Convento de la Merced

En la parte meridional de la ciudad levantaron un convento los religiosos mercedarios, hoy día se expone una excelente colección de piezas artesanales extremeñas que han convertido a la iglesia conventual del siglo XVII en un CENTRO DE ARTESANÍA.

Edificios Religiosos Monumentos

La orden de redención de cautivos de La Merced estuvo vinculada a la ciudad, a saber, desde el año 1590 en que Fray Juan Pizarro y Fray Diego de Sotomayor, miembros de seculares linajes trujillanos, solicitaron al Concejo fundar casa en la ciudad. No fue, empero, hasta 1594, que lograron el apoyo a la empresa de doña Francisca Pizarro Yupanqui, hija del conquistador del Perú, quien patrocinó la nueva fundación, incorporando a la misma los recursos e inmuebles de la Obra Pía de Catalina de la Cueva —su aya desde niña—, que ella misma tutelaba.

Instalados hasta 1629 en un primer cenobio situado junto al convento de descalzas de San Antonio, no sin hacer frente a numerosos problemas de convivencia con la citada comunidad, para esta fecha se hallaban ya en su nuevo emplazamiento entre las calles de Vivanços y Encarnación.

El nuevo convento, de estilo Barroco, no llegó a concluirse hasta el siglo XVIII. Contó con modernas e ingeniosas infraestructuras, como la escalera del patio, adulcida en cercha, o el propio claustro. La iglesia, inconclusa, fue concebida como un templo cruciforme, con transepto poco desbordante y cúpula sobre el crucero, pero el proyecto quedó en un sencillo cajón con cabecera hemipoligonal.
Fray Gabriel Téllez, Tirso de Molina, fue Comendador aquí entre 1626 y 1629, es decir, durante los años en que comenzó a erigirse este edificio.
<h4>El Convento de la Merced alberga la sala de Promoción de la artesanía</h4>
Mediante convenio de colaboración con la Diputación Provincial de Cáceres, este espacio que forma parte de la Red de Centros de Artesanía de Extremadura tiene como objetivos la promoción, difusión y comercialización de los productos y talleres artesanos extremeños.

A convent of the enclosed, contemplative Order of the Blessed Virgin Mary of Mercy was founded in Trujillo in 1590. Four years later, it secured the support of Doña Francisca Pizarro Yupanqui, daughter of the conqueror of Peru, through the work of her governess, Doña Catalina de la Cueva.

The convent moved a number of times until the baroque building was constructed in the 18th century, though work on the church was never completed. Fray Gabriel Téllez, Tirso de Molina, an important Spanish dramatist, was prior of the convent from 1626 to 1629.

Dieser Konvent des Ordens Unserer Lieben Frau von der Barmherzigkeit (de Mercede) vom Loskauf der Gefangenen wurde 1590 gegründet. Vier Jahre später gelang es ihm, Doña Francisca Pizarro Yupanqui, die Tochter des Eroberers von Peru, als Gönnerin zu gewinnen. Die Gemeinde musste einige Male umziehen bis im 18.
Jahrhundert schließlich das barocke Gebäude gebaut wurde, dessen Kirche niemals vollendet wurde.

Der Bruder Gabriel Téllez, Tirso de Molina, einer der größten spanischen Dramatiker, war von 1626 bis 1629 Prior des Konvents.

Historia del convento de la Merced

En la parte meridional de la ciudad levantaron un convento los religiosos mercedarios, hoy día se expone una excelente colección de piezas artesanales extremeñas que han convertido a la iglesia conventual del siglo XVII en un CENTRO DE ARTESANÍA.

Tardaron los dominicos en establecerse en Trujillo, iniciándose las conversaciones entre la Orden y el Concejo en el año 1590, pero se retrasó la fundación hasta el año 1602 como consecuencia de la resistencia mostrada por el Concejo y por las monjas franciscanas del convento de San Antonio. Los argumentos para ello eran varios: de una parte se invocaba el perjuicio que se ocasionaría a los pobres y a los demás conventos por la nueva concurrencia en la solicitud de limosna: por otra se oponía las monjas a que se estableciera pared con pared de su convento lo cual era “contra toda honestidad y gobierno” puesto que no hay sino una pared que lo divide y parte que por tiempo fácilmente se podría romper y abrir y comunicarse los que vivían
en un Monasterio con los del otro.

Finalmente, habiendo recurrido a diversas instancias los mercedarios consiguieron la autorización del Concejo en el año 1602, alcanzando numerosas ayudas, en especial del nieto homónimo de Francisco Pizarro, e incluso del propio Concejo trujillano. El año 1603 ya estaba abierta al culto la iglesia conventual, a la que trajeron una imagen de la Virgen de la Merced, la cual fue llevada en procesión formada por autoridades religiosas y todos los regidores de Trujillo, obras que fueron contratadas con el maestro Pedro Lozano y su cuñado Bartolomé.

Pero permaneció poco tiempo la comunidad en este edificio mudándose en la segunda mitad del siglo XVII a otro edificio cercano al anterior, en la parte occidental de la calle de Vivancos. No obstante, aún en la segunda mitad del siglo XVIII, dice el informante de Ponz que recoge en su Viaje de España que su iglesia “está por concluir ́ ́. La guerra de la Independencia ocasionó serios destrozos en el convento de la Merced, y en 1820 fueron exclaustrados sus frailes.

Es interesante recordar entre los mercedarios ilustres que vivieron en Trujillo al escritor Fray Gabriel Téllez “Tirso de Molina”, que fue Comendador del convento durante un trienio.Sería el 1 de agosto de 1594 cuando la Justicia y Regidores de la ciudad otorgaron poder a favor de Don Francisco Pizarro de Orellana, Alonso García, Hernán Sánchez y el licenciado Antonio Martínez, estantes en Salamanca y a Don Cristóbal Ponce de León y Antonio Bonifacio y Gaspar Desquina estantes en Madrid para que en su nombre requieran al General y al Provincial y su Comisario de “ un mandamiento del Doctor Alonso Pérez, Canónigo de Plasencia, Juez apostólico sobre la contradicción que la Ciudad tiene hecha para que los frailes de la Orden de Nuestra Señora de la Merced no entren en la casa de la Obra Pía de Catalina de la Cueva y para que en su nombre requieran al General y al Provincial y su Comisario de “ un mandamiento del Doctor Alonso Pérez, Canónigo de Plasencia, Juez apostólico sobre la contradicción que la Ciudad tiene hecha para que los frailes de la Orden de Nuestra Señora de la Merced no entren en la casa de la Obra Pía de Catalina de la Cueva y para que en seguimiento de la dicha contradicción, puedan parecer ante Su Santidad y ante el Rey y ante los de su Consejo y ante otros cualesquier jueces eclesiásticos y seglares”.
Consiguiendo que los frailes de la Merced no entrasen en las casas de Catalina de la Cueva.

En lo referente a los problemas previos a la fundación del Convento mercedario de Trujillo con las descalzas franciscanas y el Ayuntamiento, y su traslado de la calle del Campillo a la de Vivancos (hoy denominada de la Merced), podemos investigar los problemas de su ubicación mediante la documentación existente en varios archivos.

Pero esta Casa-Convento no se emplazó en sus inicios en la actual calle de la Merced (conocida en aquellos tiempos como calle Vivancos), sino en la casa actual de las familias Higuero-Vidarte, contiguas en línea de fachada principal a la Iglesia y Convento de San Antonio, más otras demolidas cuando se abrió la carretera Trujillo-Plasencia. Estas fueron las casas de Catalina de la Cueva

En una escritura fechada en el año 1611 sobre conmutación de bienes de un mayor rango que otorgó Gonzalo Pizarro, hijo de Francisco Pizarro, nos aclara que Gonzalo Pizarro, sucesor y poseedor del mayorazgo que fundó Juan Pizarro su tío, envía diez mil ducados de oro para que se gasten en la fundación de un Hospital en Trujillo para los pobres, conmuta la fundación en sufragios y obras pías en el Convento de la Merced. Se le concede derecho de enterramiento en la Capilla mayor para él y sus sucesores. Otra cláusula interesante de esta escritura es que el convento había de tener treinta y seis Religiosos. Se delegó para conseguir la conmutación en Roma al Vicario
General, Fray Estaban de Monvera y al Doctor Diego Pizarro de Paredes.

A todo esto hemos de añadir que personas de los nobles linajes trujillanos pertenecían a la Orden de la Merced
Los primeros frailes mercedarios en gestionar laapertura del convento fueron fray Diego de Sotomayor y fray Juan de Pizarro.
Según se deduce por dos documentos existentes en el Archivo de Protocolos de Madrid, firmados por doña Francisca Pizarro y don Pedro Arias Portocarrero, el 13 de febrero de 1598, fue necesario pleitear con las monjas descalzas franciscanas, para que desalojasen casa e iglesia. Al parecer se habían apoderado de ambos edificios –antes de la obra pía fundada por Catalina de la Cueva- sin autorización de su patrona, Francisca Pizarro, locales que estaban ocupados: “Yo, la dicha Da Francisca Pizarro…como patrona que soy de la obra Pía que dejó e instituyó Catalina de la Cueva, difunta, vecina, que fue de la ciudad de Trujillo, otorgo y conozco por esta presente carta que
doy mi poder cumplido, cual de derecho en tal casos se requiere, al padre presentado Fray Pedro Bejarano, de la orden de nuestra Señora de la Merced, morador en el convento desta villa de Madrid, con facultad de sustituir y rebocar los substitutos y substituir de nuevo, una y muchas veces, para que mi nombre y como tal patrona de la
dicha obra Pía pueda poner demanda a las monjas, abadesa y convento del monasterio de las Descalzas Franciscas de la dicha ciudad, en la cual de dicha iglesia y casa se entraron violentamente por su autoridad, sin licencia mía como tal patrona, ni de otra persona alguna que les pudiese dar licencia para eso, sobre lo cual pueda parecer y parezca ante todas y cualesquier justicia y jueces superiores e inferiores que de ello puedan y deban conocer, y ante ellos y cualquier de ellos poner cualesquier demanda y demandas y las jurar y hacer. Y haga los pedimientos y requerimientos y juramentos de calumnias y de decisorio y otro cualesquier en mi ánima, verdad diciendo, y pedir sean hechos por las partes contrarias… El cuál doy y otorgo en prosecución y en conformidad de cierta donación que a la dicha orden de nuestra señora de la Merced tengo hecha de los vienes de la dicha obra pía la cuál dicha donación está aprobada por el señor Nuncio de su santidad”

Vuelve a insistir todavía en otro documento que lleva la misma fecha y precisa ciertas nuevas atribuciones concedidas al padre Pedro Bejarano sobre el mayordomo de la obra pía, que dio origen a la fundación del convento mercedario, y sobre las monjas en cuestión: “Otorgo y conozco por esta presente carga que doy mi poder
cumplido, cual de derecho en tal caso se requiere, al padre presentado Fray Pedro Bejarano, de la orden de nuestra señora de la merced, morador en el convento della de esta villa de Madrid, para que pueda pedir y tomar quenta al mayordomo de la dicha obra pía, de tres agosto hasta presente y de lo que en el dicho tiempo ha sido a su cargo, y liquidar, fenecer y acabar la dicha cuenta hasta el resto y final alcance de ella…y cobrar lo que fuere necesario, y no más, para las costas y gastos de ciertos pleitos que como tal patrona de la obra dicha pía pretendo tratar contra la Abbadesa, monjas y conventos del monasterio de las descalzas Franciscas de la dicha ciudad de Trujillo, en razón de haberse entrado violentamente en una iglesia de casa de la dicha obra pía que por una parte había con el dicho monasterio y convento de las Descalzas Franciscas….de manera que haya efecto en hacerse la casa y monasterio de nuestra señora de la Merced.

Convento La Merced

Entrada al Convento de la Merced

Convento La Merced

Actualmente Centro de Artesanía

Como en toda fundación, los comienzos fueron humildes y tuvieron necesidad de cambiar de lugar varias veces consecutivas, según afirma una Memoria de las cosas dignas de perpetua recordación que ay abido en este Convento de nuestra Señora de la Merced de Trujillo, conservada en la Biblioteca Nacional. Dice así: “Se tomó la possesión por el Padre Presentado fray Juan de Busto, en la calle que dicen del Campillo, en unas casa que Catalina de la Cueva dejó para que se fundase un Colegio de niños guérfanos, i doña Francisca Pizarro, Marquesa de las Charcas, como patrona de la dicha obra pía, agregó i transmutó con autoridad pontificia a la fundación del dicho combento con todo lo anejo i dependiente a la dicha obra pía… Abitaron los Religiosos dos años en este sitio, i por no poderse ensanchar en la fundación respeto destar pegado a el convento de las Descalcas que se intitulas de San Antonio, i por otras muchas raçones que pareció aber, se mundaron en la mesma calle a otras casas en que la dicha doña Francisca Picarro labró i dispuso a su quenta bibienda para los Religiosos. Tampoco este sitio pareció a propósito i el Padre Presentado fray Diego Goncález i Salcedo Comendador del dicho comvento, consultó a los Superiores i con todo el número de Religiosos se pasó a la calle de Vibancos, sitio que actualmente oi tiene, con mucho crédito, concurso estimación i grande frequentación de los fieles”

Los mercedarios, pues, residieron en tres lugares distintos de Trujillo. En 1626, Tirso de Molina será ya comendador del nuevo convento, teniendo que pagar pleitos pendientes de la antigua casa según consta en el Libro de Registro del gobierno de los Generales fray Juan Cervian y fray Diego Serrano, conservado en el Archivo Histórico Nacional.

Fray Gabriel Téllez, Tirso de Molina, estrena prácticamente la casa nueva de la calle Vivancos (Comendador entre el 13 de julio de 1626 y el 30 de abril de 1629), dado que fue su inmediato antecesor en el puesto de Comendador de Trujillo, fray Diego González de Salcedo quien tomó la decisión de cambiar la residencia de mercedarios.

Fray Gabriel Téllez tuvo relación con varios descendientes de Francisco Pizarro, el conquistador, ya antes ingresar en la Merced, con toda probabilidad. Una vez dentro de la orden mercedaria, le fue más fácil conocer detalles de sus vidas y el relato de las hazañas de sus antepasados. La orden de la Merced era deudora a los Pizarro de muchas ayudas, tanto en el Perú como en España.

La relación que tienen los Pizarro con la fundación del convento de la Merced de Trujillo es esencial. Sobre todo, Francisca Pizarro -hija del conquistador de Perú- y su tío, Hernando Pizarro. El conocimiento histórico de la biografía de la mestiza y su venida a Trujillo desde América es imprescindible para el estudio del Convento de la
Merced en sus inicios.

De los cuatro Pizarros conquistadores sobrevive y regresa a España únicamente Hernando. Prisionero en el castillo de la Mota, en Medina del Campo, tenía por manceba en la prisión a Isabel de Mercado, con quien tuvo descendencia: Francisca Pizarro Mercado. Pero algo nuevo va a surgir en la vida de Hernando: En 1551 llega a España la hija reconocida de su hermano muerto Francisco, la sobrina que había dejado en el Perú con cinco años, Francisca Pizarro Yupanqui, la acompañaron siempre en Perú Catalina de la Cueva y el mayordomo de su padre, Francisco Hurtado de Evia. Con ella vienen luego a España, Catalina de la Cueva que crea en Trujillo una obra pía que pasa a su muerte a presidir Francisca Pizarro y que será la base de la fundación del Convento de la Merced.

El mayorazgo fundado por doña Francisca Pizarro, en unión de su marido y tío Hernando en 1578, llevaba anejo al patrimonio familiar la alcaidía de la fortaleza de Trujillo y la alferecía mayor de la Ciudad con voto de regidor.

La relación de la Merced no se limita solamente a los Pizarro, también al conde de Puñoenrostro, segundo marido de Francisca Pizarro, el cual hace entrega de ciertos viñedos, en Móstoles, al convento de la Merced de Madrid según consta en el Libro de Recibo del convento de la Merced, conservado en el Archivo Histórico Nacional (22 de
mayo de 1606).

De este matrimonio no hubo descendencia. Francisca Pizarro, cuando está casada con don Pedro Arias Portocarrero es cuando funda el convento de la Merced de Trujillo, en el año 1594. En el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid está el documento íntegro de dicha fundación. Cuando doña Francisca reside en Madrid es
cuando realiza la fundación. Su hijo Juan Pizarro había fallecido.

El Padre General de la Merced otorga poder desde Salamanca, el 26 de marzo de 1594. La fundación se basa en otra Obra Pía, el 21 de septiembre de 1571. La criada de doña Francisca, Catalina de la Cueva, había fundado, en testamento oficial, en la ciudad de Trujillo, -testamento cerrado que fue abierto y publicado ante justicia el 30 de abril de 1576 -, y por otra escritura y codicilo: se trataba de un colegio de niños huérfanos de la doctrina, para que él se criasen. La casa estaba dotada de cierta renta y capellán. Dejó por patronos a Hernando Pizarro, y después a doña Francisca, y luego a Juan Pizarro, su hijo, y sucesivamente a los sucedieren en su casa y mayorazgo. Al no poder sustentarse con dicha renta, se ofrece a la cofradía de la Caridad de Trujillo, que no quiso aceptarla por las cargas inherentes. Se acude al obispo de Plasencia, que transmuta dicha fundación en hospital de huérfanos pobres. El obispo don Pedro Ponce de León lo aprueba, así como su sucesor don Martín de Córdoba y Mendoza (el 20 de septiembre de 1576). Se trató de conseguir dicho hospital y tampoco tuvo efecto, pues había ya hospitales en Trujillo.

Doña Francisca Pizarro, tiene otra idea más práctica, en vista de los fracasos anteriores: “Por lo qual y otras muchas causas y razones, yo la dicha marquesa de las charcas, para que mexor se cumpla la voluntad de la dicha catalina de la cueva, difunta y Dios nuestro señor se sirba a onrra de su bendita madre, e por la afición particular que tengo a esta orden y la que tuvo el marqués don francisco pizarro, mi padre, que tanto deboto fue de esta sagrada rrelixión, llevando consigo a la pacificación y convesión del pirú rrelixiosos desta orden, fondado casas en truxillo, quito la ciudad de los rreyes, y en otras partes, a su imitación e para que nuestra señora la sacratísima Virgen sea mi abogada y de mis descendientes é acordado de comutar y anesar esta obra pía que mandó hacer la dicha catalina de la cueva, y la casa, yglesia, rreta, ornamentos, campanas., y todo loa demás a ello anexo, docante y perteneciente, aun que de nuebo quiero fundar y elegir como tal patrona de esta obra pía, que sea de rreloxioso de la dicha orden de nuestra señora de la merced rredención de captiuos, en la dicha ciudad de truxillo, diócesis de Plasencia”. El Padre general Francisco Zumel y fray Juan Pizarro dieron su asentimiento, admitiendo por patrona fundadora a doña Francisca Pizarro y a sus sucesores.

Las obras de ampliación del primitivo convento duraron varios años, de hecho cuando Fernando Pizarro y Orellana hace testamento señala:mando que el estando en pacífica posesión del dicho Patronato mis sucesores, se les den al dicho convento tres mil ducados por una vez, para acabar la obra de la capilla mayor del dicho convento, y si se cobraren los tres mil ducados que mandó el Marqués de la Conquista para la dicha obra de la capilla mayor, es mi voluntad se gasten los dichos tres mil ducados que yo mando en hacer los claustros o algún cuarto del convento”.

Los frailes vivieron en el convento hasta la llegada de los franceses el 19 de marzo de 1809, sufriendo el convento unimportante deterioro, no pudiendo rehacerse los frailes, sobre todo, desde que se ordenó en 1820 la exclaustración de los religiosos de todos los Conventos de esta Ciudad, según los artículos 16 al 18 y el 24 de la Ley sobre extinción y reforma de Regulares contenida en la Circular número 303 del gobierno político de Extremadura y Real orden del 4 de Noviembre del dicho año 1820, los regidores no pudieron defender la permanencia de los Mercedarios en Trujillo, porque su comunidad era muy pequeña y su iglesia estaba prácticamente destruida.

La fábrica conventual nos ha llegado en deplorable estado de conservación, obra enmarcada en un clasicismo arquitectónico que abría paso a los módulos borrominescos del XVII. Tiene tres plantas, habiéndose convertido en vivienda particular destacando la hermosa puerta principal del convento con columnas almohadilladas y adosadas al muro, muy en la línea churrigueresca del momento, puerta que da acceso a un vestíbulo que comunica por un arco capialzado con el claustro herreriano, de planta cuadrada, con arcos esviados sobre pilastras en la planta baja y, la parte alta, corrida por galería interior.

Su iglesia está ocupada por un Centro de Artesanía, es de planta rectangular y sus paramentos son de mampostería, y está cubierta con bóvedas vaídas sobre arcadas ciegas, y ábside de tres planos separados del bovedaje con un arco toral o triunfal.

Permiten el acceso a esta iglesia conventual dos puertas, una al Poniente, y otra en la fachada principal del convento, puertas de arcos peraltados de notable alzada y sillares bien escuadrados, que lucen un frontón de tímpano triangular en el que campea bajo Corona Real, el escudo de la Orden de la Merced, cuatro barras y sobre ellas la Cruz blanca, antigua insignia de la Catedral de Barcelona. Ambas portadas llevan por acroteras bolas herrerianas.

Jose Antonio Ramos Rubio

Cronista Oficial de Trujillo
Doctor en Historia
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