testimonio de Plinio fue copiado por numerosos autores que le siguieron y realizaron sus comentarios sobre Trujillo, refiriéndose todos ellos a “Turris Julia” o a “Castra Julia”, tal es el caso de JULIANO y de JUAN de  MARIANA que en su obra Historia general de España nos refiere : “Cuando vino la segunda vez a España, estableció su campamento en Trujillo Julio César y le dió el nombre de Castra Julia y el título de Colonia romana”. También para PONZ, Trujillo fue la Torre Julia que mandó hacer César: “Casi en lo mas alto de la villa está la parroquia de Santa María, cuya antigua torre no tiene ninguna apariencia  de que la  mandase hacer Julio Cesar, ni de que sea la Turris Julia, que dió nombre á Truxillo. Quieren los naturales instruidos, que esta ciudad en la antigüedad mas remota se llamase Scalabis, y que despues por una torre, que Julio Cesar mandó hacer, tomó nombre de Truxillo; pero se cree ser la Castra Julia, que nombra Plinio. El arzobispo D. Rodrigo la llama Turgellum. El vulgo Truxillano tiene por indubitable que no ha muchos años se leía en cierta piedra de la fortaleza:

                   “Hércules me edificó,

                      Julio Cesar me rehizo

                       Sobre cabeza de zorro

                       En este cerro Virgillo”.

Aunque existiese esta copla, nada probaría para el nombre de Truxillo, pues se conoce lo moderna que es”.

      VIU en sus Antigüedades de Extremadura opina que “Trujillo fue la Castra Julia de los romanos, pueblo contribuyente pero no municipio ni menos Colonia”. MOYA  en su obra Armas y blasones de España nos refiere que “…de su blasón se deduce el nombre de Turris Julia por su fundador Julio César, derivándose el de Tru‑xillo del antiguo Torres de Julio”.

Por tanto, durante un período largo de tiempo ha perdurado la polémica sobre el nombre de la población romana que se alzaba donde hoy se encuentra la actual población trujillana, llegando a la conclusión de que etimológicamente Trujillo significa “hinchazón”, como se deduce del significado de la raíz del término indoeuropeo que es originario de Turaca. El significado se corresponde con la geografía del lugar, pues el solar trujillano es un batolito granítico intrusivo, cuya superficie es redondeada (monte‑isla), siendo un abultamiento o “hinchazón” de la penillanura trujillano‑cacereña. La evolución fonética completa del topónimo “Trujillo” es la siguiente en época romana: “Turaca” ‑  “Turaga” (tras la latinización) ‑  “Turagalium” y “Turgalium”.

      Las primeras impresiones sobre Trujillo provienen de los escritores romanos, que empezaron a adquirir ciertos conocimientos sobre la población a partir de los contactos comerciales y el establecimiento de la prefectura. Dentro de las fuentes clásicas hemos de considerar los textos literarios y, dentro de los mismos, las obras geográficas, que poseen un contenido muy desigual y con puntos de vista diversos. Pero en las que el interés por la descripción hace de ellas una fuente primordial para completar la información específica sobre los lugares, paisajes e información específica sobre los itinerarios. Quienes escribieron acerca de Trujillo, salvo aquellos que nos visitaron, el resto lo hicieron desde las ciudades costeras más civilizadas como Ampurias o Sagunto. Su perspectiva y sus puntos de vista fueron parciales, pues no intentaron describir una realidad diferente de la que conocían y a la que estaban ya habituados como una forma de ampliar el conocimiento de las experiencias humanas, dentro de su gran variedad. Por el contrario, presentaron un relato repleto de curiosidades para sus lectores, despreocupándose muchas veces de su veracidad efectiva, y una especie de guía práctica para los futuros políticos y administradores de estos territorios.

Los primeros testimonios literarios que hablan de Trujillo los encontramos en HIGINIO, agrimensor de tiempos de Trajano, que habla de dos prefecturas dependientes de la colonia de Augusta Emérita: In Emeritensium finibus aliquae sunt praefecturae, quarum decimant seque in orientem diriguntur, Kardines in meridianum: sed in praefecturis Mullicensis et Turgaliensis regionis decimani habent actus XX, Kardines actus XL”.

Datos del mayor interés para comprender la gran extensión del territorio de la colonia. Estas grandes superficies de 400 iugera (100 hectáreas) se asignarían a las familias para que fueran divididas proporcionalmente entre sus miembros. El territorio emeritense se podía haber extendido por el norte hasta el campo norbense, como demuestra la ausencia de epígrafes de la tribu Papiria en estos lugares, que fueron rabasados tanto a la izquierda como a derecha por la zona de Ammaia (Alburquerque) por un lado y por la de Turgalium (Trujillo) por otro. Por el este, consideramos la zona de Valdecaballeros como límite entre las tres provincias y, del territorio emeritense. En el límite sur consideramos a Montemolín como enclave emeritense en tierra bética, pues el lugar está rodeado de municipios que pertenecieron a conventus de esta provincia.

Por otro lado, en el siglo VI el Ravennatis Anonymi Cosmographia, más conocido por el Anónimo de Rávena compuesto por cinco libros, nos facilita el conocimiento de ciudades y núcleos de población de esa época, cita a Turcalion (Trujillo) como una mansio, situada a la vía romana a la que en el siglo III el Itinerario de Antonino denomina ab Emerita Caesaraugustam, como vía desde Mérida hacia Zaragoza, a través de Toledo, como punto anterior a Augustóbriga. Dato interesante porque denota la continuidad  funcional más o menos urbana de Trujillo o como cabecera de comarca.  Los códices que nos han llegado hasta nosotros son de los siglos VII y XII, variando frecuentemente entre sí. Cambios que se deben a que los copistas transcribieron y multiplicaron los errores anteriores.   Otro de los documentos importantes que nos ha legado la antigüedad clásica sobre la red viaria como es la llamada Tabula Peutingeriana o mapa mundi de CASTURIUS, ya que constituye el mapa antiguo más preciso sobre comunicaciones y es la única copia que queda del documento original del siglo III, que puede fecharse en el siglo XII.

Los datos sobre los caminos españoles del Itinerario de Antonino, auxiliados y completados por la información que pueda recogerse de CAYO PLINIO y de CLAUDIO PTOLOMEO, forman una de las fuentes mejores para obtener el conocimiento geográfico de los antiguos pueblos españoles. Como ya hemos referido, Plinio quiso escribir la Historia Natural de todo el orbe, compuesta por 37 libros, leyendo previamente todo cuanto se había escrito sobre el tema. Muy famosa ha sido también la Geographike Uphegenesis del astrónomo y geógrafo griego Ptolomeo (100‑170 d. C.) en la que describe en ocho tomos las tierras conocidas hasta entonces en el mundo occidental. No obstante, hemos de advertir que contenía la latitud razonablemente exacta de unos cinco mil lugares, mientras que las longitudes era considerablemente erróneas debido a que Ptolomeo suponía que la longitud de un grado en el Ecuador era de 500 estadios en vez de los 604 que le corresponden. Con el descubrimiento de América quedó patente el error.

La calzada Emerita a Cesar augusta constituye el lazo de unión entre Emerita y Caesaraugusta con un centro de comunicaciones en Titulcia. Su trazado está integrado por dos tramos, el primero de los cuales iba desde la capital de Lusitania a Titulcia y del mismo, por la importancia estratégica  de Trujillo, sólo analizaré su recorrido por Extremadura. La calzada constituía la prolongación del decumanus maximus y desde Augusta Emérita  tenía salida y trazado común hasta San Pedro de Mérida. Desde este punto la calzada continúa durante unos kilómetros paralela a la carretera vieja, hasta llegar al río Búrdalo, en cuyo  puente conecta y se confunde con la carretera Nacional Madrid‑Lisboa.

Continúa por las fincas La Asperilla y La Conquista y por la dehesa Cuadradillo, y sirve de límite de término entre Santa Amalia y el pueblo anterior para alcanzar la Venta de la Guía en cuyo espacio se ubica la mansio Lacipea, para pasar inmediatamente al espacio de Miajadas en donde la calzada se confunde con la carretera y se pierde su rastro en la finca Los Canchales. El recorrido por el término municipal de Miajadas se continua por las dehesas Alcantarilla, Dehesilla y Fuente de la Zarza, penetrando en Escurial por la finca Cancho y durante su trayecto por este término municipal continúa confundida con la N‑V.

Después de Escurial continúa por Villamesías, entre las dehesas de Egido Matorral, Pedro Gómez, Salmoral, Rodriga, Osarios, Lagunilla, Zorro y El Santo para pasar el espacio del Puerto de Santa Cruz en donde se ubica la mansio Leuciana, que identificamos con el importante yacimiento arqueológico de los Villarejos.

      Después del Puerto de Santa Cruz continuaría por Santa Cruz de la Sierra a través de las fincas La Magasquilla y Los Labrabos, entrando en el término municipal de Trujillo por Los Quintos de San Pedro y Aguas Viejas hasta el casco urbano de Trujillo donde se ubicaba Turcalion.

Desde Trujillo, la antigua calzada atravesaría el término municipal de Trujillo, las localidades de Torrecillas de la Tiesa y Jaraicejo, después de salvar el Almonte y en cuyo espacio podría ubicarse Lomundo. Desde Jaraicejo iría hacia Casas de Miravete hasta Almaraz. Salvando el obstáculo del Tajo por el puente de Almaraz, en otro tiempo denominado Albalat, dirigiéndose finalmente por Navalmoral de la Mata a la Calzada de Oropesa y donde el trayecto entre ambos pueblos partiría un ramal que conduciría hasta Augustóbriga, finalizando la vía su recorrido por Extremadura.

Pero, por Trujillo pasaba otra vía que se relacionaba con el Iter ab Metellinum Norba Caesarina, y que constituye una de las calzadas romanas más antiguas de Extremadura y aprovecha en parte el trazado de un camino natural. Todos los indicios apuntan a que haría su salida de Metellinum a través de su puente romano sobre el Guadiana. Desde este punto su recorrido con una dirección S‑N se identifica con el Camino de la Plata, que después de atravesar los términos municipales de Medellín y Santa Amalia se dirigen a Miajadas en cuyo espacio atraviesa la dehesa de Los Canchales, en la que se han localizado importantes restos romanos. Desde aquí continúa hasta los términos municipales de Montánchez y Valdemorales, pasando antes por las fincas Las Mezquitas, Corchuelo y Vallehondo, rodeando la ladera Norte de la sierra del Saltillo y continua por las dehesas de La Tocona, Casajato, Los Palos, La Dehesa y Quebrada. Salva la Sierra de Montánchez por el puerto del Jabalí y se dirige hacia el pueblo de Torre de Santa María, Vadefuentes y la finca La Torrecilla, para después salvar el Salor por el denominado “Puente Nuevo” y continuar por el espacio de Torremocha por la finca El Castellar y volver a cruzar el río por las inmediaciones y al sur del casco urbano. Existe una desviación de este camino hacia Trujillo, desde Montánchez, para conectar después con Salvatierra de Santiago. Desde aquí de prolonga, durante otro trayecto, penetrando en Ruanes, cuyo casco urbano atraviesa, dejando constancia de ello en su calle principal que significativamente se denomina “Calle de la Roa” o también coloquialmente “Calle Empedrada”.

Después del término municipal de Ruanes, penetra esporádicamente en pertenencias de Trujillo por la dehesa de Piedra Hitilla y se adentra en el espacio de La Cumbre entre las fincas de El Campillejo y Roa, sirve de límite a los pueblos de Santa Ana y La Cumbre, y penetra definitivamente en Trujillo con las dehesas de La Magascona y Solanilla.

Es muy probable que existiera otra vía de comunicación secundaria por la importancia de los puntos a unir entre Norba (Cáceres) y Turgalium (Trujillo). Y como fiel testimonio de la misma es la existencia de dos puentes romanos sobre los ríos Tamuja y Gibranzo.

La ciudad de Trujillo se constituyó por su posición geográfica en un nudo de comunicaciones de cierta importancia. De esto es testimonio, por una parte, que por ella pasasen el Alio Itinere ab Emerita Caesareaugustam y derivación de la Metellinum‑Norba, por otra, una serie de factores toponímicos y arqueológicos que nos ponen de relieve la entrada o salida de Turgalium de una serie de vías en varias direcciones.

A este respecto señalar la presencia de un topónimo tan altamente significativo como la “Aldehuela de la Calzada” y la existencia de un miliario anepigráfico a cinco km. al Sur de Trujillo, formando parte de la Cañada Real de Ganados que atraviesa los espacios de Trujillo, Santa Cruz de la Sierra, Abertura, Escurial y El Campo, en cuyos límites, y concretamente en la dehesa de Los Palacios, se produce la unión de varios cordeles con la Cañada Real.   No cabe la menor duda que esta Cañada Real debió ser heredada de una primitiva vía de comunicación entre Medellín y Trujillo y de la que deben ser testimonios válidos la vereda de la Plata y el  miliario anepigráfico en las inmediaciones del puente sobre el Magasca y, finalmente, la “Aldehuela de la Calzada”.

También con arranque o salida en Trujillo debió existir otra vía, que ponemos de manifiesto por la existencia de un puente romano sobre el Magasca en las inmediaciones de la carretera de Trujillo a Zorita y el hecho de que en tiempos pasados el pueblo de Herguijuela recibiese la denominación de Herguijuela de la Calzada.

Las distintas cuestiones sobre comunicaciones de época romana han contado siempre con un gran número de investigadores a lo largo de una tradición ya centenaria, éstos han proliferado mucho más desde finales del siglo XIX y a lo largo del XX, como podremos estudiar en los diferentes capítulos de esta obra.

Pero las investigaciones realizadas en esta última etapa ‑salvo excepciones‑ adolecen de una cierta parcialidad, con lo que se ha perdido la ventaja de una visión de conjunto. Por otra parte, en algunas ocasiones han sido suscitados por un criterio patriotista local que trataba de reivindicar para la patria chica el honor de una antigüedad venerable. En otros casos, el largo magistrado de una autoridad indiscutible ha llegado a dar por buenas interpretaciones que hoy nos parecen insostenibles o cuanto menos problemáticas.

A pesar de ello, la labor de algunos estudiosos ha sido meritoria, pues también se convirtieron en viajeros y han tratado de concretar sobre artículos, planos y fotografías el resultado de sus impresiones, sus descubrimientos, y los datos que consiguieron reunir pueden considerarse como la última palabra. Hemos de tener presente que el análisis del trazado de las vías romanas en Extremadura, como en cualquier otro espacio no, sólo ha de tener en cuenta la investigación de las fuentes históricas, sino también otras más actuales.

En definitiva, con el aprovechamiento de todas estas fuentes documentales, tenemos el material primario que es necesario interpretar y verificar en el terreno práctico.

Relatan las crónicas antiguas que al fundarse alguna nueva ciudad, ésta se adscribía a una de las tribus antiguas de Roma. Tal caso sucedió con Mérida que fue adscrita a la tribu Papiria o Norba a la Sergia. Siguiendo este planteamiento la franja territorial que desde Mérida se dirigía hasta Turgalium, y por el conocimiento de inscripciones con miembros de la tribu Papiria, nos están hablando de gentes emeritenses o dependientes de dicha ciudad.

Los visigodos aceptaron en gran parte la estructura romana, pero a medida que iba cambiando el sistema y desaparecía la organización municipal, se daba paso a la creación de “provincias-ducados”, dentro de las que estaban los condados. Al mismo tiempo que se iban formando las provincias eclesiásticas. Mérida fue un ducado y en su capital residió un duque. La provincia eclesiástica a la que perteneció Mérida fue la Lusitania y comprendía trece obispados. En Trujillo existen los restos de una basílica visigoda tras muros de la Puerta de Coria.

Tras la dominación musulmana y una vez llegado el siglo X, cuando toda la región fue nuevamente una cora dependiente del poder central, encontramos que la cora estaba compuesta por varias ciudades esenciales como Trujillo, Badajoz o Coria, que a su vez poseían su respectiva jurisdicción, de forma muy parecida a las épocas romana y visigoda.

Realmente las fuentes árabes existentes sobre Trujillo son abundantes. Sabemos que en el año 881 hay una incursión de Alfonso III contra los Nafza, que ocupaban la zona, y que en el 317 de la hegira/929-30 de C. se nombra gobernador militar de Trujillo a Ahmad Ibn Sakan. Con el estudio de todas las alusiones que hay sobre Trujillo en fuentes medievales, los datos históricos avalan una fecha de construcción del castillo de Trujillo en los años finales del siglo IX, merced también a la existencia de varias lápidas funerarias existentes en la ciudad. Estas referencias históricas sobre Trujillo unidas al esquema netamente oriental de la planta del edificio principal árabe en nuestra ciudad (típico de los castillos omeyas), a un aparejo similar al oriental y al del Conventual emeritense -la fortificación islámica más antigua fechada en España, en el año 835 d. C.-, todo ello, aunado con el esquema elemental de las puertas de acceso (de proporciones de primera época), permiten fechar este castillo a finales del siglo IX en el caso de que sea posterior al modelo emeritense.

La Crónica Anónima es las más antigua crónica hispanoárabe conservada, abarca los dieciocho primeros años del gobierno de Àb-al-Rahman III, o sea desde el año 912 a 929, que corresponden a la pacificación de las coras y la restauración de al-Andalus. El manuscrito nos refiere lo siguiente sobre Trujillo: “Ahmad Ibn Sakan, gobernador de la ciudad de Taryala”Molina considera que la Crónica es un resumen del Muqtabis. La obra no menciona a ningún autor, ni ofrece fecha de ejecución, aunque podíamos fecharla en el siglo X, e incluso el prof. García Gómez nos facilita la posible autoría del manuscrito en Abu Bakr AL-HASAN Ibn Muhammad Ibn Mufarrity al-Ma`afiri, conocido como al-Qubbasi.

El cordobés IBN HAYYAN (987-1076), está considerado como el mayor historiador de la Edad Media hispánica, de él nos ha llegado en fragmentos la obra citada al-Muqtabis que recoge la historia anterior a su época. En el 288/901, murió al-Mahdi Ibn al-Qitt, de la tribu de Qurays, en Nafza. Este personaje se relacionó con nuestra zona, como se observa en el relato que Ibn Hayyan toma de Ibn Ahmad, quien dice haberlo tomado de puño y letra del califa al-Hakam al-Mustansir bi-l-Lab: ” Ibn al-Qitt envió sus emisarios y cartas que entraron en Trujillo, Mérida y Toledo y otros lugares de la frontera, en los que se aprestaron a seguir su causa y a formar un gran ejército con el que atacó Zamora…”. Todos los años hay sustitución de gobernadores, “…en el año 319/931 fue gobernador de Trujillo BAra`bn Muqatil”.  Tiene un gran valor pues nos transmite una historia fiable por la buena selección que hizo de sus fuentes como son las dos al-Razi, Arib bn Sa`d, Aslam b. `Abd al-Aziz, Muhammad al-Warraq, Ibn al-Yazzar, Faray b. Sallam, etc..

El códice arábigo que se titula Libro que contiene cosas curiosas acerca de las excelencias de la gente de almagrib, es obra del cronista ABEN-ZAID, que vivió en tiempos del rey Fernando III, y nos refiere una noticia curiosa pues ya cita a uno de los primeros poetas de la historia que nació en Trujillo en el siglo XI y destacó en la corte de Badajoz, reinando en ella Abu-Beer Mohamed, que sucedió a su padre el 30 de diciembre de 1045: “Trujillo es una de las ciudades notables del norte. De ella era Abu-Mohamed Abdala, hijo de Albolón, uno de los poetas de Almotafir Abenalaftás, rey de Badajoz”.  Este es el rey que tomó el pomposo título de Motafir (el victorioso por Alá) y se hizo célebre por su enemistad con el rey de Sevilla Motahid, y por su mucha erudición, prudencia y fortaleza de ánimo, según escriben de él Alkabit y Aben-Kaldún, por quienes sabemos también que escribió una obra histórica de cincuenta tomos.

Encontramos referencias a Trujillo en  Abu-Abd-Alla Mohamed AL-EDRISI, de la familia de los Hamuditas, que habían tenido la soberanía de Málaga hasta la muerte de su bisabuelo Idris II (año 1055),  que fue un geógrafo árabe cuya obra fue famosa en todo el mundo musulmán. Entró al servicio del rey cristiano Rogerio II de Sicilia, para auxiliarle en sus investigaciones geográficas e hizo su panegírico.  Murió en la segunda mitad del siglo XII.

Europa conoció la obra del árabe por un breve compendio que de ella se hizo y se publicó en Roma, en 1592, en la imprenta de los Médicis. En España, EDUARDO SAAVEDRA amplió y corrigió las versiones de la obra del Edrisi en una serie de artículos insertos en el Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid, publicados posteriormente en un volumen aparte, con el título de La Geografía del Edrisi.

La descripción que hace El-Edrisi de Trujillo es la siguiente: “De Medellín a Taryalah (Trujillo), dos jornadas cortas. Esta última villa es grande y parece una fortaleza. Sus muros están sólidamente construidos y hay bazares bien provistos. Sus habitantes, tanto jinetes como infantes, hacen continuas incursiones en el país de los cristianos. Ordinariamente viven del merodeo y se valen de ardides”. Las referencias que nos ofrece de la ciudad revelan que era una de las principales de Extremadura en la época de los almohades; y la importancia estratégica de ella, dimana de que en aquel tiempo los árabes y los cristianos invadían a diario el campo enemigo para robar, talar y destruir, por lo cual los lugares pequeños estaban indefensos y sus moradores se concentraban en las poblaciones fortificadas. Esta misma manera de vivir que tenían los árabes en Trujillo, entregados al merodeo y las excursiones y adiestrados en ardides, sorpresas y asaltos, la tenían también los cristianos de la frontera leonesa. La conservación de las poblaciones conquistadas era muy difícil, por tenerse que guerrear a diario con los árabes. Los moradores estaban interesados en la defensa de la población; pero como el temor a que el enemigo atacase los campos y la necesidad de estar siempre apelando a las armas hacían imposible el cultivo agrícola, la propiedad comunal del suelo era la que preponderaba y con ella la riqueza pecuaria, que se manifestaba en las vacadas concejiles y la ganadería en común. Por tanto, el bandolerismo tenía su mejor baluarte en la frontera.

El historiador y geógrafo del siglo XII Muhammad Ibn Ayyûb Inb GALIB AL-GARNATI, que vivió en Granada, donde estuvo al servicio de su gobernador, en su obra Farhat al-anfus fi ajbar al-Andalus (Alegría de las almas, acerca de la Historia de al-Andalus), nos refiere: “A la cora de Mérida pertenece Taryalah (Trujillo), que dista de Córdoba seis jornadas”. En la Crónica anónima Dikr Bilad al-Andalus, editada y traducida por L. Molina, nos refiere también que Mérida dominaba numerosas ciudades y amplios distritos, entre los que se encontraban las ciudades de Trujillo, Zamora, León, Tudela, Tarazona y Fuente de Cantos.

El escritor árabe oriental Abu ´Abd Allah Yaqut Ibn ´Abd Allah AL-HAMAWI, nacido en el año 1179 en Hama, fue esclavo de niño y fue llevado a Bagdad en donde ejerció el oficio de comerciante, murió en el año 1229, recoge la forma Turyila para referirse al topónimo “Trujillo”: ” Turyila es una madina en al-Andalus del `amal de Mérida, entre ella y Córdoba hay seis días a oriente y seis días entre ella y Zamora en el país de los cristianos. Conquistada en 1165″. Se refiere a la conquista cristiana de Trujillo el 15 de abril de 1165 por Geraldo Sempavor. En el año 1169 Geraldo cae prisionero y para su rescate tiene que entregar Trujillo, Montánchez, Santa Cruz y Monfragüe a Rodríguez de Castro, autor del convenio con los árabes, a quien llaman Señor de Trujillo, y que se constituyó en un señorío venido después a manos castellanas. Por su parte, el cronista Ben-Sahibis-Salat contemporáneo de estos sucesos, nos refiere muy sumariamente: “En Yumada segundo de la hegira 560 fue sorprendida la ciudad de Truxillo, y en Diskada, la notable villa de Jeburak. También la población de Cazeres en Safar de 561, y el castillo de Muntajesh en Yumada y los fuertes de Severina y Felmanuyyah”. La fecha de la toma de Trujillo es clara pues comenzando la hegira 560 el 18 de noviembre del año 1164, la luna de Yumada 1º tuvo que comenzar antes de mediar el mes de abril del año 1165, y si la ciudad fue ganada por sorpresa no hubo necesidad de emplear en ella una semana. Aunque el cronista árabe refiere tan sumariamente estas conquistas, no ha de entenderse que Ebora fue ganada por el mismo rey que tomó a Trujillo, Cáceres y Montánchez, pues consta por el Cronicón lusitano, llamado también Crónica de los godos, que la toma de Ebora fue empresa exclusiva de Gerardo.

ABD AL-MALIK b. Muhammad b. Ibn Sahib al-Sala, natural de Beja, nos informa en su obra al-Mann bi-l-imama àlá-l-mustad`afin bi-an ya`alhum Allah al-a imma wa-ya`alahum al-waritin (El don del imamato para los que no merecieron que Dios los colocase como imames y los puso como como sus herederos y la aparición del iman al-Mahdi de los Almohades), de la que solo se ha conservado el segundo volumen (1159-1173), lo siguiente: ” En el año 563/17 de octubre de 1167 a 4 de octubre de 1168, el jefe cristiano Fernando (se refiere a Fernando II), señor de Taryala (Trujillo), célebre entre los cristianos por su linaje y valor, pariente por afinidad de Alfonso, el rey pequeño, señor de Toledo, llegó a Sevilla en el mes de ramadám del citado año/10 de junio a 9 de julio 1168, él y sus hermanos, con el deseo de hacerse servidor del Amir al-Mu`minin, después de abandonar la compañía de los infieles. Los almohades de Sevilla pidieron permiso a su majestad el Amir al-Mu`minin en marrakus, y se le permitió que llegase allí con sus acompañantes y hermanos que venían con él, y permaneció en la capital excelsa cinco meses bajo las banderas del poder excelso, favores y donativos considerables y provisiones garantizadas. Se ablandó su corazón con los grandes regalos, hasta que casi se islamizó y prometió a Dios ser fiel consejero del poder con el mejor servicio, y se sometió y garantizó que no raziaría el país de los almohades y que sería para ellos un sostén y aliado de los musulmanes. Se marchó bajo estos bienes y esta reconciliación completa de él con seguridad, mandando el poder supremo darle donativos a él y a sus hermanos y compañeros unidos a los almohades, todos los meses, como se hizo”. Este cronista también nos explica la traición de Giraldo a la ciudad de Trujillo en el mes de yumada al-tani del año 560/15 de abril al 13 de mayo de 1165.  El 15 de abril de 1165 tiene lugar la toma de Trujillo por Geraldo Sempavor. Geraldo caerá prisionero en 1168 y para su rescate tiene que entregar Trujillo, Montánchez, Santa Cruz y Monfragüe a Rodríguez de Castro, autor del convenio con los árabes, a quien llaman Señor de Trujillo, y que se constituyó en un señorío venido después a manos castellanas. También encontramos referencias acerca de estos acontecimientos históricos en la obra Kitab al-ibar  del gran sociólogo, filósofo e historiador de Túnez IBN JALDUN, que fue una de las más fuertes personalidades de la cultura árabo-musulmana en su ocaso.

Abul-l-Abbas Ahmab b. Muhammad b. IDARI AL-MARRAKUSI, historiador magrebí del que solamente conocemos que vivió en la segunda mitad del siglo XIII, nos refiere lo siguiente en su obra Bayan al-mugrib fi ijtisar ajbar muluk al-Andalus wa-l-Magrib: “En el año 178 (de la hegira)/ 794 entran en Trujillo los beréberes que huyeron de Takurunna”. También, nos relata la traición de Geraldo para apoderarse de las ciudades, y como ayudó a Ibn al-Rink contra los musulmanes: “Traicionó Giraldo en su primera traición, la ciudad de Trujillo en el año 560/1165, luego la de Evora en du-l-qa`da de ese año y se la vendió a los cristianos; luego traicionó la de Cáceres en safar del año 561/diciembre-enero de 1166”.

El 14 de junio de 1196 al-Mansur se dirigió hacia norte, desde Sevilla, avanzando en dirección al castillo de Montánchez con un gran contingente de andaluces, pues era una de las fortalezas de mayor elevación, renombrada por su situación estratégica. La rodeó e inició el ataque. El día 16 de junio los habitantes del castillo se acogieron a la sumisión, colgándose a la cuerda del Iman. Fue también evacuada la ciudad de Trujillo -tal y como nos cuenta Idari al-Marrakusi-  “sin asedio, y sopló el viento de la victoria por aquellos distritos y aquellas regiones…Se renovó en estos castillos la invocación al Islam”.

AL-HIMYARI, escritor norteafricano del siglo XIII nos habla en su obra Kitab al-rawd al-mi´tar fi jabar al-aqtar de“Taryaluh (Trujillo) ciudad de al-Andalus, es un hisn inexpugnable, tiene murallas y mercados activos. Sus caballeros e infantes pasan su vida emprendiendo correrías contra el país de los cristianos, y se dedican a ejercer el bandolerismo y el fraude. En el año 630 de la hegira/ 1232-1233, vinieron los cristianos y la sitiaron. Salió hacia ellos Muhammad bn Yûsuf bn Hûd buscando una ocasión para atacarles por sorpresa, pero no le fue posible y partió a Sevilla. Hizo etapas hacia Taryaluh, pero le llegó la noticia de la toma de esta ciudad por los cristianos y volvió a Sevilla. Cayó Taryaluh en poder de los cristianos en rabi al-awwal de este año/diciembre 1232- enero 1233″ .

Las dos crónicas que, desde AMBROSIO de MORALES que fue el descubridor y primer copista de ellas, llamamos Anales Toledanos, son una fuente histórica muy utilizada por los historiadores, aunque su redacción es algo tardía (comienzos del siglo XIII). Es una fuente muy conocida por su inclusión en la España Sagrada del P. Flórez, y con notables excepciones de Gómez Moreno (Anales Castellanos, R. Academia de la Historia, 1917), Julio González (Repoblación de Castilla la Nueva, 1975), Recuero Astray (Alfonso VII, Emperador, 1979) y Terrón Albarrán (El Solar de los Aftásidas,1971 y, Extremadura musulmana, 1971) no es frecuente que se utilicen como fuente algunas de las 331 noticias contenidas en ellos. Y esto a pesar de que hay sucesos que sólo se contienen en ellos y se recogen más exactitud que en otras crónicas medievales y que seguidamente citaremos.

La conquista de Trujillo por los cristianos coincide con un momento de crisis y descomposición de los reinos árabes del Al-Andalus. Así, el rey de Castilla, Alfonso VIII, después de conquistar el lugar de Ambroz y fundar allí la ciudad de Plasencia, entró en Trujillo el año 1186. Intentando atraer a las Ordenes Militares para asegurarse la plaza y la frontera, concedió la mitad de los diezmos de la ciudad y su tierra a la Orden de Santiago.

En el mes de abril de 1186, la ciudad de Plasencia era un enclave importante para las empresas ulteriores del rey Alfonso VIII, y se hallaba en esa fecha en Trujillo, lo que prueba que la había conquistado a los árabes, estando allí el monarca castellano otorgó privilegio a la Orden de Santiago, cuyo Maestre era entonces Fr. Fernando Díaz, por el cual le hizo donación de la mitad de los diezmos pertenecientes a la Corona en todas las rentas de Trugello, tanto de la agricultura como de las demás materias contributivas, y de la mitad de las tercias de las iglesias de Trugello y sus términos, que se poblaron desde Tajo hasta Guadiana, y la mitad de los derechos que corresponden al Obispo”. En la data del documento se lee: “Facta carta apud Trugellum, Era MCCXXIIII et XI kalen, Madri”.  Por tanto, entre las crónicas cristianas que citan a Trujillo tenemos el Bullarium ordinis militiae de Alcántara , que la denomina como “la villa de Trugello” y de forma adjetivada “truxillensi”, el Bullarium equestres ordinis sancti Iacobi de Spatha, la refiere como “Trugellum”.

      No puede negarse en esta donación el deseo que tenía el rey Alfonso de atraer a la Orden de Santiago hacia la comarca de Trujillo, a fin de que la repoblase y defendiese de las correrías de los árabes. Pero, todavía a otra orden, la de San Julián del Pereiro, la estimuló a establecerse en Trujillo y fundar allí una casa para cuyo sostenimiento la hizo donación de la villa de Ronda, sita en la comarca de Toledo. En el documento se llama a don Gómez “Maestre Truxillense“. En la bula de Clemente III por la cual se erigió el Obispado de Plasencia, se dice que la nueva diócesis ha de abarcar, conforme a lo solicitado por el rey de Castilla, todos los lugares concedidos a la nueva ciudad y los que se han agregado, de Trujillo, Medellín, Santa Cruz y Montfragüe, con todos sus términos y pertenencias.

En el año 1195, y continuando con esta política, el monarca donó a la de San Julián de Pereiro, además de otras, la villa y castillo de Trujillo.

En marzo de 1195, el mismo Alfonso VIII, continuando con su interés de atraer a las Ordenes Militares a la frontera, con objeto de defenderla contra los árabes, hizo donación “al convento de los freires de Truxello y a su Maestre Don Gómez, de la villa y castillo que llaman Turgello, la villa y castillo que llaman Albalat, situado en la rivera del Tajo, y el castillo que llaman Santa Cruz cerca de Trugello y situado en el Monte Arduo, y otros dos castillos, de los cuales el uno se llama Cabañas y el otro Zuferola”.Para la fortificación y perpetua subsistencia de estos lugares y castillos, les concede la pensión de tres mil áureos anuales sobre la renta de la Greda de Magán, que habría de pagarles el Almojarifazgo.

Sin embargo, los almohades, habiendo vencido al rey castellano en la batalla de Alarcos -1196-, se dirigieron hacia la frontera oeste, conquistando Montánchez, Santa Cruz, Trujillo y Plasencia.

En el año 1196, los reyes  Alfonso VIII de Castilla y Sancho I de Portugal estaban unidos contra una liga formada por  Alfonso IX de León,  Sancho VII de Navarra y el emir almohade Yacub. Salió este de Sevilla por la vía de Mérida y tras tomar Santa Cruz, Trujillo y Plasencia, marchó luego hacia la comarca de Talavera. Por tanto, volvió Trujillo de nuevo a caer en manos almohades, como también recogen los Anales, produciéndose las consecuencias del profundo repliegue cristiano y las numerosas conquistas extremeñas de los árabes. Esta conquista nos la relata el cronista árabe Ibn Abi Zar Abul-l-Abbas AHMAD AL-FASI -del que se sabe que murió en Fez en el año 1310)- en su obra Kitab al-anis al-mutrib bi-rawd al-qirtas fi ajbar muluk al-magrib wa ta`rij madina Fas, conocida como Rawd al-Qirtas: “En el año 1196 se produce la toma de al-Balat y Trujillo”.

Con motivo de haber celebrado treguas el rey de Castilla con el almohade, transcurrieron quince años sin que pensasen los cristianos en proseguir la reconquista entre el Tajo y el Guadiana; pero ya en el año 1211, el rey  Alfonso VIII, que deseaba romper las hostilidades y había procurado dar pretexto para ello fundando en la frontera el castillo de Mora, estando con su hijo el infante  Fernando en expedición, le ordenó que hiciese una razia por Extremadura, y entonces fue cuando el infante recorrió las comarcas de Trujillo y Montánchez, regresando a Toledo en el mes de agosto.

Estando sitiado por los almohades el castillo de Salvatierra, junto al actual de Calatrava la Nueva, intentó Alfonso atacar hacia el occidente de al-Andalus desde la sierra de San Vicente, para que cesase el sitio acudiendo a socorrer las tierras extremeñas. Envió a su hijo y heredero en “fonsado” hacia Trujillo y Montánchez, pero el califa hizo caso omiso y Salvatierra siguió cercada, conquistándola al fin. Y el infante tuvo que regresar sin conquistar nada. Tres meses después, el que hubiera sido Fernando II de Castilla si hubiera vivido, fallecía en Madrid, donde ya estaban su padre y el ejército ocupando su puesto sucesorio su hermano menor Enrique I, que fallecería por accidente en 1217. Por ambos fallecimientos resultó heredera doña Berenguela y, al morir Alfonso IX de León, heredó ambos reinos el que sería apodado el Santo, Fernando III, hijo de este rey y de su segunda esposa.

Cáceres fue conquistada el 23 de abril de 1229, al mes siguiente se hallaba  Alfonso IX en Galisteo, donde procuró aquietar a la Orden de Santiago, que se creía con el derecho a poseer la villa de Cáceres por habérsela donado en otro tiempo  Fernando II, pero deseaba don Alfonso que la población fuese de realengo, y a tal efecto la señaló un vasto término y concedió fuero de población, y en trueque de los derechos eventuales que aducía la Orden de Santiago, donó a esta las villas de Castrotoral y Villafáfila, con 2000 maravedís, y así mismo le prometió que si algún día lograba conquistar a Trujillo, Santa Cruz y Montánchez, le haría donación de alguna de ellas.

Trujillo era un peligroso entrante musulmán en la zona alta de Extremadura, especialmente para la vecina Plasencia, aunque el Tajo sirviera de frontera. Ampliado ya el reino leonés con Cáceres, Montánchez y Mérida, una expedición dirigida por el Maestre de Calatrava Gonzalo Yáñez y el obispo de Plasencia don Adán, sitiaron a Trujillo, con ayuda también de los santiaguistas y del Pereiro (después Alcántara). Acudió en auxilio de los sitiados el rey de Murcia, intentando atacar por sorpresa; no lo logró y volvió hacia Sevilla. Una segunda petición de los cercados le hizo volver, pero en el camino supo de la rendición. El avance fronterizo sería esta vez definitivo. Hemos de hacer un inciso para aclarar el origen de la Orden de Alcántara, citada anteriormente.

Fueron los primeros fundadores de los Caballeros de Alcántara dos caballeros salmantinos, don Suero Fernández Barrientos y su hermano don Gómez, que consagraron su vida a la defensa de los cristianos en la frontera del reino de León contra los moros de Extremadura, y construyeron para este fin una gran fortaleza próxima a la ermita de San Julián del Pereiro, cerca de Ciudad Rodrigo. Sucedía esto hacia 1156, según fray Angel Manrique en los Annales Cistercienses. Pocos años después, a ruegos de Suero Fernández, los caballeros que obedecían a este primer maestre recibieron de Ordoño, obispo de Salamanca, una Regla semejante a la de Calatrava, que fue confirmada en 1177 por el papa Alejandro III.      Llamábanse “Freires de San Julián del Pereiro” cuando en 1211 conquistaron Trujillo, villa que les fue cedida por Alfonso VIII, se denominaron Caballeros de Trujillo, pero el nombre definitivo les vino de Alcántara, en la provincia de Cáceres cuando recibieron de manos de los calatravos aquella plaza fuerte, lo cual aconteció siendo maestre don Nuño Fernández, en 1213. Hubo entonces un pacto entre ambas Ordenes militares de filiación cisterciense, y los de Alcántara se sometieron para en adelante a la visita canónica del maestre de Calatrava, lo cual no produjo sino disensiones y aun luchas sangrientas. La cruz que llevaban sobre el manto blanco era la misma flordelisada de Calatrava, pero de color verde.

      Los  Anales Toledanos (Segundos) citan su reconquista el 25 de enero de 1232, Trujillo es incorporado a la corona de Castilla por Fernando III. Fue después encomienda de la Orden de Alcántara. Además de éstos, entre las crónicas cristianas que citan a Trujillo, destacando sobre todo el castillo como esencial baluarte defensivo, tenemos la Primera Crónica General de ALFONSO el Sabio.

El  Maestrescuela CORREA ROLDAN recoge el testimonio de los Anales que tiene la ciudad de Toledo, que son de mucha autoridad, porque, según el estilo de ellos, se escribían las cosas cuando pasaban. En el mismo sentido se pronuncia JUAN de MARIANA. En memoria de este acontecimiento, y como acción de gracias a la virgen, a la que se atribuyó el éxito de las tropas cristianas, los trujillanos levantaron una ermita  a Nuestra Señora de la Victoria, a la que nombraron Patrona de la entonces Villa. El obispo de Plasencia  según escribe Correa y  Roldán era don Domingo, el cual murió a pocos días. De hecho, el último día de febrero de 1232 estaba ya vacante la diócesis de Plasencia, según consta en un privilegio concedido por Fernando III en esa fecha a la iglesia de Santiago, donde dice: “La iglesia de Plasencia vaca”. Algunos, sin embargo, afirman que falleció en 1231, apoyándose en el Obituario inédito de Toledo, por lo que en ese caso no pudo participar en la conquista de las tierras trujillanas.

Trujillo fue entregado provisionalmente a las Ordenes Militares, en 1234 Fernando III hizo a la villa de realengo, quedando, por tanto, incorporado a la corona por el interés que tenía.

Superada la Reconquista y para fomentar su repoblación, se otorgaron privilegios a los caballeros participantes en las campañas militares, confirmándose el derecho sobre sus propiedades con el Fuero otorgado por Alfonso X en 1256. Por éste, Trujillo se convierte en una villa libre, vinculada a la Corona definitivamente.

Desde entonces se asentaron los primeros repobladores en Trujillo dando lugar a los linajes más antiguos de la ciudad: Añascos, Altamirano, Bejarano, Chaves, Orellana, Escobar, Pizarro, etc. Estos nobles que, además de sus propiedades territoriales, ostentaron los oficios concejiles y el gobierno de Trujillo, dominaron la vida ciudadana, y, además, a través del Fuero mencionado anteriormente, obtuvieron el privilegio de no pechar al poseer “casas con gran población, además de caballos y armas”.

Hay en la historia interna de Extremadura un período de intensa inquietud, de lucha fratricida, que llena varios años de la segunda mitad del siglo XV, provocada por la rivalidad de Gómez de Solís y Alonso de Monroy, disputándose el maestrazgo de la Orden de Alcántara. Es, por tanto, un episodio ligado a la Historia mundial, y con encaje en el marco de turbulencias que provoca el reinado lamentable de Enrique IV de Castilla. Son trujillanos los que luchan por una dignidad extremeñísima. Cuando la región forjadora de los grandes conquistadores aún no había lanzado a sus paladines fuera de la región.

Los cronistas que escribieron sobre la vida extremeña, los literatos que buscaron inspiración en sucesos del pasado, con frecuencia suelen referir o cantar la guerra entre Solís y Monroy, siendo importante la relación hecha por TETZEL  en Viajes por España y el manuscrito del año 1543 de DIEGO de HINOJOSA titulado Genealogía de los Hinojosa, en donde nos da referida cuenta de la rivalidad entre ambas familias, “…en Trujillo, viejo e histórico baluarte de levantisca nobleza, asentaron su solar los Hinojosa, en tiempos de Alfonso XI. El propio rey trajo en su compañía, desde Toledo, al primero que vino a esta villa extremeña, Alonso Alvarez de Hinojosa, al cual dejó allí como alcalde de Alcázar y Justicia Mayor”. Tantas grandezas tenían los Hinojosa y tan reconocidos eran en el reino que en el interesante Memorial de la calidad y servicios de la Casa de D. Álvaro Francisco de Ulloa que compuso el erudito PEDRO de ULLOA GOLFIN -aunque aparece autorizado por el cronista José Peciller como si fuese el autor- nos comenta lo siguiente: “Francisco de Hinojosa era un caballero muy principal de Truxillo”, y del que se cantaba en romances, anunciando los festejos nupciales por toda Extremadura: “Casa una hermana el Maestre/ con un caballero joven,/ que en el solar de Trujillo/ Francisco de Hinojosa, es noble./ Van llegando caballeros,/ prevendados, ricos-homes,/ para rendir pleitesía/ que a tal señor corresponde”. Por todo Trujillo sonó una alegría bullanguera y deambulaba una heterogénea multitud endomingada.

Es una aportación útil a la historia extremeña, en un interesante período de fin de época, cuando el medievo ascético y feudal se encaminaba a desembocar en las luminosidades estéticas e inquietantes del Renacimiento, cuando el impreciso concepto de lo estatal va concretándose para ir desde la atomización de los pequeños Estados hacia las grandes nacionalidades.

Quizá los hechos más significativos que sucedieron hasta 1430, año en que Juan II otorgó el título de Ciudad a la entonces villa -a instancias del Condestable de Castilla,  Alvaro de Luna, primer Duque de Trujillo-, fueron, por una parte, las rapiñas y asaltos de los Golfines, bandoleros que después de obtener grandes riquezas se ennoblecieron, asentándose en la ciudad de Cáceres; y, por otra, los bandos o facciones nobiliarias del reinado de Pedro I el Cruel, banderías que no alcanzaron las cotas sangrientas de otras ciudades castellanas.

Entra en la escena política el Condestable don Álvaro de Luna, de su Crónica recogemos varios capítulos en los que hace referencia a Trujillo y en concreto a su castillo:

CAPITULO XXIV “ Como después que el Condestable se salió de Aragón, e se juntó con su gente al real del Rey, el Rey entró en el reino de Aragón, e entró por fuerca la villa Ariza, e fizo en aquel reyno de Aragón muchos daños. Recogido el Condensable don Álvaro de Luna con la su gente a huerta, al real Rey, como ya fuese sabido del daño e estrago que el Condestable dexaba fecho, e del espanto que por aquel reyno avía puesto, e de los lugares que por el Rey dexaba tomados, si fasta allí el Condestable era amado Rey, e presciado de todos, de allí delante lo fué mucho más, e el su nombre de cada día más engrandescido sonaba e se estendía por todas partes; maravillándose todos del grand trabajo suyo en el fecho de la guerra, sin reposo ni descanso. Ca quando parescía que algúnd poco reposaba, estonce afanaba su juicio pensando que se fiziese; en tal manera, que jamás le fallescía trabajo, o del espíritu o de la persona. Mas todo lo conportaba con generoso e grand coracón, por lo que convenía al servicio de su Rey, e honrra de la su corona, e el bien público de los sus reynos. Pues luego otro día, sin más reposo, que el Condestable se juntó con el Rey, entró el Rey en el reyno de Aragón, sus batallas ordenadas, de mucha e muy fermosa gente. Aquesto era ya en el mes de agosto, e entraron con el Rey don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla e conde de Sanctistéban, que llevaba la delantera; don Fadrique, almirante mayor de Castilla; don Lope de Mendoca, arcobispo de Sanctiago; don Luys de Guzmán, maestre de Calatrava; don Juan de Sotomayor, maestre de Alcántara; don Gutiérre Gómez de Toledo, obisto de Palencia, don Juan, obispo de Osma, arcobispo que fué después de Toledo, que era hermano del condestable don Álvaro de Luna; Pedro de Velasco, camarero mayor del Rey; Pero de Estúñiga, justicia mayor del Rey; Pero Manrrique, adelantado e notario mayor del regno de león; don Garci Fernández Manrrique, conde de Castañeda; don Luys de la Cerda, conde de Medinaceli.

            Mucho se acrescentó el temor e espanto que los de la frontera de Aragón ovieron, quando sopieron la entrada del Rey con tan grand hueste. E como avían quedado destruídos e espantados de la entrada que el Condestable avía fecho, el temor e miedo que ovieron les fué doblado, e fecho mucho mayor. E no sólo los de la  frontera fueron espantados; pero todos los del reyno de Aragón, e Valencia e Cataluña. A la qual entrada del Rey no se fizo otra resistencia por los reyes de Aragón e Navarra, ni por los de sus reynos, salvo despoblar los logares llanos, e alzarse las gentes con las viandas en los castillos, e casas e logares fuertes, e fuir por los lugares ásperos, e procurar de salvar las vidas por los montes e desiertos. El Rey assí poderosamente entrado en Aragón, asentó su real sobre Ariza, que era un logar en el reyno de Aragón, en la frontera, comunalmente fuerte, e bien cercado. Avía en él un castillo muy fuerte por edificio, e mucho enmontado, donde estaban fasta doscientos hombres de armas. Vista por ellos la hueste del Rey, dexaron, la villa, e subiéronse al castilo, alguanos quedaron en la villa, pensando que por ventura la podrían defender, esfocandose que quando quialesen se podrían recoger e guarescer al castillo. El Rey llegando cerca del logar, dió orden el su Condestable como su muchas partes luego fuese conbatido, en tal manera, que los que avían quedado en la villa, desapararon el lugar, e acogiéronse al castillo. E de la gente de la huesta del Rey e del Condestable don Álvaro de Luna , que llegaron al conbate, entraron al lugar, e quemaron e destruyeron las casas, e quanto dentro fallaron, e aportillaron los muros de la villa por muchas partes. Algunos días de entrada e aportillada aquella villa de Ariza, estovo el Rey ende con la hueste. Y esto fizo el Rey porque en aquel lugar aavían fallado su rey de armas e haraute a los reyes de Aragón e Navarra, quando por ellos los enviara desafiar, e aplazar batalla, certificandoles que vernia a ge la dar, do quiera que los sus rey de armas e haraute los fallasen, segund en la Historia del Rey se fallará más largo.

            Pensaba el Rey  que así por aquello, como por los reyes estar a ocho leguas dende, en las cibdad de Calatayud, que por ventura  vernían allí lo qual el Rey vido queno venían los reyes, ni avía por los canpos gente alguna que fiziese resistencia otra, salvo alcar las viandas , e bastecer las fortalezas, e defenderse en ellas, mandó ayuntar al su Condestable don Álvaro de Luna e a los otros condes, e perlados e maestres, e los otro grandes del su consejo, e desmandóles que le dixeses qué les parescia que deviese fazer, si iría a do quier que estoviesen los reyes de Aragón e Navarra, para les dar batalla o cercar donde los fallase, o si entraría por otras partes en el reyno de Aragón, faziendo en él daño, o poniendo sitio a algunas cibdades e villas. E después de muchas razones que cada uno de los del su consejo respondieron al Rey, dixieron que les parescia que por aquella vez el Rey  debía dexar el entrar más adelante en el reyno de Aragón, así para donde estaban los reyes como para poner sitio a algunas dibdades o villas, e que debía poner sus fronteros por todos los logares de la frontera del reyno de Aragón e Navarra, e tornase en  el su reyno, por sosegar e remediar en algunas cosas que conplían mucho a su servicio, e se proveer para continuar la guerra en el año primero.

            E para esto el su Condestable don Álvaro de Luna daba estar razones. La una, que la tierra por donde el Rey avía de andar en el reyno de Aragón, a qualquiera parte que fuesse, era mucho fragosa e montañosa, por donde apenas podría pasar gente de caballo, e no fallarían viandas ninguanas, si non las llevasen de Castilla, porque la tierra de suyo era pobre, y menguada dellas, mayormente que eran alcadas todas a las fortalezas, nin estaba el Rey proveydo dellas de los reynos, por la mucha gente que viniera que la gastara, epor se comencar la guerra mucho de rebanto, nin tampoco se podía dellas proveer tan en breve como era menester, que non lo padescía ya el tienpo. La otra, porque en aquella tierra avía muchas fortalezas, de dónde se podía  fazer mucho daño en la hueste en los tienpos que no assentasen real. La otra, porque era cierto que los reyes no se pornían en el canpo a esperarle en batalla, e más que ternían manera cómo detoviese sobre ellos fasta que entrase el invierno, quando no estobiese bien al Rey continuar su cerca, ni dexarla. La otra, qu para se echar sobre alguna cibdad, o villa o fortaleza, no tenía el Rey los ertrechos que eran necesarios, nin los podría aver en breve; e que entrar por lo despoblado, más daño faría a sí que a los contrarios.

            Demás destas razones que el Condestable daba, dezían algunos otros que asaz bastaba al Rey por aquella vez probeer a rmediar tan enporviso en lo que, en mucho días antes que a su noticia viniese, en su grnd deservicio estaba  por la otra parte tratado. Pues el su Condestable con su poder e en su nombre fiziera salir a los reyes de Aragón e Navarra, sin ninguna tardanca, de los sus reynos de Castilla, e el Rey los enbiara después a desafiar e aplazar batalla dentro de su reyno de Aragón, e entrara en él, e los esperaa en el logar donde les enbiara a dezir con su rey de armas e haraute, el qual lugar era aquel donde él a la sazón tenía asentado su real cerca de Ariza. E pues los reyes estaban tan cerca de Ariza, e avía tantos días que los esperara, e sabía que estaban en Calatayud, basteciéndose de cada día, que non conbenía más esperarlos. E que él vuelto en su reyno, e probeyendo en los fechos que conplían a su servicio, podría ordenar e mandar fazer todos los pertrechos que eran necesarios, para  más con tienpo e mejor proveído puediesse entrar en el reyno de Aragón el año venidero.

            El Rey, oído el consejo e las razones que el su Condestable daba de ello, e los otros grandes de sus reynos que ende estaban, óvolas por suficientes para la conclusión. E otro día después desto así acordado, levantó su real de Ariza, e tornóse a medinaceli, por las mesmas jornadas que fuera a Ariza. Allí ovo el  Rey nuevas que los ynfantes don Enrrique e don Pedro fazían guerra e mal e daño, robando en la tierra de Truxillo. Ca después que el ynfante don Enrrique se juntara con los reyes de Aragón e Navarra, e ellos se volvieran al reyno de Aragón, él los aconpañara fasta el puerto de Castilla, e de allí se volviera a Uclés, e levara la ynfanta doña Catalina su muger, e lapuesiera con alguna gente en el castillo de Segura; e él se fuera e pasara a tierrra de Truxillo, donde por otra parte su juntó con el ynfante don pedro su hermano, e allí estaban por entonce faziendo grandes daños emales por aquella tierra e comarca”.

 CAPITULO XXV: “Como el Rey no fallaba quien dexase por capitanes conta la frontera de Aragón, e como el Condestable le suplico por la capitanía de toda la fontera. Venido el Rey en Castilla, e salido del reyno de Aragón, e con él el su Considestable don Álvaro de Luna, e todos los otros grandes que dicho avemos, e asentado con él su real cerca de Medianaceli, det´vose ende quatro o cinco días, por dexar la frontera ordenada, e fornescida de capitanes e gentes, contra los reynos de Aragón e Navarra. E bien se acordaban que debía que dar la frontera bien de gente de armas, con grandes e buenos capitanes,  pero no se ofrescia ninguano a quedar, porque tenian trabajada su gene de la guerra, e fallabanla más presta para se volver a sus casas, que no para quedar; que pues avían trabajado el verano, cobdiciaban descansar el ynbierno. E después de mucho fablado en ello, e visto que ninguano de aquellos grandes no salía nin se ofescia de quedar, el Condestable don Álvaro de Luna fabló al Rey en esta guisa:

            -Señor, si el mi serbicio en algúnd tienpo vos vino en grado, e fué bien rescebido de vos, yo vos suplico que en este caso lo sea agora, dándome a mi sólo el cargo de todas estas fronteras, especialmente entre vuestro reynos e los de Aragón. E con el ayuda de Dios e vuestra, e con los caballeros y escuderos de mi       casa, yo entiendo de dar a vos, señor, buena cuanta dello; ca como quiera que yo primero oviese venido a esta guerra que los aquí son con vuestra señoría, e mi gente esté asaz cansada e trabajada, pero mi corazón cierto no está cansado para vos servir en esto, y en todas las otras cosas que a vuestro serbicio cunplan. E el Rey ge lo agradesció, e le presció mucho la grand voluntad suya e buen corazón que el condestable sienpre mostraba en lo que a su serbicio cunplía. E dixole que bien cierto era él que lo faría así, mas que por dos cosas no cunplía de se hazer. La una, porque la su gente era más consada e trabajada que ninguna que de toda la huesta, como aquella que viniera primero a resistir la entrada de los reyes, e después avía trabajado de continuo en las entradas que el Condestable avía fecho en los reynos de Aragón, e jamás avían avido punto de reposo. E la otra más principal, porque él quería tener continuadamente al Condestable cerca de sí, por los buenos e leales consejor que sienpre en él fallaba, e porque lo amaba e presciaba mucho. Pues vista por los grandes que con el Rey estaban ayuntados en el su consejo  la grand ynstancia con que el Condestable suplicaba al Rey por el cargo de todas las fonteras, e la grand voluntad e coracon que a servir al REy en aquel caso ofressció, a ellos se fizo vergüenca de refusar alguna parte de aquel cargo. Ca las animosas palabras que el Condestable avía dicho al Rey ante todos, fizo crescer los csorazones a muchos de dellos, e despertó algunas voluntades a bien fazer, que fasta allí con el trabajo de la guerra estaban resfriados.

            Pues concluyóse allí que el Rey dexase cierta gente de armas e ginetes, repartida por aquellas fronteras, e encargada a ciertos caballeros que en ellas quedaron por capitanes. E de allí vino el Rey a Peñafiel, con el su Condestable don Álvaro de Luna, e los otros grandes que avemos dicho. E el castillo de peñadiel, que tenía Goncalo Gómez de Zumel, segúnd diximos, le fué entregado, el qual el Rey mandó entregar al su Condestable, porque él lo faría guardar segúnd convenía a su serbicio. E envió a mandar a Mendoca, señor de Almacan, que  fiziese traer allí al duque de Arjona, que tenía preso en el castillo de Almacan, para que el Condestable lo fiziese guardar en aquel castillo. El qual allí traydo, el Condestable lo mandó entregar a Fernán Pérez de Illescas, que lo toviesse e guardardasse bien allí por él”.

CAPITULO XXVI: “Cómo los ynfantes se fueron la vía de Alburquerque, e cómo el Condestable se aderesco para yr poderosamente sobre ellos. Los ynfantes don Enrrique  e don Pedro su hermano avíanse retraydo por aquellos días con sus gentes a aquella parte de Trogillo e Montanches e Mérida, e por auellas tierras del maestrazgo de Sanctiago; e de all{i fazían grandes rosbos e daños e males en la tierra del Rey. E de cada día yba creciendo”.

CAPITULO XXVII: “Cómo el Condestable fué sobre los ynfantes, e de los caballeros de la su casa que con él fueron; e cómo los ynfantes no lo osaron esperar en Truxillo, e se fueron a Alburquerque. En essta guisa acebtada por el Condestable la yda contra los ynfantes, los pueso luego or obra; ca partió de la corte del Rey, e sacó consigo muy fermosa gente. E fueron con el Condestable, por estonces, Alfonso Tenorio, adelantado de Cacorla , e Diego de Ribera, adelantado del Andaluzia, e don pero Niño, conde que fué después de buelna, e señor de Cigales, e don Juan Ramírez de Guzmán, maestre que después se llamó de Calataba, e Juan de Silva, criado del Considestable, el qual fué después alférez mayor del Rey , el señor de la villa de Cifuentes, e Juan Carrillo, adelantado que fué después de Cacorla, e pero Manuel de Lando, señor de Villagarcía, e otros muchos caballeros mancebos e de grandes estados de la casa del Condestable, los quales él mucho presciaba. Con esta gente que avemos dicho movió el condestable, la via de trugillo; porque allí avía nuevas que los ynfantes estaban por entonces. E como los ynfantes sopiesen de la su venida, avido sobre aquello su consejo, acordaron de dexar bien proveída la villa e castillo de Trugillo, e pasar ellos adelante, e no les esperar allí; e así lo fizieron. Ca dexado Trugillo a buen recabdo, pasaron ellos a la villa del castillo de Alburquerque; así por ser más fuerte, como por tener más cerca al reyno de Portugal, en el qual ellos tenían esperanca a mucha confianca, sugúnd después paresció. E como el Condestable don Álvaro de Luna  llegase a la villa de Trugillo, con los caballeros que avemos dicho e la gentge de su cassa e capitanía, falló aquella villa ocupada e tomada por la gente ue el ynfante don Enrrique en ella avía dexado. E algunos caballeros, así de la casa del ynfante como de la villa, estaban apoderados della e del castillo.

            E avía quedado puesto por el ynfante por alcayde del castillo un bachiller, honbre bollicioso, menospreciador de los mandamientos del Ry, grande de scuerpo, y nos de pequeño esfuerco, alborotador del pueblo, e muy arrebatado en la fabla. Aqueste como supiesse de la venida del Condestable, bastecióse muy bien en la villa e el castillo, e apercibióse de armas e viandas, e honbres fieles a él, e reparóse de todas las cosas que para luengo cerco se requieren, entendiendo que venía sobre él capitán poderoso, e de grand esfuerco; e tal, que non se partiría de ligero de los que comercase. Así que le era necesario estar apercebido e probeydo de todo, entendiendo que el cerco sería luengo; e que estando bien bastecido de las cosas, segúnd la mucha e buena gente que tenía, e el castillo asaz fuerte, que lo podría bien defender del Condestable, e de su poder. Non acataba por entonces este alcayde cómo la sabiduría del nuestro capitán e Condestable no era menor que el su esfuerco e poder, e que muchas cosas se acaban por maña e discreción, las quales por fuerca tarde se acabarian. Assí que este alcayde bastecido estaba contra la fuerca e poder del nuestro capitán; mas contra la su caballerosa sabiduría, como quiera que letrado, no se mostró tanto proveído”.

CAPITULO XXVIII: “Cómo el Condestable tomó la villa de Trugillo; e scon grand destreza de Caballeria,estando solo con el alcayde, se abraco con él, e lo truxo a tierra, e así lo prendió e lo tovo fasta que fué socorrido. E cómo le fué entregado el castillo.

            El Condestable enbió luego sus mensajeros al alcayde, demandando que quisiesse salir a fablar con él, a la parte baxa del castillo, por una puerta que sale a la parte solano, fazia la villa. El alcayde le respondió que la fabla seyendo tal que fuese serbicio de su señor el ynfante, él la rescibiria; mas que non vernía a ella, salvo junto a su castillo, por la otra parte que el castillo está más fuerte, e el ecuesto muy alto, a las espaldas, do el castillo tiene un postigo. E el Condestable quando aquello oyó, plógole; mas no le demostró en la respesta, que bien entendió que si a lo llano oviera de abaxar el alcayde, que fuera forcado darle arrehenes o seguriadad. E pues en lo alto cerca de su castillo, queria la fabla, que el Condestable podría bien demandar los rehenes dél, e toda la otro seguridad, antes que darle ninguna. pero el Condestable, con grand cordura e sabiduría, comencó de mostrar temor e demandar seguridad.

            E mandóle dezir or su respuesta que ya él veya, sigúnd quien él era, si era razón que él se fuesse a meter a la fabla con él junto a su castillo; e que para aquello, qué seguridad podria él aver dél, para que pudiese bien sconfiarse de llegar a aquel lugar para la fabla. E el alcayde le enbió por seguridad algunos hijos de los mejores de la villa, que estabna allí con él, aque los toviesse en rehenes. El Condestable, rescibidos los rehenes, e señalado el lugar donde avía de ser la fabla, junto con el castillo fondón e la fortaleza, e señalado el día siguiente para venir a ella, el nuestro capitán e Condestable mandó en secreto, aquella noche de antes, poner fasta treynta honbres de armas en una hermita que por entonces estaban a  aquella parte donde avía de ser la fabla, al pie de la cuesta del castillo; e non les dixo para qué les mandaba estar allí salvo que estoviessen sin fazer de sí muestra nin ruydo, hasta que él les mandase.

            E otro día armóse el nuestro capitán de unas hojas ligeras, e tales que se podían bien encubrir con la ropa que llevaba vestida, e ciñose del espada, sin la qual e sin las espuelas nunca estaba desde que se levantaba fasta que se acostaba, así el tienpo de gurerra como en tienpo de paz. E pesábale mucho quando alguno de los suyos en algúnd tienpo veya sin espada; e acostunbrada dezir, que de corazón cobarde e para poco se levantaba non traher espada, e que el que lo fazía que lo dexaba o pornon saberla menear orpor se escusar de pelear quando otro lo acometiesse non trayéndola. E demandó el Condestable una mula, e cabalgó en ella; ca non quiso ir a caballo por dar más seguridad de sí, nin quiso que otro lo aconpañasse, salvo Juan de Silva, al qual él avía criado de pequeño en la su cassa. A éste descubrió el Condestable lo que pensaba fazer, e lleblólo por su moco de espuelas aquel día, vestsido como honbre de pie. En esta guisa cabalgó el nuestro Condensable, e comencó a subir la cuesta contra el castillo; e salió el alcayde del castillo, con una espada de dos manos en la mano, demostrando mucha fiereza e valentía. E quando el Condestable fué subido a lo alto de la cuesta, ya cerca de la fortaleza, apeóse de la mula en que yba, e entonces el alcayde llegó a fazer reverencia al Condestable. Ca ¿quién sería aquel que, contenplando la su grandeza del Condestable, la su grand pujanca, e la excelencia de su sabiduría, la grand parte que sienpre ovo en el Rey e los sus reynos, e los grandes fechos a tanta gloria suya acabados, e juntamente tantas parte de virtud en una tan magnifica persona acatasse, que, aunque fuese enemigo, no se le inclinase  por reverencia, e le fuesse omilde? Venido ante su notable  presencia, pues, ynclinóse el alcayde por le facer reverencia, e le besar la mano. E como quiera que non quedó por pensar del Condestable un engaño que luego allí pudiera rescebir aquel alcayde, el qual  fuera assaz posible, e ligero de se fazer, el Condestable no quiso usar dél allí. El qual era, que el Condestable avía pensado de llevar un ramal de cáñamo con una lacada corrrediza so el fondón del manto, e quando el alcayde de abraxasse  a le bessar las manos, echárgele al cuello, e tirar dél, e traerlo así por la cuesta, que era muy agra, fasta que lo truxiera a los suyos, que tenia en la hermita. E como quiera que esto era más seguro, por no ser tan honrrroso el Condestable lo desichó; y aun porque non quiso que aquel que se le inclinaba por reverencia, recibiese captela nin engaño en la su inclinación, e aun por ver primero qué fallaba en su fabla.

            E por aqueso el Condestable, después que se ovo levantado, le comenzó a dezir que entregase aquella villa e castillo al Rey su señor, e a él en su nonbre, e que faría lo que debía, e que él ternía manera cómo el Rey le fiziese mercedes.

            -Yo-dixo el alcayde- tengo esta villa e castillo por el ynfante mi señor, e para él la entiendo de guardad, e denfenderla bien.

            Entonces el nuestro capitán e Condestable le comencó amigablemente a dezier:

            -Mirar debéys bien, alcayde e bachiller, en quánta culpa caéys, e quán grand yerrro cometéys en defender al Rey, que es vuestro señor natural, la su villa e castillo, e no debéis querer dar de vos tanto feo enxenplo; mayormente vos, que soys más tenudo a guardar las leyes, pues tan bien las sabéys, e muy mayor cargo es a vos tentar de yr contra ellas, e acometer por donde las ayáis de quebrantar. Quanto más, que no podríades salir con lo que tenéys comenzado.

            El alcayde, que estaba duro e firme en su propósito, con palabra áspera e rebatada comenzó de dezir:

            -Guarden las leyes los que han gran miedo dellas. La villa e castillo se guardara para el kynfante, e aquí ha corazón para la defender.

            Entonces cresció la yra al nuestro capitán, e l saña no le consistió esperar más razones; antes Juntóse con el alcayde, e pueso las manos en él, e tirpole assi, e arrebatóle la espada de las manos, diziéndole:

            -Vos esntregaréys al Rey la su villa e castillo, que queráys o no.

            E el alcayde se le pensó descabullir, e con era valiente, honbr de mucha fuerza, sacudió rezio al Condestable, e dexóle las mangas de la ropa en las manos. Entonces el nuestro capitán dixole por aquella parte que lo tenía, e abracóse con él, e vinieron amos a tierra. Como quiera qu el alcayde tenía mucha fuerca, el Condestable quq era mucho mañoso, cayó  encima dél; e el alcayde con la grand fuerca e valentía revolviéndose, venían amos rodando por el otero. El alférez quando aquello vido, acorrió lo más ayna que pudo, e los honbres de armas que estaban en la hermita no menos. E quando los del castillo, que estaban mirando la fabla , vieron al su alcayde rerribado, y en las manos del Condestable, comiencan a lancar del castillo tantas piedras que parescian lluvia, a saetas, las quales no venian a menor peligro del su alcayde que del Condestable. E ya quando el alférez e la gente de armas del Condestable llegó a ellos , el Condestables estaba muy cansado; ca la  grand fuerca del alcayde lo avía atormentado mucho. E como llegaron los suyor, echaron mano del alcayde, e algunos quisieran ferir e maltraher al alcayde, por le fallar assi asido e trabado con el Condestable; mas el Condestable lo defendió de toda ferida e mal tratamento, e tomólo, e tráxolo así preso consigo, e asi lo llebpó a los sus caballeros, e a todos los grandes que venían con él allí, los quales no saabian cosa de aquel fecho, e todos fueron alegres e no poco espantados de tla aacahescimiento.

            ¡Oh enxenplo de sabiduria caballerosa¡ ¡Oh esfuerco, encubierto fondón de fingido temor¡ Ehenes demandó a los que suelen rehernes demandar; seguridad quiso; temores en este caso demostró, por asegurar a los temorado. Muchos con vanas amenazas fazen apercibir a los seguros; E el nuestro capitán con grand sabiduría fizo asegurar los apercibidos. Menester le fué prudencia para sacar el alcayde de su castillo, e para tomar dél rehenes en lugar de ge los dar, e para fablarle blanda e tenpladamente; mas para echar mano de un honbre valiente, para acometer uno solo a un alcayde, en el fondón del muro su castillo e su muro, más que prudencia era menester. ¿Y quién cree que la prudencia estaaba allí sola con el Condestable? ¿Quién cree que otras virtudes no lo aconpañaban? ¿Quién pensará cómo puso las manos en aquel alcayde, e se juntó con él con tanta osadía, que no vea cómo el grand esfuerco lo aconpañaba, la virtud lo seguía, la grand valentía de corazón lidiaba allí con él?

            Puédese aprender y tomad enseñanca de quanto furto aya seýdo la virtud de aqueste nuestro Condestabvle, que pudo, mediante su sola destreza e sabiduría, ganar una villa e castillo en una hora, que un grand priíncipe en muchos días con grandes pertrechos non conbatiera. Los del castillo, veyendo assí peso al alcayde, lugo trataron de le dar la fortaleza, e los de la villa con ellos; e el nuestro capitán se apodero de la villa e castillo. E alcando en la fortaleza las armas del Rey, e las suyas, e las sus señas e vanderas , puso en ella por alcayde un caballero su criado, e dexó la villa sosegada e en paz al serbicio del Rey, desterrando e lancando fuera della los honbres escandalosos, e los que no vido firmes en el serbicio del Rey, e los otros dexó pacificos. E partióse dende con sus gentes, e fué al castillo de Montanches , el qual tenía un alcayde por el ynfante; e por non  se detener ende con la huest, exó ende a don Pero Niño con la hueste que fué necessaria, e el Condestable passó adelente, a la cibdad de Mérida”.      

CAPITULO XXIX: “Cómo el conde de Benavente se juntpo con el Condestable, e del rebato  que aquella  noche ovo la gente del Condestable, e de cómo andovo de noche e de día fasta la villa e castillo de Alburquerque, donde los ynfantes estaban. Como el Rey oviesse ynbiado a mandar por sus cartas el conde de Benavente que se juntase con el Condestable, e estobiesse a su ordenanca, él fizolo assí, e juntóse allí con él. E como quiera que de allí adelante toda aquella tierra contra la parte de Alburquerque era desierta  e despoblada, e aun por los robos que los ynfantes avían fecho esta mucho más, e por el tienpo ser del ynbierno aconsejaban al Condestable aquellos caualleros que dicho avemos qu con él allí venían que no debía pasar adelante, salvo ponerse por aquella comarca con sus gentes, e de allí fazer la guerra a los ynfantes, el Condestable les respondió que ya  ellos sabían cómo públicamente dezían los ynfantes que pelearían con qualesquier persona que aquella tierra fuesse a los buscar; e pues aquello asi era, que más valía fazer la guerra con ellos en un día que en muchos, e antes lugo que dexarlo para otra hora. Pues fué acordado que dexadas allí las camas e fardaje, que todos aforrados, no llevando salvo sus armas e cauallos, fiziessen lugo el camino de Alburquerque. E llevó el conde de Benavente un amino, e el Condestable con su gente”.

El monarca Juan II, además de otorgar el título de Ciudad en 1430 a Trujillo, concedió el título de Primer Duque de Trujillo a D. Alvaro de Luna, título concedido, nuevamente, por Enrique IV a D. Diego López Pacheco, Marqués de Villena, en 1469, que defendía los intereses sucesorios de La Beltraneja, viviendo así la ciudad durante este siglo una serie de períodos de dominio feudal.   Con la muerte del rey Enrique IV el 11 de diciembre de 1474, surgen en el Consejo Real diferentes  bandos a favor de los candidatos rivales a la sucesión. Por un lado, Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque y el conde de Benavente apoyaban a Juana, a la cual Enrique proclamó como  heredera suya en 1470, según el cronista del Rey, ENRIQUEZ del CASTILLO en sus Memorias de Enrique IV.

Por otro lado, la familia Mendoza, incluido el Cardenal  Mendoza se habían unido a los partidarios de Isabel. Esta contaba su reconocimiento como heredera desde 1468 para oponerse a la proclamación como tal de Juana. Aquélla consiguió aventajarla al ser proclamada reina en Segovia antes de que el cuerpo del rey Enrique IV fuere sacado de Guadalupe vestido aún con las sencillas ropas con las que había muerto.

El 27 de diciembre de 1475, el almirante de  Castilla, el hermano del cardenal Santillana, y su otro cuñado, el duque de Albuquerque apoyaron a Isabel correspondiendo a algunas concesiones. Nadie parecía desafiar a Isabel. En febrero, casi todas las ciudades de Castilla la habían reconocido como reina. Juana sólo tenía doce años, y no tenía marido que oponer a Fernando, quien se había reunido con Isabel en Segovia el 2 de enero de 1475.

Pero, la situación era muy problemática ya que muchas regiones habían dejado de obedecer a la corona. La guerra civil había devastado a Andalucía. Galicia se hallaba libre de la Corona al igual que Murcia. La clave del problema estaba en manos del marquesado de Villena que comprendía casi la totalidad de la provincia de Albacete y  zonas de Toledo y Murcia, también, retenía las ciudades claves de Madrid y Trujillo. Pero lo más importante era el hecho de que tenía en su poder a Juana, la rival de Isabel, Fernando e Isabel confirmaron la posesión de sus tierras y rentas a Villena, e incluso el cargo de maestre de Santiago.

Villena se negó a soltar a Juana a menos que antes se hubiera casado con un príncipe extranjero. Fernando e Isabel nunca accedieron a tal matrimonio. Poco después ofrecieron al lugarteniente de Villena en Trujillo, Pedro Baeza, el título de conde, 1.500.000 maravedíes y 4.000 vasallos a cambio de la entrega de Juana. Villena se mostró desinteresado. Consideraba tenia el deber de proteger a Juana y de verla regiamente casada. Existían partidarios de Juana en toda Castilla, desde Zamora, Burgos y Asturias en el norte, hasta Ciudad Real, Cáceres, Jaén, Carmona y Sevilla en el sur, pasando por Salamanca, Ávila y Segovia.

El 8 de enero de 1475, ya había decidido casarse con doña Juana e invadir Castilla, Alfonso V de Portugal, según el cronista RUI DE PINA en su Chronica d`El Rei D. Alfonso V. A tal fin busco la ayuda de Francia. Los Reyes Católicos fueron salvados de ser atacados por ambos lados, gracias a las dilaciones de sus adversarios, y a su propia diplomacia exterior.  A mediados del año 1475, Extremadura y la mayor parte de Castilla la Nueva se hallaban en manos de nobles juanistas, también Villena y el maestre de Calatrava. Una lista de nobles facilitada por Villena, los que se suponía que estaban dispuestos a apoyar a Alfonso si invadía Castilla, incluía al marqués de Cádiz, que controlaba Jerez, y a Alfonso de Aguilar, el hombre más poderoso de Córdoba. En 1476, sólo la mayor parte de León y de Castilla la Vieja eran manifiestamente leales a los Reyes Católicos.

Se desposó con la niña Juana , Alfonso V en Plasencia, donde fueron proclamados reyes de Castilla. Pero la proclama no provocó un gran apoyo en Castilla pues Isabel tenía el apoyo de ciudades importantes como Burgos y Toledo. Surgiendo numerosas luchas intestinas desde junio de1475.Fernando e Isabel se hallaron ante la imposibilidad de continuar luchando con Francia por el Rosellón y la Cerdaña. Luis XI, habría podido proseguir la guerra, pero estaba interesado en una posible expansión en Borgoña, lo cual le hizo perder la oportunidad de evitar la ascensión de España a rival de Francia en Europa. En 1477, se renovó la tregua con Francia y el 9 de octubre de 1478 se firmó con ella un tratado de paz, teniendo como escenario el Palacio de Luis de Chaves en Trujillo. Esta paz entre Francia y Castilla se mantendría hasta 1494. La muerte de Juan el 19 de enero de 1479 extendió la paz a Aragón, celebrándose los funerales en la parroquia de Santa María la Mayor de Trujillo.

Al abandonar oficialmente su alianza con Borgoña, Fernando hizo otra cesión importante. En compensación, Francia abandonó Portugal. El Papa Sixto IV revocó la dispensa que había otorgado, bajo la presión francesa para el matrimonio de Alfonso y su sobrina Juana.  Aunque con muchos menos aliados, Alfonso se vio obligado a seguir luchando, sobre todo para asegurar el monopolio portugués del comercio con Guinea. Su heredero, el príncipe Joao, se opuso a una segunda invasión de Castilla, dirigiendo sus propósitos hacia la paz, que se hizo efectiva el 4 de septiembre de 1479. Por su parte, doña Juana nunca abandonó las pretensiones de llegar al trono de Castilla. Isabel vivió con esa amenaza el resto de su vida.

La relación que tuvieron los monarcas católicos con Trujillo parte en el mismo momento en que los Reyes cifran su anhelo en perfeccionar la unidad geográfica, política y religiosa de las tierras y los hombres de la Patria, imprescindible para hacer fecunda la empresa de civilización y conquista del Nuevo Mundo, que presentían en el alborozo de sus entrañas.

Realizando un recorrido por la rica historiografía que tiene como base la presencia de los Reyes Católicos en Trujillo, el zoriteño DOMINGO SANCHEZ LORO nos relata lo siguiente en su obra Relación del descubrimiento del río Amazonas: “Vivían en Trujillo Fernando e Isabel, en el palacio de Luis de Chaves, cuando acordaron unificar sus reinos y llamarse en lo sucesivo Reyes de España. Luego, para evitar suspicacias entre los vasallos, vino aquel lema TANTO MONTA”. Por tanto, en el recinto palaciego de los Chaves fue concebida la unidad de España. Es la hora de plenitud histórica para los trujillanos que partieron en masa de la ciudad hacia el Nuevo Mundo. Plasmando en América jirones del ser hispano: Orellanas, Pizarros, Paredes, Loaisas y Vargas; cuyos hechos gloriosos pasaron los límites de la más loca fantasía. Como parece lógico, Trujillo es un topónimo frecuente en todo el hemisferio hispanoamericano. En Cuba aparece referido a dos poblaciones de la provincia de la Habana y de Pinar del Río. En la República Dominicana, en la provincia de Duarte. En Puerto Rico, En Guayana. En México, en el estado de Jalisco. En EE.UU, en Nuevo México. En Guatemala, en el departamento de Santa Rosa. En Nicaragua, en el de Managua. En Perú, en los departamentos de Huanuco y San Martín. Y en Colombia, en el departamento del valle de Cauca.

La mayoría de los historiadores modernos y antiguos, entre los que se encuentra FRANCISCO de HINOJOSA, con su obra Extremadura en el siglo XV, coinciden en afirmar que en 1474, era señor de Trujillo don Diego López Pacheco. Enrique IV le encomendó que cuidase a su hija La Beltraneja. Las Cortes aclamaban a la hermana del rey, doña Isabel; más con la tercería de don Diego, se concierta en Trujillo el enlace de doña Juana La Beltraneja con el rey de Portugal, Alfonso V. Acudieron al festejo el 1 de mayo de 1475 seiscientas lanzas y mil infantes, para reforzar la guarnición del castillo. Don Luis de Chaves fue fiel servidor de Isabel, a su lado se pusieron también Alonso de Monroy y su hermano “El Bezudo”, cuyas espadas eran las más temidas de Castilla. La Beltraneja marchó a Plasencia para tener más seguridad en sus desposorios. Precisamente, Gonzalo Fernández de Córdoba, defendió los derechos de Isabel contra La Beltraneja, según la Crónica del rey Enrique IV de A. PALENCIA.

Los Reyes Católicos tuvieron una estrecha relación con nuestra ciudad, ocupando un primerísimo plano en acontecimientos entre los años 1474-1480, cabe citar: el famoso “Tratado de Trujillo”, que cerró el enfrentamiento contra los portugueses en la batalla de la Albuera, y cómo la lealtad de Trujillo para con Isabel fue premiada con la construcción de los conventos de la Encarnación, San Pedro y San Miguel, las Casas Consistoriales, la Santa Hermandad y el artístico Rollo; las exequias por Juan II de Aragón, en la parroquia de Santa María la Mayor. En un total de siete veces, según JUAN TENA FERNANDEZ, estuvieron los Reyes en Trujillo, aunque, según hemos consultado en Crónicas y en documentos de los archivos Municipal de Trujillo, Diocesano de Badajoz, Histórico Nacional de Madrid y de Simancas, firmados por los mismos monarcas, fueron varias más.

En 1478, los Reyes Católicos fueron a Trujillo, desde donde dirigieron parte de la guerra contra el rey de Portugal, pretendiente al trono de Castilla por su matrimonio con doña Juana La Beltraneja. La pequeña nobleza de Trujillo y los pecheros habían hecho causa común para evitar la caída en la órbita señorial, no dudando en hacerse portavoces de la defensa de los intereses de la monarquía, incluso por encima de la voluntad del mismo rey.

Será bajo dominio cristiano cuando Trujillo adquiera un gran desarrollo urbanístico, levantándose numerosos edificios religiosos y civiles dentro de su recinto amurallado -la Villa- entre los siglos XIII al XV.

La vida política, socioeconómica y cultural del Trujillo bajo medieval se inscribe de un modo trascendente dentro de la trayectoria general de la vida interna del reino de Castilla, de cuyos avatares, luchas y divisiones participa. De un modo específico. Trujillo era ciudad también de las tres religiones, ya que además de los cristianos dominantes había en ella un nutrido grupo de musulmanes y de judíos, dedicándose los primeros al servicio campesino y al artesanado y los segundos a la compra y venta de terrenos y al comercio de paños.

La vida política y las actividades económicas de la ciudad de Trujillo durante la Baja Edad Media viene definida por la dinámica de los grupos sociales que la integran y que serán las bases de la posterior sociedad del Antiguo Régimen.

Así, y con respecto al grupo social dominante, la nobleza, ya a finales del siglo XIII se asienta sobre las tierras trujillanas atraída por la riqueza ganadera, surgiendo, a partir del siglo XIV, castillos para defensa de sus dehesas. Esta nobleza, poco a poco, incrementa su poder político, económico y social, culminando bajo el reinado de Enrique IV su proceso de fortalecimiento frente a la monarquía.

En el siglo XV se divide en bandos y se radicaliza la tensión entre los linajes que desde la Reconquista dominaban la ciudad: Altamirano, Bejarano y Añasco (en torno a ellos se agrupan los principales apellidos y casas nobiliarias), produciéndose numerosos enfrentamientos entre los diversos bandos. Para acabar con estas luchas nobiliarias y someter a esta clase belicosa, adinerada y orgullosa, los Reyes Católicos ordenan, por el Edicto de 1476, desmochar las torres de sus casas-fuertes, procurando que su altura no sobrepase la del resto de las casas. El edicto fue poco efectivo, y la propia Isabel, al volver a Cáceres al año siguiente, reiteró la orden, siendo así Trujillo pacificado con la llegada de la reina en 1477.

Junto a esta nobleza, poderosa e influyente, existía una creciente población pechera ocupada en la agricultura, ganadería, comercio y artesanía; los topónimos de sus calles recuerdan las distintas actividades de los gremios: zurradores, herreros, cambrones, sillería, tintoreros, romanos, olleros, etc. La misma condición de Trujillo de ciudad de mercado, otorgado por privilegio de Enrique IV en 1465, exige una elevada población productiva. Informes de estos datos encontramos en el viaje que realiza LEON DE ROSMITHAL, entre los años 1465-1468 entre Portugal, Mérida y Guadalupe, a su paso por Trujillo. Fue un político que viajaba para conocer las costumbres de las cortes europeas.

Por último, las minorías étnicas y religiosas de musulmanes y judíos. Con respecto a éstas, fue mucho más importante la minoría judía, ya que en la segunda mitad del siglo XIII se constata una importante judería establecida en Trujillo. Esta comunidad era la más importante de Extremadura. Referente a los orígenes del establecimiento de los judíos en España, la versión más fiable, por los datos de carácter epigráfico que se poseen, le sitúan en los alrededores del comienzo de nuestra Era. La llegada de judíos en número suficientemente grande como para constituir comunidades bien diferenciadas e indicar una entrada masiva de judíos en la península con motivo de la gran diáspora que tuvo lugar tras la destrucción de Jerusalén a manos del futuro emperador Tito en el año 70 de nuestra Era. De todos modos, en el siglo IV la población judía era ya muy numerosa en la Península Ibérica y en las Islas Baleares. Lo revela la preocupación de los obispos reunidos en el Concilio de Illiberis celebrado en los primeros años de esa centuria. Igualmente, la carta del obispo menorquín Severo, escrita un siglo más tarde, en el año 418, pone de manifiesto que la población judía se hallaba plenamente integrada en la vida hispano romana del Bajo Imperio.

La teoría del profesor García Iglesias de que quizás Trujillo y su zona fuera uno de los puntos de más antiguo establecimiento de judíos en España, nos queda probada con el hallazgo realizado en agosto del año 1973 de una lápida con caracteres hebreos de época romana, en la muralla que circunda la villa junto a la destruida puerta del Oreto. Dicha inscripción se encuentra en la actualidad depositada en la Escuela-Taller en espera de montar un museo arqueológico comarcal. A parte de esta inscripción, y otras dos más localizadas en el muro septentrional del Espolón y en la fachada de poniente de la parroquia de San Martín (como piedra de acarreo, localizada en 1994) no tenemos ningún documento que nos dé noticias de la comunidad judía trujillana hasta el padrón de HUETE  confeccionado en el año 1290.

Los judíos aparte de escalar posiciones por su ayuda financiera, las iban consiguiendo por sus labores administrativas gracias al adiestramiento adquirido en los estados musulmanes, lo que les hacía muchas veces imprescindibles en los nuevos estados cristianos y en los nuevos municipios. A ello se añade el conocimiento de los territorios conquistados, ya que en ellos habían vivido siempre.

Los datos que del siglo XIV tenemos nos indican, sin embargo, que en esta centuria su población y su pujanza se habían incrementado bastante. Diversos documentos fechados en la mitad de ese siglo nos muestran a ciertos judíos comprando y vendiendo terrenos y dedicados al comercio de paños. Destaca entre ellos la familia Cohen, dos de cuyos miembros, don Cague y don Sayas, hijos de don Yusef Cohen, compran, en 1347 y 1350, a dos hermanas, Leonor y María Alfonso, la heredad y dehesa de las Abiertas, en término de Trujillo por un total de 18.000 maravedíes. Curiosamente, trece años después, en 1363, don Sayas y los herederos del entre tanto fallecido don Cague Cohen venden esa misma heredad y dehesa al monasterio de Guadalupe en un precio ligeramente inferior a 17.500 maravedíes.

Quizás el dato más llamativo nos lo refiere el Canciller PEDRO LOPEZ de AYALA en su Crónica del rey don Pedro. Según cuenta, en 1355, cuando el célebre tesorero real don Samuel Levi le pide al monarca, como lugares seguros, dos castillos para emplearlos como deposito donde amontonar los dineros con que pensaba acrecer el tesoro del rey, elige precisamente junto a de Hita, el alcázar de Trujillo. Tras la muerte de Enrique IV, se disputan el trono de Castilla doña Isabel, hermana del Rey y doña Juana, hija de Enrique IV, conocida por “La Beltraneja” y de la que se pone en duda la paternidad del rey.

Gran parte de la Ciudad es partidaria de La Beltraneja, que días antes de su boda, tiene que abandonar Trujillo, donde estaba previsto su enlace con el rey de Portugal, y huir a Plasencia donde se celebran los esponsales, debido a la proximidad de las tropas de la reina Isabel.

La comunidad judía al igual que ocurrió con la cristiana se encuentra dividida por los dos bandos, así por una carta escrita desde Tordesillas el 9 de Marzo de 1476 al corregidor de Trujillo son García Gil de Miranda, por los Reyes Católicos, sabemos como el vecino judío de Trujillo Mayor Barchillón y sus hijos, apoyan al bando de doña Juana y el rey de Portugal, siendo por esto confiscadas sus propiedades.

Con motivo de la sublevación del Marqués de Villena en el año 1475 las tropas que mandaron los Reyes Católicos para acabar, en la Ciudad, con la sublevación cometieron bastantes atropellos contra los derechos de los judíos, dichos atropellos son demandados ante los monarcas por Salomón Romí como representante de la comunidad judía de la ciudad, así les demandan la cama, comida, les obligan hacer guardia en los muros de la ciudad y a limpiar los establos.

La reina reconoce las peticiones y demandas de Salomón Romí, y pone a la comunidad judía de Trujillo bajo su protección y manda una carta desde Cáceres al Concejo trujillano prohibiendo estos abusos y a la vez les recuerda que los judíos de esta aljama están “en mí guarde e seguro o so mi amparo e defendimiento real“.

Por esta fecha era alcalde y juez de los judíos de Trujillo don Diego Pizarro, al cual por carta fechada en Valladolid el 25 de Mayo de 1476, le quitan los monarcas de su puesto, como consecuencia de los abusos que ha cometido contra los judíos, dichos abusos fueron puestos en conocimiento de los reyes por los dos componentes de la comunidad judía de Trujillo: Rabí Yuçe e Rabí Mose.

Durante este período de transición y pacificación del país los judíos sufrieron varios asaltos a sus propiedades y derechos, así el vecino de Trujillo Yuçe Arrobas, fue hecho prisionero por Nuño Yerro de Avila cuando se dirigía a la feria de Medina del Campo, siendo detenido durante 9 días, consiguiendo su libertad tras pagar 14.000 maravedíes. Yuçe Arrobas recurrió a los Reyes y el 12 de Junio de 1478 le fue concedido una garantía, un certificado, para recobrar el dinero del rescate que había pagado.

Por diversos documentos que se conservan en el Archivo Municipal de Trujillo sabemos que, tras producirse en 1480 el apartamiento de judíos y moros en nuevos barrios, algunos judíos, especialmente los mas ricos, vivían en un lugar de la ciudad llamado La Rinconada y que también la calle Nueva formaba parte de la judería (aún se conservan casas).

El 31 de Marzo de 1492, firmaron en Granada los Reyes Católicos el edicto de expulsión de los judíos públicos, aunque se firmó en esta fecha, no se hizo publico hasta los días que van del 29 de Abril al 1 de Mayo. La expulsión según dice propio edicto, era para evitar el daño que los judíos causaban a la religión cristiana. En definitiva los judíos se les planteaba netamente este dilema: o convertirse y bautizarse o salir en el plazo de tres meses de los reinos de Castilla y Aragón. No se imponía por la fuerza el bautismo; pero se vedaba bajo fuertes penas residir en España a los no bautizados. Los Reyes Católicos no llevaron a cabo con los judíos actos de violencia religiosa crueles y extremados, pero ayudaron a la conversión de los judíos. Junto con la orden de expulsión  promulgaron diversas leyes a favor de los judíos apostatas, garantizándoles su ayuda y protección y sustrayéndolos por cierto tiempo de la vigilancia de la Inquisición con el fin de darles el plazo y la posibilidad de adaptarse a su nueva fe y para enraizarse a ella.

Finalmente, la trayectoria histórica del Trujillo medieval concluye cuando los Reyes Católicos decidieron, a petición de los trujillanos y en premio a su lealtad en defensa de los derechos de Isabel la Católica a la corona castellana, incorporarla definitivamente al señorío real (realengo) y convertirla en capital de la Provincia de Trujillo, que, junto con la Provincia de León de la Orden de Santiago, formaban el actual territorio de Extremadura. Al establecerse la división territorial del reino en Corregimientos (1480), después de las Cortes de Toledo, Trujillo pasaría a ser cabeza de uno de ellos, junto con Plasencia, Cáceres, Mérida y Badajoz, en consideración a la importancia de su población y al peso político de su nobleza local; si bien no lograron los trujillanos conseguir la deseada procuración en Cortes, que los Reyes sólo concederían a 18 ciudades castellanas, entre las que no hubo ninguna de Extremadura, pasando su representación a Salamanca.

En el siglo XII los territorios extremeños son fronterizos. Durante cinco siglos el norte de la región será controlado de manera inestable por tribus beréberes. Los inicios de reconquista en las localidades que hoy día corresponden al territorio extremeño, comienzan en los albores del siglo XII. No obstante, hasta el año 1142 no conseguirá Alfonso VII reconquistar una primera plaza: Coria. El primer ataque cristiano a Trujillo fue obra de Geraldo Sempavor, el que fuera alférez del rey Alfonso I, rey de Portugal, que aprovechando la debilidad del ejército musulmán logró conquistar la citada villa en el año 1165. Las Ordenes Militares eran las más apropiadas para dominar estos territorios despoblados y de frecuentes ataques árabes. Con motivo de un gran ataque acaecido en el año 1174, todos los territorios al sur del Tajo cayeron de nuevo en manos de los musulmanes, a excepción de los territorios que pertenecían a Fernando Rodriguez de Castro. Pero a su muerte, heredó el dominio sobre los territorios su hijo, Pedro Fernández, que reconoció al rey Alfonso VIII de Castilla como dueño y señor de sus propiedades.

En 1186, se produce la primera incursión de Alfonso VIII en territorio musulmán, junto con las tropas de la Orden Militar de Alcántara, entrando en Trujillo. Ahora debían de consolidar la villa trujillana y preparar la defensa para un nuevo ataque musulmán. Se tomaron varias medidas, la construcción de una extensa muralla que bordeara el conjunto poblacional, así como la edificación de alcázares en los extremos y puertas de acceso a la misma; y la fundación de un convento para la Orden del Pereiro -después Alcántara- en el que vivieron los freyles bajo la dirección de D. Gómez, maestre del Pereiro. También, se fundó una nueva ciudad a orillas del río Jerte que ayudaría a poblar esta frontera, ya que Trujillo distaba 138 kilómetros de Talavera y 229 de Avila, los dos alfoces que lindaban con el suyo, incapaces de poblarlos en poco tiempo. Así surgió la ciudad de Plasencia. También, sería de gran ayuda la unión de las Ordenes Militares-Alcántara, Santiago y Temple- para la defensa de los territorios. El rey Alfonso VIII entregó a la Orden de Santiago en Trujillo, la mitad de los diezmos y tercias de la población y los términos que se poblasen desde el Guadiana hasta el Tajo.

En el año 1196, Trujillo sufrió un nuevo ataque, cayendo en manos almohades la fortaleza y el territorio, que hasta entonces había estado bajo el poder de la Orden de Trujillo. Un nuevo avance cristiano surge tras la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212. La unión entre castellanos y leoneses ayudó para que el rey Alfonso IX conquistara Alcántara en 1217 y Cáceres en 1229, y en 1230 las poblaciones de Montánchez, Badajoz y Mérida.  Un nuevo avance cristiano surge tras la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212. La unión entre castellanos y leoneses ayudó para que el rey Alfonso IX conquistara Alcántara en 1217 y Cáceres en 1229, y en 1230 las poblaciones de Montánchez, Badajoz y Mérida.

Pero, la conquista definitiva de Trujillo tuvo lugar en tiempos del rey Fernando III, el 25 de enero de 1233, participando en la misma las Ordenes Militares de Alcántara, Santiago y el Temple. Según la tradición, transmitida de generación en generación, la puerta por la que entraron las tropas en la toma de Trujillo recibió el nombre de Arco del Triunfo, en conmemoración al acontecimiento. Junto a las tropas de las Ordenes Militares, destacaron caballeros de tres linajes que serían decisivos en la posterior administración municipal de Trujillo: Altamiranos, Bejaranos y Añasco. Entre los primeros destacó Fernán Ruiz de Altamirano, que logró abrir la puerta del Triunfo para facilitar así la entrada a los ejércitos.

Encima de la puerta se pusieron los escudos de dichos linajes, y en una hornacina, una imagen de Ntra. Sra. de la Victoria abogada de la conquista. Pues, según una venerable leyenda, la Virgen intercedió para que el ejército cristiano venciese en la toma de Trujillo contra los infieles. Esta leyenda motivó el escudo de Trujillo que representa a la Virgen de la Victoria sobre las murallas, en medio de dos torreones. El rey Fernando III concedió al Obispo de Plasencia, diez yugadas en el término de Trujillo, en atención a los servicios prestados en la toma de la villa. Tras la reconquista aparecen en la villa las primeras fábricas religiosas cristianas, como es el caso de la iglesia parroquial de Santa María la Mayor, ubicada sobre el solar de una mezquita árabe, la cual sería el centro del nodo urbano más importante de la ciudad intramuros.

Al desaparecer el peligro musulmán y con el enriquecimiento de los patrimonios solariegos, la población comienza a abandonar la zona intramuros y rebasa la cerca de murallas, levantando edificios entorno a lugar de celebración del mercado de ganados o agrario en el arrabal en que se vendían los excedentes de los dominios y a los que acudían buhoneros y artesanos que acabaron por establecerse allí de forma permanente, a estos núcleos se los denominó Burgos. El centro cívico medieval, sito en la villa intramuros, pasará a la “ciudad nueva”, configurándose así la Plaza Mayor.

La expansión demográfica es importante para los intereses políticos y militares de los reyes, que sólo podían prosperar mediante un adecuado poblamiento de las regiones conquistadas. De esta manera, se afirman algunas ciudades como Plasencia, Cáceres y Trujillo.

La mayor parte de los pueblos de la Diócesis placentina estaban muy vinculados desde el punto de vista económico, político y administrativo a una Ciudad principal:  Trujillo, Plasencia, etc., que dictaba unas ordenanzas observables en todas las aldeas de su término. El Corregidor visita los lugares y efectúa los mandatos que obligan bajo pena a los aldeanos. A finales de la Baja Edad Media se observará una mayor autonomía. Los municipios comienzan a establecer sus propias ordenanzas, aunque serán aprobadas en esas Ciudades principales.

Es importante el estudio de las características de las imágenes medievales e intentar localizar su época, pero también resulta interesante conocer las sutiles transformaciones que han sufrido a lo largo de la historia, así como las vicisitudes por las que han pasado desde las numerosas leyendas de tipo simbólico que se las han atribuido hasta los festejos que en honor a ellas se celebran en nuestros días.

En aquella época de inquebrantable fe y de elemental cultura popular, de efervescentes pasiones juveniles y de costumbres semibárbaras, no es de maravillar que tropecemos con los más fuertes contrastes en la vida moral, los actos más heroicos de abnegación, de penitencia, de humildad, de desprendimiento evangélico, con la codicia insaciable de bienes mundanos, la rapacidad más brutal, la ambición, el egoísmo; la pureza angélica, la virginidad, el espiritualismo más noble, con los instintos más desenfrenados, el adulterio y el concubinato casi sin escrúpulos; la misericordia, la caridad y el amor al prójimo, con la crueldad, la extorsión y la usura; la piedad más ejemplar, con la más grosera superstición.

El comentario de San Bernardo al Cantar de los Cantares sobre el amor místico casi coincide con las más apasionadas y sensuales novelas caballerescas, en que se exalta el amor libre pecaminoso y adúltero, como en Tristán e Isolda. Siempre hubo delitos e inmoralidades en el mundo, y es fácil trazar cuadros de subido color presentando las costumbres de la época, buena muestra de ello lo encontramos en la sillería coral de la Catedral de Plasencia.

Para explicar de algún modo este sentido sombrío de las obras artísticas de la época, hemos de tener en cuenta que en la masa del pueblo, y en aquellos eclesiásticos que no cursaban estudios, reinaba la mayor ignorancia, y en las sombras de ésta se incuban fácilmente los vicios más envilecedores. Anotemos, además, que el hombre medieval vive en continuo estado de guerra. Siempre alerta contra las incursiones de los enemigos en las luchas civiles y siempre soñando en fantásticas matanzas de infieles bajo los cielos de Oriente.

Ahora bien, la guerra despierta las pasiones más violentas, y si es lejana y larga, relaja las costumbres. Finalmente no olvidemos que muchos de los crímenes y depredaciones se explican por la deficiente organización de la vida civil y la falta consiguiente de eficaz justicia represiva.

Pero, en general, conviene resaltar la fe y espiritualidad de aquellas gentes que todo lo contemplaban sub specie aeternitatis, que conocían perfectamente su origen y su destino eterno y miraban todas las cosas del mundo como criaturas de Dios y en el Vicario de Cristo con adhesión total; que amaban a Nuestro Señor y a su Madre santísima con apasionamiento y ternura; que invocaban a los santos con familiaridad y confianza; que si pecaban, expiaban su culpa con  austeridades y  penitencias; que hacían actos heroicos, luchando por la fe o consagrándose a obras de caridad; y veían en el santo local el ideal y prototipo del hombre; y, en fin, que cantaron su fe en poemas inmortales y obras de sabiduría teológica y construyeron para honra de Dios obras artísticas espirituales.

Pero, la fecundidad de la fe se mostró en otras muchas manifestaciones de la vida, hasta en las fiestas populares, que con frecuencia son para el hombre del Medieveo prolongación de las fiestas religiosas. Muchas de las romerías que se celebraban en torno a la Virgen se convirtieron en la mayoría de los casos, en uno de los paradigmas de la localidad y en una exaltación folklórica-turística.

Difícil resulta a veces encontrar datos sobre el origen de ciertas imágenes medievales  -como es el caso, de Ntra. Sra. de la Asunción de la parroquia de Santa María- y sobre la devoción a ellas, por no encontrarse documentación en los archivos parroquiales y, en el caso de que hubiese alguna información sobre la devoción a las imágenes, se han perdido la mayoría de los documentos correspondientes, unas veces por el abandono de los mismos sacerdotes o de los seglares encargados de las cofradías y, otras veces, por las vicisitudes de la historia como la invasión francesa o la  Desamortización.

Es curioso el origen legendario de la mayoría de las imágenes. Casi todas estas “mariofanías” (manifestaciones de María) obedecen siempre a este esquema tipificado: origen de la imagen en Tierra Santa; traída de allí por algún varón apostólico; ocultamiento de la misma ante la invasión árabe; aparición a un pastor o a una persona de baja categoría social e intelectual; voluntad expresa de la Virgen de querer quedarse en ese lugar elegido por ella; expreso deseo de la Virgen de que en ese citado lugar se levante un templo e inamovilidad de la imagen al intentar ser trasladada a otro lugar distinto.

Al difundirse estos relatos, según un modelo establecido, los monjes o el pueblo sencillo no buscaban la verosimilitud. Su objetivo era el de incorporar al culto de una imagen el “medio ambiente” legendario que entrase más entrañablemente en el corazón del pueblo.

Pero, cada época tiene su idiosincrasia y no se puede aplicar a una época pasada criterios que hoy estimamos insustituibles. Es difícil entrar en la piel de unos hombres medievales que creían en un mundo en el que casi todo era simbólico.

La leyenda va más allá de la historia porque expresa todo aquello que está en el alma de un pueblo o de una comunidad, pero que la historia no ha podido captar. La ley que debe aplicarse a estas leyendas no puede ser más que ésta: El hombre capta la realidad no sólo por el entendimiento, sino también con el sentimiento, y la expresa no con palabras frías, sino a base de alegorías, símbolos, leyendas y mitos. Así, el misterio de María no sólo se explica con la historia, más bien escasa, sino también con la teología y el lenguaje indirecto del símbolo y de la metáfora, como encarnación de lo indecible.

El fondo espiritual de las leyendas medievales es la presencia de María protegiendo a los pueblos cristianos en el momento en que se encontraban así mismos, a medida que avanzaba la Reconquista. Los cristianos al lado de la Madre protectora se sentían fuertes, gracias a las imágenes que iban llenando los santuarios de las tierras conquistadas a los árabes. Este convencimiento se vivía comunitariamente y fue concretándose en el momento en el que un poeta -expresión del alma popular- fingió, que no inventó, la historia de la imagen venerada. La narración, con el correr del tiempo, fue creciendo con detalles que corrían de boca en boca, hasta pasar al acerbo común y transformarse en leyenda.

Las manifestaciones marianas muestran como tipificados, unos esquemas devocionales e históricos, que proyectan a su vez manifiestas analogías para la comprensión del fenómeno religioso. Ejemplo de ellos son estas relaciones que acabamos de comentar, entre las imágenes de María y las Ordenes Militares, la principal fuerza cristiana.

Tras la reconquista, hubo de ser masiva la demanda de imágenes de la Virgen y los Crucificados para las nuevas iglesias y ermitas que se estaban erigiendo en las distintas localidades de la Diócesis placentina, según podemos constatar en las numerosas advocaciones existentes, muchas de ellas no pasaron de ser obras de devotos locales, que en la mayoría de los casos se conformaron con plasmar las cabezas y los cuerpos que habían contemplado en las imágenes vecinas más veneradas.

El concepto de la realeza de la Madre de Jesús, fue captado por los tallistas medievales en toda su profundidad teológica y grandeza litúrgica, existiendo una gran correlación entre la plástica y la corriente ideológica que la informa, de esta forma, aquélla se produce en función directa de ésta.

Por tanto, podemos pensar en una conciencia que podríamos llamar iniciática, producto de una concepción sagrada paralela a la que los maestros constructores tradujeron en los templos. La tradición, en sus leyendas sobre el origen de ciertas imágenes, ha plasmado también esa circunstancia.

En la mayor parte de los casos, estas imágenes se convierten en Patronas de la localidad en cuyo territorio han sido localizadas. Son varios los autores, que sin contar con documentación alguna, consideran que los cristianos en la toma definitiva de Trujillo encontraron una imagen de Ntra. Sra. escondida en la Torre Julia. Cuando es más probable que la Virgen de la Asunción fuese una imagen fernandina que viniese con las tropas en el año 1233. La festividad mayor suele coincidir con la fecha de su supuesto hallazgo o de la toma de la villa. En muchos casos se utiliza la devoción popular para socorrer a los gastos que la iglesia debe sufragar a lo largo del año, como es la reparación del templo o ermita, ya que son muchas las ofrendas que los fieles otorgan a sus imágenes de devoción.

Otra prueba de la gran devoción que el pueblo ha tenido a la mayoría de estas imágenes, es la existencia en las iglesias y ermitas de diversos exvotos que nos hablan de favores concedidos por la Virgen. Precisamente, gracias a un cuadro exvoto del año 1745 existente en la iglesia parroquial de Santa María de Trujillo, nos podemos dar una idea del aspecto que tenía la imagen de Ntra. Sra. de la Asunción, que desapareció en 1809 con motivo de la invasión francesa.

Está claro que la mayoría de las corrientes que arrancan de la Antigüedad, del cristianismo y del germanismo se mantienen vivas en la Edad Media y la fecundan. El arte medieval se nos presenta muy supeditado a la tradición.

El culto mariano más fervoroso en Trujillo se centró a lo largo de la historia en la parroquia de Santa María la Mayor y en la capillita renacentista construida en la fortaleza musulmana (renovada en los años 1912 y 1951). Aunque, la imagen de la Patrona de Trujillo, está presente en el escudo de armas de la Ciudad y en algunas capillitas callejeras, como veremos en otro capítulo.

La iglesia de Santa María constituye el edificio más importante de la ciudad. Se trata de una fábrica conformada a partir de diferentes épocas y con distintos materiales a base de sillería, en todo el conjunto, y mampostería en las torres. El edificio es esencialmente una obra tardorrománica, comenzada tras la conquista definitiva de de la villa por las tropas cristianas en 1233. La iglesia fue muy reformada en el siglo XVI, a esta época corresponde la mayor parte del edificio. A la obra primitiva tardorrománica corresponden los elementos góticos y de influencia románica que aparecen repartidos en el templo, así como la torre-campanario, magnífico ejemplo tardorrománico y único existente en Extremadura. El hecho de encontrarnos en las puertas de Poniente y de Mediodía, e incluso en el coro, con capiteles y todo tipo de elementos góticos, siendo la mitad del siglo XVI, su fecha de construcción, nos hace pensar en el reaprovechamiento de materiales de primera mano que tenían los arquitectos del siglo XVI de la primitiva construcción tardorrománica. Es en el siglo XVI cuando se da el aspecto definitivo al interior del templo: bóvedas, capillas, naves, sacristía, coro y la llamada “torre nueva”. Ya en el siglo XVIII se construyó el camarín adosado al ábside y se remató la “torre nueva”.  Según constatamos por el Libro de Cuentas de Fábrica más antiguo que se conserva,  existió una imagen de Ntra. Sra. con su Niño en brazos presidiendo en el altar mayor de la iglesia de Santa María. Debe de tratarse de la imagen titular de la parroquia, Ntra. Sra. de la Asunción.

Es difícil, al contar con tan escasa información en los libros de fábrica, saber qué forma tendría. Tan solo se conserva un cuadro exvoto, realizado en 1745, en el que aparecen representados la Virgen sosteniendo al Niño con su brazo izquierdo. Pero, la imagen está vestida, imposible para realizar un análisis técnico y poder datar la escultura. Podemos decir, no obstante, que puede responder al tipo medieval de Virgen sentada sosteniendo al Niño con su brazo izquierdo, en actitud hierática y sin comunicación entre ambos. Lo más probable es que se tratase de una imagen románica de campaña, traída por los conquistadores de la villa el 25 de enero de 1233. Circunstancia que fue muy repetida en tiempos medievales.

Pero, contar solamente con un cuadro exvoto popular y una vaga referencia a la imagen en los libros de fábrica, no nos permite aventurar hipótesis.

Dedicamos este capítulo al estudio de la Patrona de la Ciudad por conservarse en el Castillo de Trujillo, lugar en el que se la rinde fervoroso culto. Vamos a pasar a estudiar la relación existente entre las advocaciones de “La Victoria” y “La Asunción”, pues según avance la investigación comprenderemos la fusión entre ambas. El culto a la Virgen con el Niño de Santa María, bajo la advocación del Misterio de la Asunción, se estableció enseguida una vez conquistada la villa por las tropas cristianas. Fue la imagen de mayor devoción en Trujillo, hasta el año 1531, fecha en la cual el concejo acordó construir una capilla en el castillo para venerar en ella a la imagen que ejecutara Diego Durán,  de vara y dos tercios, bien dorada y lucida, adornos que estuvieron a cargo de Antón Torino y Juan Notario. Esta imagen sería la Patrona de Trujillo, la Virgen de la Victoria. Tiene un gran interés la capilla de la Virgen de la Victoria en el castillo por tratarse de la Patrona de la ciudad, estando colocada entre las torres del castillo en el escudo de Trujillo. El hecho de situar a la imagen de esta manera responde con la tradición que afirma la intervención milagrosa de la Virgen en la conquista de la villa, pues se apareció entre dos torres concediendo la victoria a las tropas cristianas. Esta es la razón por la que se construyó una capilla en dicho lugar. La obra del arco, bóveda, altar y retablo de Nuestra Señora de la Victoria fue encargada al maestro Sancho de Cabrera, por un importe total de cien ducados, según acordó el Concejo en 1547. Ha desaparecido, lo obrado por Cabrera a causa de las diversas reformas que tuvo dicha capilla, la más importante fue la del año 1951, según proyecto del arquitecto José M. González Valcárcel.

Cinco decenios más tarde, en 1583, la escultura fue retocada por el escultor Juanes de la Fuente, activo en la ciudad por aquellos tiempos; al año siguiente sería policromada y dorada por el pintor Juan Sánchez.

Es una imagen de gran belleza, que muestra a la Virgen en pie, con el Niño desnudo en su izquierda; tratada con formas blandas, constituye un buen ejemplar de arte renacentista.

Ntra. Sra. de la Asunción, titular de Santa María, sería la imagen que recibiría culto y sería venerada hasta la fecha citada. Tuvo muchas alhajas y ricos vestidos como se desprende del Inventario realizado en 1729.  Esta imagen desapareció en 1809, con motivo de la invasión francesa.  Su lugar en el retablo le vino a ocupar una imagen de Ntra. Sra., actual titular de la parroquia, obra del escultor Modesto Pastor, natural de Valencia.

En el año 1755, un año después de que se realizasen otras obras de mejora en la capilla de Nuestra Señora de la Victoria, se decide llevar a cabo “alguna obra que redunde en el maior y más honroso adorno” en acción de gracias ante el terremoto registrado a finales de dicho año. A principios de 1756, Fernando de Mendoza, nombrado comisario para las obras de la capilla, inicia los trámites para el comienzo de las mismas. Meses más tarde se ordena el libramiento de 530 reales de vellón de la “madera cortada para la obra de Nuestra Señora de la Victoria”.  No obstante, las obras no se habían iniciado aún en 1760. En abril de dicho año el procurador síndico pone en conocimiento del concejo las quejas que los vecinos le habían manifestado por el apilamiento de materiales en aquel sitio sin que los trabajos de ampliación diesen principio, de forma que “lo que se preparó para maior dezencia, produce oy indezencia a lo que no es justo que la ziudad buelba los ojos”.

En 1809, con motivo de la entrada de las tropas francesas en Trujillo, D. Agustín Serrano, criado del Marqués de la Conquista, escondió la sagrada imagen en el Palacio de la Conquista. En 1854 fue devuelta la imagen de la Patrona a la fortaleza. En la festividad del año 1912, se inauguró la nueva capilla del castillo, la obra fue costeada por el Excmo. Sr. Marqués de Albayda. Coincidiendo con este hecho se quitó la policromía a la imagen de la Patrona.

Al concluir la fiesta de la Patrona del año 1949, el Sr. Alcalde D. Julián García de Guadiana Artaloytia, al despedir a los invitados en el salón de actos del Ayuntamiento, les expuso la pena que causaba el estado en que se encontraba la capilla de la Virgen y lanzó la idea de hacer una profunda reforma. Ni que decir hay que fue extraordinariamente acogida su propuesta. Para realizar la obra se encargaron planos y estudios y sin demora alguna, el Alcalde convocó a los patronos y obreros de distintos ramos a una reunión que se celebró el 26 de Marzo de 1950, en la que fueron mostrados los planos realizados por los arquitectos Valcarcel y Feduchi Además, con el fin de acometer las obras a la mayor brevedad posible, se llegó a las siguientes conclusiones:

  1. Prestación personal forzosa, según establece la ley,  la cual puede ser redimida a metálico.
  2. Abrir una suscripción popular para que cada uno aporte una cantidad voluntaria.
  3. Considerando que el obrero no puede, sin gran esfuerzo económico, contribuir a lo señalado en el anterior punto, se viene al acuerdo de una segunda aportación, que consistirá en uno o más días hábiles de haber (a voluntad) para lo cual, de acuerdo con su respectivo patrono, trabajará en su obra o taller una o dos horas más de su jornada, hasta completar las ocho horas, y el importe del día trabajado será ingresado por el patrono en la cuenta abierta al efecto.

La materialización de estos acuerdos no se Lleva a cabo de inmediato, aunque todo hace pensar que no hay tregua ni descanso en las gestiones y diálogos entre los distintos sectores.

En las fiestas de la Victoria de 1950, se realizaron audiciones radiofónicas que pudieron ser escuchadas por todos los trujillanos gracias a la megafonía instalada en la Plaza por generosidad de la firma comercial Eusebio González y Cía, S.A. En su alocución señaló el Sr. Alcalde que era el momento propicio de acometer las obras de restauración de la ermita del Castillo, animando a los trujillanos a colaborar. La idea es acogida favorablemente y el público congregado en la Plaza aplaude con entusiasmo. En efecto, de inmediato se abre una suscripción popular para que cada trujillano aporte lo que crea conveniente.

En los primeros días del mes de marzo de 1951, comenzaron las obras de la Capilla o Santuario de la Virgen según los planos que el 18 de febrero anterior entregó el arquitecto de la Dirección General de Bellas Artes don José M. González Valcárcel, al entonces Alcalde de Trujillo don Julián García de Guadiana. Estas obras se realizaron por suscripción popular, la cual ascendió a 243.215 ptas. Esta Capilla sustituyó a la que entonces existía en la torre del homenaje, a la par que se construyó la casa del santero. Con motivo de las obras de restauración no solo de la ermita que cobija la imagen de la Patrona de Trujillo, sino también de la fortaleza, se hizo necesario trasladar la imagen a la iglesia de Santiago. Este traslado se efectuó solemnemente el sábado 21 de Abril de 1951 a las ocho de la tarde. Una vez restaurada la fortaleza, la imagen de la Patrona retornó a su capilla. Fue coronada canónicamente en el año 1953 por el Cardenal Cicognani. Los preparativos para la Coronación de la Patrona de Trujillo comienzan en el año 1952.  Concluidos los actos con motivo de las fiestas patronales del citado año. El Sr. Obispo comentó al Sr. Alcalde de Trujillo su deseo de que también, como ya lo había sido ese mismo año la Patrona de Plasencia (27 de abril de 1952), la Virgen de la Victoria fuera coronada, comentario que fue muy bien acogido y que se extendió por toda la Ciudad con una inmensa alegría.

Los primeros actos oficiales pro Coronación se celebraron el día 1 de enero de 1953 y consistieron en una celebración religiosa en la iglesia de Santiago y, posteriormente, una reunión para comenzar las acciones hacia la Coronación. Así comenzaba La Opinión:

¡TRUJILL0! ¡TRUJILL0! ¡TRUJILLO!

            La Santísima Virgen de la Victoria os convoca en su morada Provisional de la iglesia de Santiago para bendeciros en el año de su Coronación. EI Sr Alcalde y el Sr Arcipreste, interpretando vuestros deseos, os invitan al acto inaugural de la campaña Pro Coronación. Mañana, día primero del año próximo, asistiremos gozosos todos a la referida iglesia y en ella y en sus alrededores nos congregaremos para cantar con el acompañamiento de la Banda, el Himno Salve a nuestra Patrona, en delicado homenaje de Año Nuevo, para ofrecerla nuestras oraciones, esfuerzo y sacrificios pro de su Coronación, y, sobre todo, para pedir su matemal Bendición, que haga fructificar esos esfuerzos y corone con éxito nuestros deseos y trabajos.

¡TODOS MAÑANA A LA UNA A SANTIAGO! 

¡TRUJILLO POR LA VIRGEN DE LA VICTORIA!

            Una vez más, los trujillanos acudieron masivamente a la iglesia de Santiago. Después de que el Arcipreste pronunciara una breve plática, se cantó el Himno “Salve”. A partir de ese día, todos los esfuerzos estuvieron dirigidos hacia la Coronación de la Patrona.

Por tanto, ya al comenzar el año 1953 se comenzó a pensar en organizar una adecuada infraestructura para la Coronación. En la organización de la misma contribuyó un numeroso personal, pero todo el trabajo organizativo estaba fundamentado en tres pilares: Ayuntamiento, Clero y Hermandad de Caballeros de la Stma. Virgen de la Victoria.

El Ayuntamiento estaba formado por las siguientes personas:

  • Alcalde Presidente:D. Julián García de Guadiana y Artaloytia
  • Primer Teniente Alcalde: D. Fernando López Pedraza
  • Segundo Teniente Alcalde: D. Julio Mateos
  • Tercer Teniente Alcalde: D. Paulino Azores Naharro
  • Concejales:
    • D. Antonio Sánchez Cancho
    • José Santiago Sánchez
    • Manuel Gómez Santana
    • Santiago Martín Mediavilla
    •   Santiago Mediavilla Nieto
    • Antonio Murillo Ciudad
    • Luis Pañero Blázquez
    • Luis Andrada Aguilar
    • Francisco Salazar Núñez

El Clero estaba representado por:

El Arcipreste y cura párroco de la iglesia de San Martín, D. Mariano Duprado Méndez; y por el cura párroco de la iglesia de Santa María la Mayor, D. Luis Buenadicha Cruz.

Y la Junta Directiva de la Hermandad de Caballeros de la Virgen de la Victoria:

  • Mayordomo: D. Manuel Gómez Santana Gil
  • Vicemayordomo: D. José Terrones Domínguez
  • Secretario: D. Francisco Carrasco Domínguez
  • Tesorero: D. José Tercero Lozano
  • Vocales:
    • D. Agustín Sánchez Montero
    • Antonio Civantos Galeano
    • José Cisneros Joly
    • Diego Muñoz Mariño
    • Antonio Esteban Bernal

El mismo día 1 de enero de 1953, después del acto religioso inaugural del año de la Coronación que se celebró en la iglesia de Santiago, tuvo lugar una reunión en la Casa Parroquial de San Martín en la que quedó constituida la Junta Ejecutiva pro Coronación, con la presencia del Sr. Alcalde y de los párrocos de las iglesias de San Martín y Santa María la Mayor.

En la festividad de San Fulgencio, patrono de la Diócesis de Plasencia, en el Salón de “Millones” del Excmo. Ayuntamiento quedó constituida la Junta General y se ratificó la Ejecutiva. Al tiempo que se nombró la Junta de Honor compuesta por:

  • Excmo. Sr. Obispo de Plasencia
  • Excmas. Autoridades Provinciales
  • Excmo. Sr. Embajador del Perú
  • Excmo. Sr. D. Leónides Trujillo
  • Excmo. Sr. D. Romualdo Hernández
  • Ilmo. Sr. D. Manuel Rubio
  • Ilmo. Sr. D. Juan Tena Fernández
  • M.I. Sr. Deán de Plasencia
  • Sra. Dña. María Caturla
  • Rvdo. D. José Fernández

Y la propaganda y Comisión de Prensa quedó formada por D. Juan Tena, D. Benjamín Moreno, D. Marcelino González y D. Lorenzo Palacios.

Fue nombrada Presidenta de Honor de la Junta Ejecutiva la señorita Margarita Naranjo, en memoria de su tío M.I. Sr. D. Clodoaldo Naranjo Alonso. Esta señorita donó a la Stma. Virgen las insignias de la Orden del Sol del Perú, que le habían sido concedidas a su tío.

Posteriormente, se fueron creando el resto de las comisiones. Fueron tantas las necesidades de organización, y el número de comisiones que se crean a estos efectos, que su coordinación tuvo que estar bien estructurada y la Ejecutiva llevar un control de todas las gestiones de este modo se cursó a todas una circular que regulaba su funcionamiento y que transcribimos textualmente:

“Con el fin de facilitar las tareas de tipo administrativo unificando los diversos sistemas que podrían utilizarse, se ruega a todos los Presidentes de las Comisiones de Trabajo tengan en cuenta los siguientes puntos:

  1. La primera reunión de la Comisi6n será autentificada mediante acta extendida por el Secretario de la misma y autorizada con la firma del presidente. En la misma se hará constar los puntos tratados que serán, en líneas generales, la labor a realizar por la Comisión. Este documento se enviará al Secretario de la Junta para su debida constancia en el Archivo General. En sucesivas reuniones no será necesario levantar acta.
  2. La Comisi6n en la persona de su Presidente, mantendrá un contacto frecuente con la Ejecutiva, con quien resolverá personalmente o por escrito cualquier dura que se presente en el desempeño de su cometido. El programa de realizaciones que vayan elaborando será también objeto de estudio por la Ejecutiva.
  3. La Comisión de Presupuestos, deseosa de evitar un movimiento innecesario de dinero, está estudiando un plan que pondrá en práctica si merece el apoyo de la Junta. Para ello es necesario conocer de antemano el importe a que asciende el presupuesto de las diversas comisiones nombradas que procurarán facilitar teniendo en cuenta la tarea a realizar sin perjuicio de que sus cifras experimenten algunas variaciones con motivo de haber incorporado a su cometido un trabajo no previsto.

            Esta comisión unificará criterios en este aspecto y hará un estudio detallado de cada uno, enviando una copia con las enmiendas introducidas a las distintas presidencias. Si mientras necesitan algún dinero y hasta tanto se les facilite algunos modelos de facturas adecuadas, pueden solicitarlo mediante recibo, detallando destino del numerario con la firma del Presidente y el Vº Bº de un miembro de la Ejecutiva.

            Deben también precisar el número de impresos y demás material de escritorio que juzguen interesante para proveerles por mediación de esta Secretaría”.

            (Fdo: D. Isidro Bermejo, Secretario).

            Todas las comisiones realizaron una actividad importante, cuyos miembros trabajaron sin descanso. Además, se nombraron representantes de la Junta en distintas ciudades a los que se les encomendaba las gestiones que hubiera que hacer en esas ciudades o simplemente relación de trujillanos que en ellas vivían.

El 25 de enero de 1953, la Junta General pro Coronación convocó a todos los trujillanos a asistir a una misa rezada en la iglesia de Santa María. Concluida la celebración, los asistentes se trasladaron a la iglesia de Santiago, en cuyo atrio estaba colocada la imagen de Ntra. Sra., donde se voceó el pregón conmemorativo de la aparición de la Virgen a las tropas cristianas y se cantó el Himno “Salve”.

De nuevo, el 31 de Mayo de 1953, se realizaron cultos extraordinarios a la Patrona con motivo del mes de la Madre. La celebración tuvo lugar en la iglesia de Santiago y comenzó la víspera con una solemne Vigilia de la Adoración Nocturna. Celebrada la misa a las seis de la mañana del domingo 31, quedó expuesto S.D.M. durante todo el día a la adoración de los fieles.

A las siete de la tarde se rezaron las preces a María y pronunció unas palabras el párroco de Santa María la Mayor, D. Luis Buenadicha. Después de la bendición con el Santísimo, se cantó el Himno “Salve”.

Otros muchos actos religiosos tuvieron lugar en Trujillo durante el año 1953 y que sería prolijo narrar. No olvidaremos el de acción de gracia celebrada con motivo de la concesión del permiso Pontificio para celebrar la Coronación. En todos ellos podemos resaltar tres notas comunes: masiva asistencia, se realizan ante la imagen de la Virgen de la Victoria y se canta el Himno “Salve”, lo que demuestra la ilusión que los trujillanos pusieron en la Coronación de su Patrona.

El permiso pontificio dice así:

“FEDERICO TEDESCHINI por la misericordia divina Obispo de Frascati, Cardenal de la Santa Iglesia Romana, Arcipreste de la S.S. Basílica Patriarcal del Principe de los Apóstoles de Roma, Prefecto de la Sagrada Congregación de la Reverenda Fábrica de San Pedro.

            Al Excmo. y Rvdmo. Sr. Don Juan Pedro Zarranz y Pueyo, Obispo de Plasencia: Salud en el Señor.

            Por las preces, hermosamente caligrafiadas, que enviaste hace poco a Nuestro Cabildo Vaticano hemos sabido con agrado que dentro de esa Diócesis española de Plasencia, en la muy ilustre ciudad de Trujillo existe, desde remotísimos tiempos, un venerable Santuario recientemente restaurado con todo esplendor en el cual se venera con peculiar devoción una Imagen de piedra bajo la advocación “DE LA VICTORIA”, Patrona de la Ciudad de Trujillo, la cual, según antiquísima tradición, se apareció sobre las murallas entre dos torres a los cristianos que allí luchaban, a cuyas plantas los fieles, no solo de la Ciudad sino también de los pueblos comarcanos acuden ininterrumpidamente a pedir mercedes o a dar gracias por las recibidas. Y siendo ardiente deseo Tuyo y de los devotos, por los muchos prodigios de la mencionada Imagen, colocar sobre sus sienes una corona de oro, Nos, reunidos en Nuestra Sala Capitular el día 21 de Junio del año en curso, unánimemente, después de un cuidadoso examen de los documentos presentados, jubilosos hemos acordado y decretado que la Imagen de la Santísima Virgen de la Victoria, sea solemnemente coronada en Nuestro Nombre con corona de oro. Dignate llevar a cabo, Excmo. Prelado, el encargo de la Coronación en el día que eligieres, por Tí mismo o por otro Obispo en que quisieres delegar”.

            Dado en Roma, desde el Vaticano, el día 30 del año del Señor de 1953, XIV Pontificado de Nuestro Santísimo Señor el Papa Pío XII. (Fernando Prosperini, Canónigo Secretario; y José Calderari, Canciller).

            El Sr. Obispo de Plasencia, delegó el acto de coronar a la Virgen en las manos del Pro Nuncio de Su Santidad, Cardenal Cicognani. En las vísperas de la Coronación la Junta Ejecutiva se había traslado a Plasencia para recibir de manos del Sr. Obispo el documento pontificio que contenía el permiso, y el Prelado de Plasencia, como tal y como Presidente de Honor de la Junta pro Coronación, lanzó a los trujillanos la siguiente salutación:

  “Ya en las gozosas vísperas de la Coronación Canónica

 de Santa María de la

Victoria, Patrona de Trujillo, bendigo con especial complacencia

 y efusión a todos los hijos

de la noble y amadísima Ciudad y en particular

 a cuantos por formar parte de la Junta

organizadora,

trabajan con infatigable y filial amor en preparación de las

 grandes jornadas

marianas próximas.

    Quiera el Señor que el fruto de las mismas

 sea cumplidamente lograrlo, para mayor

servicio Suyo y glorificación de su Madre

 

(Fdo: Juan Pedro, Obispo de Plasencia, septiembre 1953)

El viernes 16 de octubre tuvo lugar en el Teatro “Gabriel y Galán” el Pregón de la Coronación, pronunciado por el Excmo. Sr. D. Luis Morales Oliver, Catedrático de la Universidad Central y Director de la Biblioteca Nacional, que hizo una destacada oratoria sobre la Virgen de la Victoria como eje histórico de la vida trujillana. Este acto fue presentado por el historiador y sacerdote trujillano D. Juan Tena Fernández, el cual recordó la misión providencial que Dios había asignado a Trujillo en la historia universal y la participación en la gesta americana de los hijos de Trujillo.

En la tarde del día siguiente, víspera de la Coronación, el público que esperaba la llegada del Pro Nuncio de S.S. podía observar cómo la Plaza se encontraba muy adornada con colgaduras y tapices. Junto a la Plaza de Abastos el Ministerio de Información y Turismo había levantado un templete que serviría al día siguiente de altar para la Coronación, y alrededor de toda la Plaza se habían colocado mástiles con la bandera de España.

Llegó el Obispo de Badajoz, Excmo. y Rvdmo. Dr. D. José María Alcaraz. Seguidamente hizo su entrada en la Plaza el Excmo. Sr. Gobernador Civil D.Antonio Rueda acompañado de las autoridades locales. A las ocho llegó a la Plaza el Eminentísimo Cardenal Cicognani, acompañado por el Sr. Obispo de Plasencia, el Ilmo. Sr. Vicario y los dos párrocos trujillanos, D. Mariano Duprado y D. Luis Buenadicha. Todos ellos se habían adelantado a Navalmoral de la Mata para recibirle, entrando bajo palio en la parroquia de San Martín.

Terminada la novena, se organizó la Procesión presidida por el Ilmo. Sr. Vicario, D. Rafael García López, que años antes había sido párroco de San Martín, dirigiéndose a la iglesia de Santiago para trasladar la imagen de la Virgen de la Victoria a la Plaza Mayor. Una vez colocada en el atrio de San Martín cara al pueblo, con el acompañamiento de las Bandas de Trujillo y Cáceres, y en presencia del Sr. Cardenal, los Sres. Obispo de Plasencia, Badajoz y Salamanca, que habían acudido a la solemne cita, se cantó el Himno “Salve”, estando la Plaza llena a rebosar. La Procesión con la Virgen, portada en las nuevas andas, siguió a San Francisco, donde quedó expuesta toda la noche a la devoción de los fieles en espera del gran día.

Amanece el domingo 18 de octubre de 1953 con repique de campanas en todas las iglesias y conventos de Trujillo anunciando el magno acontecimiento. En la iglesia de San Francisco, ante la imagen de la Virgen, ofició una Misa de Comunión el Sr. Obispo de Badajoz a la que asistieron numerosos fieles. Seguidamente, se formó el cortejo civil en el Ayuntamiento, figurando a la cabeza del mismo el Excmo. Sr. Gobernador Civil de Cáceres, a su derecha el Alcalde de Trujillo, D. Julián García de Guadiana y Artaloytia. A otro lado se situaron el Sr. Director General de Archivos y Bibliotecas, Sr. Sintes; el Secretario del Ministerio de Información y Turismo, Sr. Villar; los Exmos. Sres. Generales Gobernadores Militares de Badajoz y Cáceres,  Sres. Álvarez Serrano y Villalva; el Excmo. Sr. Presidente de la Audiencia Territorial, D. Luis R. Celestino; el Excmo. Sr. Inspector Fiscal del Tribunal Supremo, D. Romualdo Hernández Serrano, natural de Trujillo; Ilmo. Sr. Presidente de la Excma. Diputación de Cáceres, D. Luis Grande Baudessón; el Alcalde de Cáceres, Sr. Elviro; otras autoridades; y finalmente, el Ayuntamiento de Trujillo precedido por el estandarte de la ciudad.

EI cortejo  religioso, se formó simultáneamente en San Francisco, compuesto por seminaristas de Plasencia; cerca de doscientos sacerdotes; las representaciones de los Cabildos de Plasencia, Badajoz y Coria; el R.P. Prior del Real Monasterio de Guadalupe; los Excmos y Rvdmos. Srs. Obispos de Plasencia, Badajoz, Salamanca y Coria, presididos por el Eminentísimo Sr. Cardenal Cicognani. Y en el centro de la comitiva, la imagen de la Patrona, precedida de su bandera, de los caballeros de la Hermandad y de su Mayordomo D. Manuel Gómez Santana quien, acompañado por los dos Tenientes Alcaldes, portaba en bandeja de plata la corona.  Ambos cortejos se unieron en la iglesia de San Francisco y, por las calles Herreros, Cuatro Esquinas y Tiendas, se dirigieron a la Plaza Mayor, que estaba muy bien adornada con colgaduras. El populoso público asistente llenaba el centro cívico, no solamente había trujillanos, sino que se habían dado cita muchos visitantes de los pueblos comarcanos y de otros puntos de la nación.

Colocada la imagen en el trono que había sido instalado cerca de la Plaza de Abastos, comenzó la Misa Solemne oficiada por el Sr. Cardenal, mientras los coros, compuestos por 500 voces y reforzados por los seminaristas de Plasencia, cantaban la misa “Cum Jubilo”. Las autoridades ocupaban las tribunas a ambos lados del altar.

Todos los asistentes pudieron seguir la misa a través de los altavoces que había colocado en la Plaza y calles colaterales Radio Nacional de España.

Pronunció la homilía el sacerdote D. Manuel Rubio Cercas, Prelado Doméstico de S.S. y párroco de la iglesia de San José de Madrid, quien resaltó el profundo sentido teológico del acto que se celebraba, así como los favores que los trujillanos habían recibido de la Patrona.

Llegado el ofertorio, los coros, dirigidos por D. Andrés Orellana, D. Santiago Duprado y por el organista de la iglesia de San Martín D. Ramón Jiménez, cantaron el “Ave María” de Griesbacher. Al mismo tiempo, una cuadrilla de aviación, dirigida por el comandante trujillano D. Pedro de la Calle, realizó varias pasadas por el cielo de la Plaza.

Al terminar la Santa Misa y con todos los asistentes arrodillados, el Cardenal impartió la Bendición Papal. Seguidamente, el párroco de la iglesia de Santa María, D. Luis Buenadicha, dio lectura al Decreto Pontificio por el que se concedía el privilegio de coronar canónicamente a la Patrona de Trujillo.

Después, se procedió a la bendición de la corona y el Sr. Alcalde D. Julián García de Guadiana hizo la ofrenda en nombre de toda la ciudad de Trujillo.

El Cardenal, ante un gran silencio, procedió a coronar la imagen mientras repicaban las campanas de parroquias, conventos y Concejo en salutación jubilosa a la Patrona de Trujillo.

De nuevo se formó el cortejo en el mismo orden en el que había subido a la Plaza, y se dirigió al castillo para dejar en su morada a la imagen de Ntra. Sra. Con la procesión dio por terminado el solemne acto.

DESARROLLO CONSTRUCTIVO Y CARACTERISTICAS ARQUITECTONICAS DEL CASTILLO

El castillo se Trujillo fue construido por los árabes en la segunda mitad del siglo IX, en la zona más elevada del cerro rocoso denominado “Cabezo de Zorro”, siguiendo una tipología esquemática arquitectónica de las fortalezas andaluzas del período emiral. Desde sus murallas se domina toda la llanura de la tierra trujillana. Es un recinto hermético, rodeado por la cerca de murallas en un perímetro de 900 metros y el hecho de estar situado en lo más elevado de un terreno escarpado, lo hace inaccesible al ataque. Es un castillo hermético sin ventanas y con escasas saeteras.

Está en relación íntima con la Alcazaba (conocida como Conventual) de Mérida, la fortificación islámica más antigua fechada en España (835 d. C.), período caracterizado por los continuos enfrentamientos entre árabes y cristianos, y la inestabilidad interna por el acceso al poder entre árabes, beréberes y muladíes.

El castillo fue construido con aparejo de sillares reaprovechados de construcciones romanas, alternando en sus muros y en sus ocho torres macizas la mampostería. Esta reutilización de sillares romanos es fundamental para establecer la cimentación a cota militar, dispuestos en hiladas calzadas de trozos de ladrillos y de lajas fragmentadas de pizarra. Modo de construcción típico en otras alcazabas de la misma época en Mérida, Gormaz y Agreda en España; y el de Qasr Harani en Palestina. De hecho aún se conservan inscripciones romanas embutidas en la pared formando parte del paramento. Tal es el caso de un cipo de granito con la transcripción: M(arcus) L(ucius) CATVL(us); traducido: “Marco Lucio Catulo…”; o el cipo sepulcral de granito que presenta la transcripción: CA(ecili VS IA / CRVSTENI F(ilius) / SEVERUS / AN(forum) XXV. H(ic) S(itus) E(st) / FRATRES/ F(aciendum) C(uraverunt); traducción: “Caecilio Severo, hijo de Iacrusteno, de 25 años, aquí yace. Sus hermanos procuraron hacerlo”. También se han localizado en el castillo varias monedas correspondientes a los períodos emiral y califal, que se encuentran depositadas en el Museo Arqueológico Provincial de Cáceres.

Con motivo de las medidas llevadas a cabo en el Plan de Dinamización Turística de la Ciudad entre los años 1999 y 2001, uno de los proyectos consistió en colocar varias inscripciones romanas, cristianas y árabes que habían sido recuperadas por don José Antonio Redondo, y colocadas en dicho lugar idóneo para su conservación y para que el público pudiera contemplarlas. El abundante número de inscripciones no se corresponde con noticias concretas sobre el contexto arqueológico del que proceden; es más, ningún hallazgo de inscripciones en Trujillo, salvo las tres árabes, cinco romanas y algunas cristianas, proceden del propio castillo, ni son producto de excavaciones sistemáticas. Muchas de las estelas, aras y bloques en que están grabadas fueron utilizadas como material de construcción en la muralla medieval y en el castillo, por lo que existen parcas noticias de su procedencia originaria o del contexto en que se hallaron. Algunas de las inscripciones recuperadas en el Patio de Armas están legibles a simple vista, otras realizando calcos con una lámina de aluminio ionizado, y otras están ilegibles.

El castillo consta de dos partes: el Patio de Armas y la Albacar. La planta del castillo se nos ofrece así con dos grandes recintos geométricos adyacentes. Uno es el Patio de Armas, que se inscribe en un cuadrángulo levemente irregular de 52 m. S. x 56,80 E. x 56 N. x 56,20 W., y el otro, conocido como Albacar, forma en planta un hexágono de 92 x 90,40 m. El acceso al primer recinto se realiza por una puerta que se abre en arco de herradura al mediodía, defendida por dos torres albarranas, esta puerta fue reformada en el siglo XVI, cuando el Concejo ordenó el 21 de abril de 1531 que entre las torres de la fortaleza se construyera una bóveda para colocar una imagen de granito que representara la Virgen de la Victoria. En el año 1952 el arquitecto restaurador D. José González Valcárcel, hizo un suplemento hacia el N. con el fin de levantar un cuerpo de edificación para construir un camarín a la Virgen. Por tanto, el lado N. de la puerta que actualmente se ve es falso y reciente, debiendo aceptarse sólo como auténtico el existente en el exterior, descubierto al retirar el antiguo camarín de la Virgen que se encontraba entre los dos cubos y detrás de la barbacana cristiana, destruida también al abrirse de nuevo la puerta.

Con respecto a esta debemos hacer notar que en lo referente a su disposición los paralelos orientales son claros, como ocurre en Qasr Haraneh, Qasr al-Tuba Hirbat al mafyar y Qasr al-Hayr Al-Garbi paralelos que no se reducen a la puerta sino que atañen también al esquema de la planta de este primer recinto y otros aspectos.

La puerta principal del albacar tiene de ancho entre las dos torres 3,75 m. y de luz 3,40 m. El radio del arco es de l,70 m. El tipo parece arcaizante ya que la entrada es clarísimamente mas simple aun que la del recinto principal similar en planta a las de Agreda y del castillo aun inédito de primera época de Osma. Fue localizada una inscripción árabe en este lugar, fechada en 1018. Es de notar que las impostas han sido rozadas haciendo el efecto de un arco de medio punto. Junto a esta puerta se construyó en la segunda mitad del siglo XVI un baluarte defensivo con amplias troneras con motivo de las guerras con Portugal. La otra puerta se vio destruida y reformada en el siglo XVI. Está al lado de la anterior, y no se la puede considerar como una poterna.

En el rincón N.E. del Patio de Armas se encuentran dos aljibes, sobreelevados respecto al suelo actual. Los aljibes son de clara raigambre islámica cuya cronología puede situarse entre los siglos XI y XII. Uno de ellos tiene planta regular y es geminado, con las claraboyas superiores como único modo de acceso. Está cubierto por bóveda de medio cañón y es iluminado por tres linternas, comunicándose de un lado al otro por dos arcos de medio punto apoyados en una columna. La longitud es de 9 m. y la anchura de cada nave es de 2,40 y 2,20m. La obra es de ladrillo y piedra. Las claraboyas carecen de derrame interior o exterior. El otro aljibe es de planta irregular, aprovechando el espacio que hay entre el exterior del aljibe citado y los muros N. y W. del interior del recinto principal. Tiene escalera de acceso desde el exterior, que da a un andén. Está dividido en ocho cámaras distribuidas en forma de “L”, siendo las dos últimas de planta cuadrangular irregular. Cada uno de los compartimentos se comunica con el otro mediante un arco de medio punto de 2,10 m. de altura, con estribos para reforzar las paredes contra el empuje del agua.  La longitud total del brazo más largo de este aljibe es de 12,50 m. y la del más corto es 11,50 m. de medida desde el quiebro. Las dimensiones del segundo aljibe son de 3,05 y 5,25 m. y las del tercer cuerpo son de 2,80 y 4,50 m. El último, separado por una nervadura en bóveda, tiene 6 m. de longitud y 2 m. de anchura en la nervadura.

Por el lado de levante está el Albacar, que prolonga el conjunto macizo del castillo en forma de planta de hexágono irregular, por las características constructivas este espacio se adosó veinte años después al Patio de Armas. En su interior se encuentra una pequeña ermita del siglo XVI dedicada a San Pablo para conmemorar el día que se reconquistó Trujillo, el 25 de enero de 1233, día de la conversión del santo. Junto a la ermita hay un pozo con brocal de piedra, para suministrar agua  a los animales. La palabra “albacar” o “albacara” (del ár. Al-baqqara, la vaquería) define a un recinto murado en la parte exterior de una fortaleza, con entrada en la plaza y salida al campo, y en el cual se solía guardar ganado vacuno. Este edificio castrense se utilizó para albergue de la guarnición y se dedicó a los distintos servicios de mantenimiento de la tropa y almacén, por eso no existen dependencias, pues se realizarían con materiales más perecederos que la piedra. La Albacara está rodeada, en parte, por una barbacana de época cristiana. La inestabilidad del imperio almohade junto a la cercanía y belicosidad de los reinos norteños, justifican las reformas y mejoras de las defensas del castillo, así como la construcción del Albacar.

Una de las características del castillo de Trujillo es la existencia de albarranas. De  ellas nos interesan en este momento las que protegen el flanco S. de los lienzos del castillo y del albacar en las vulnerables zonas de las puertas, lo cual explica su disposición aparentemente poco centrada y simétrica. En el momento actual estas albarranas no están comunicadas con los lienzos superiores de las murallas del castillo. Sin embargo el examen minucioso de las crestas de las torres del castillo y de las albarranas que están enfrente de las mismas permita ver que ha habido desprendimientos de las mismas, habiendo sido reconstruida la obra de fábrica. A este respecto, y a efectos de estudiar la relación entre albarrana y cubos hemos hecho unos alzados a 1,10 de las zonas que nos interesaban. Se puede apreciar en las mismas cómo hay una zona de derrumbe que coincide en uno y otro lado del vano. Si estudiamos un paralelo muy acto anteriormente citado como el Conventual de Mérida podemos ver como las albarranas de dicha fortificación están unidas al lienzo por un arco perfectamente engarzado a ambos lados. En Trujillo el proceso original de relación debió ser similar si observamos, las irregularidades del aparejo a lado y lado en los despliegues presentamos podrá verse que se corresponde a la zona donde debió ir engarzado a lado y lado un arco que permitiera unir los dos puntos creemos debido al efecto señalado que cronológicamente los cubos y las albarrana son sincrónicos, pudiendo mellar una escasa diferencia a unos cuantos años entre la construcción de uno y otro.

En la zona superior del muro almenado que comunica el Patio de Armas con el Albacar se levantó una espadaña, procedente de la destruida ermita de Santa Ana; y la campana la regalaron los obreros (por suscripción) que trabajaron en 1952 en las obras de la nueva ermita de la Virgen de la Victoria.

Realmente las fuentes árabes existentes sobre Trujillo son importantes como hemos estudiado en capítulos anteriores. Sabemos que en el 881 hay una incursión de Alfonso III contra los Nafza, que ocupaban la zona, que en el 317 Héjira/929-30 d. C. se nombra gobernador militar de Trujillo a Ahmad Ibn Sakan. Ibn Jaldun la cita al igual que Al Idrisi y al Himyari y entre las crónicas cristianas que lo citan está la Primera Crónica General de Alfonso el Sabio y los Anales Toledanos II, que citan su Reconquista en 1233. Estos datos históricos avalan una fecha de construcción del castillo en la segunda mitad del siglo IX, posterior al modelo emeritense. Las torres albarranas son posteriores, estuvieron unidas con los cubos del castillo mediante arcos de los cuales quedan hoy restos del lugar de sus enjarjes que se corresponden de lado a lado, y que son exactos  a los existentes en la Alcazaba de Mérida, no solo en obra sino también en similitud de dimensiones y de aparejo a base de grandes sillares romanos, reutilizados, fundamentalmente para establecer la cimentación a cota militar, dispuestos en hiladas calzadas de trozos de ladrillos y de lajas fragmentadas de pizarra.

La altura de los cajones de obra es de 50 cm, con leves oscilaciones, medidas que es en principio básicas para modular las dimensiones básicas del castillo y del Albacar.  Paralelos de este tipo de aparejo tenemos los de Mérida, Gormaz y Agreda en España, y el de Qasr Harani en Palestina.

La fortaleza estuvo bajo la autoridad militar del Alcaide que representaba la máxima autoridad de la ciudad tanto de la defensa de la misma como de su término.

Este recinto fortificado es muy visitado diariamente, aquí se venera la imagen de Ntra. Sra. de la Victoria, Patrona de la Ciudad. El concejo acordó desde 1531 que la imagen que en dicho año ejecutara el cantero Diego Durán, se colocase entre las dos torres del castillo, cumpliendo así con la venerable leyenda según la cual la Virgen se apareció con el Niño en sus brazos entre dos torres de la muralla, gracias a ella se reconquistó la ciudadela. Así se representa en el escudo de la Ciudad. En la ermita de la Virgen, la Hermandad de la Virgen de la Victoria con motivo de la celebración de sus Bodas de Oro, colocó un mosaico de azulejos relatando este acontecimiento histórico tan importante para Trujillo.

El Ayuntamiento desde el año 1983 comenzó a realizar obras de acondicionamiento y facilitar el acceso al castillo, y obras públicas de remodelación en calles, paseos, parques y jardines, poniendo en marcha la redacción del Plan de Normas Subsidiarias en conexión con el Plan de Rehabilitación social de la zona monumental.

Hasta el siglo XVI se mantuvo la estructura del recinto, sufriendo algunas reformas y añadidos en aquella  época. En 1755 se intentaron realizar obras de mejora y adecentamiento en la capilla de la Virgen de la Victoria para que “redunde en el mayor y más honroso adorno” en acción de gracias ante el terremoto registrado en dicha fecha. Tras el deterioro padecido a causa de los conflictos bélicos del siglo XIX, el castillo pasó a manos de particulares. Se han llevado a cabo trabajos de restauración de la capilla de la Virgen de la Victoria en el castillo. A través de los siglos, la antigua capilla había sufrido diversas restauraciones –1912, 1951-1952- desde que en el siglo XVI se construyese la original.

En el año 1912, se restaura la capilla de la Virgen de la Victoria en el castillo, obra costeada por el Excmo. Sr. D. Jacinto Orellana y Avecia, Marqués de Albayda, y se la quita el dorado y policromado a la imagen granítica de la Patrona. El estudio y dirección las obras de la nueva capilla o camarín corrió a cargo del arquitecto municipal D. José López Munera. Este propuso la ampliación del camarín mediante una bóveda de rosca, sirviéndola de arranques y estribos los muros salientes, cerrando toda esta ampliación con encristalada armadura de hierro en rebajado arco gótico o almendrado. Como complemento y para mejor acceso a la capilla, dado lo difícil que era la subida por la escalera de caracol se construyó una ancha escalera de poca rampa, con balaustrada de hierro.

Declarado “Monumento Histórico-Artístico” a principios del siglo XX, el Ayuntamiento lo adquiere en el año 1929. En el  año 1952 el arquitecto restaurador don José González Valcárcel ejecutó un suplemento hacia el norte sobre la entrada principal con el fin de levantar un cuerpo de edificación para situar el camarín de la Virgen. La zona principal del recinto, por donde tiene lugar el acceso principal es en su mayoría falsa y reciente. En los últimos años se ha instalado un sistema de alarma conectado con las fuerzas del orden público y un cristal blindado, una reja de forja sobre las tres ventanas que existen en la fachada interior del Patio de Armas. También se ha colocado una mesa exenta en el interior para facilitar la celebración de misas y otros actos religiosos.

En la actualidad, además de colocar la iluminación artística del Castillo se está restaurando y consolidando la muralla de la Albacara. Se celebran en el Patio de Armas desde el año 2004 el Festival de Teatro “Mágicas Noches del Castillo” que durante estos años ha tenido un gran éxito. La primera obra puesta en escena por la Compañía de Teatro Jacinto Benavente fue “Los árboles mueren de pie”, de Alejandro Casona. También, en dicho recinto, se solemnizan los “Festivales de Música y Danza de Trujillo” con motivo de las Fiestas Patronales en el mes de septiembre.

 

 

 

 

JOSE ANTONIO RAMOS RUBIO
Cronista Oficial de Trujillo
Doctor en Historia

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