Iglesia de la Preciosa Sangre de Cristo

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La fundación de la Iglesia está relacionada con las disposiciones testamentarias de don Gabriel Pizarro de Hinojosa y Arévalo, Inquisidor en Granada y Córdoba, que habría de fallecer en 1625. En el año 1626 se firmaba la autorización eclesiástica para la construcción de la iglesia de la Preciosa Sangre de Cristo, lo que sucedería entre los años 1630 y 1635 de manos del maestro de obras Gabriel Pentiero. El día 13 de enero de 1626, es decir, a los tres meses del fallecimiento de don Gabriel Pizarro de Hinojosa, el Cabildo Catedral de Plasencia, vacante la silla episcopal por muerte de don Sancho Dávila Toledo, expedía a favor del Abad y Cabildo de Capellanes autorización canónica para edificar en Trujillo una iglesia con el título de la Sangre de Cristo, según el testamento bajo el cual había muerto el inquisidor don Gabriel Pizarro de Hinojosa. Firman dicha autorización que original se conserva, don Juan M. de Salazar y Bartolomé López Dávila y está refrendada por el secretario Francisco de Obregón.

Cuando el Cabildo de Capellanes había obtenido del catedralicio de Plasencia la anterior autorización, ya poseía el solar en que la Iglesia de la Sangre de Cristo se edificase y el cual era el mismo lugar que su fundador señaló. Se adquirió en precio de sesenta ducados mediante escritura de compra‐venta otorgada a su favor por don Juan Chaves Sotomayor y su mujer doña Catalina de Orellana y Mendoza, ante el escribano Juan González de Santiago, en Trujillo, a 28 de octubre de 1625, es decir, a los nueve días de la muerte del inquisidor.

Iglesia de la Preciosa Sangre de Cristo

JOSE ANTONIO RAMOS RUBIO
Cronista Oficial de Trujillo
Doctor en Historia

Los trabajos finalizaron en el año 1642. Pentiero, maestro de obras establecido en Trujillo, autor de la iglesia de la Sangre de Cristo y del convento de San Antonio, así como de las parroquias de de Zángano, Santo Tomé en Valdelacasa y aparejador de la sacristía del Real Monasterio de Guadalupe, vivía en la calle San Antonio, cerca del convento de las franciscanas, y su arquitectura responde, como se ha dicho, a los gustos del primer Barroco castellano.

Nació don Gabriel Pizarro de Hinojosa Grado y Arévalo en Trujillo, en la segunda mitad del siglo XVI en el barrio de Santa María la Mayor, no pudiendo concretar la fecha de su nacimiento ya que el I Libro de Bautismos no se conserva. Fue hijo de Alonso Pizarro de Torres y de Teresa de Grado; y sobrino de Juan Pizarro Carvajal, Arcipreste de Santa María.

Estudió en el Colegio Mayor de Cuenca, donde realizó diversos cursos de teología, doctorándose más tarde en Valencia. En el año 1594 es residente en la Universidad de Salamanca. Fue nombrado Inquisidor de Córdoba, apareciendo ya el 23 de diciembre del año 1600 en el listado de inquisidores que cobran ayuda de costa. El 30 de octubre de 1601 fue proveído como inquisidor de Valladolid, aunque no ocupó esta plaza, continuando en Córdoba. Nombrado Inquisidor de Granada entre los años 1611-1616. Nueve años después, ya en Trujillo  hizo testamento ante Bartolomé López Leonardo el 23 de abril del año 1625, aunque realizó nuevas incorporaciones al mismo, a manera de codicilo, el 24 de mayo y el 15 de octubre de ese mismo año. Precisamente, entre estas incorporaciones al testamento aparece una manda por la que se ordena construir una iglesia dedicada a la Preciosa Sangre de Cristo que habría de servir para el cumplimiento de las obligaciones del Cabildo de los Capellanes de la Ciudad de Trujillo, indica que su cuerpo sea sepultado bajo el altar mayor de dicha iglesia. Según indica en el testamento, esta iglesia se edificó en el sitio de una casa que tenía Juan de Chaves Sotomayor y Catalina de Orellana; y que el coste de la construcción del templo no superase los 5.000 ducados. Fallece don Gabriel Pizarro de Hinojosa el 19 de octubre del año 1625.

Según recogemos literalmente de la obra cumbre del Cronista don Juan Tena: “Alabado sea el Santísimo Sacramento que es el verdadero Cuerpo y Sangre de Iesuchisto, Señor Nuestro, y la Unmaculada Concepción de la Virgen Santa María, Nuestra Señora, sin peccado original. Amen.

En el año del Señor y del nasçimiento de Nuestro Redemptor Iesuchisto de mil y seisçientos y veynte y siete años, en la indictian nona, presidiendo en la Santa Sede Apostólica Romana nuestro serenísimo padre y señor Urbano Papa VIII y en el año quatro de su pontificado, y vacante la sede episcopal de Plasençia por muerte de el señor don Sancho Dáuila y Toledo, obispo que fue deste obispado, reynando en estos reynos de España el Rey don Philippe nuestro señor quarto deste nombre, lunes diez y ocho días del mes de henero se començó la obra de la yglesia de la Sangre de Chisto, Nuestro Señor, que mandó fundar y edificar a su costa el señor don Gabriel Piarro de Hinojosa, inquisidor apostólico del reyno de Granada, natural desta çiudad, por su testamneto y última voluntad con que murió para el Cabildo de Capellanes de esta iudad de a donde fue capitular y mandó fuesse en unas casas que fueron de los señores don Juan de Chaues Sotomayor y doña Catalina de Mendoa, su mujer, auiendo preçedido liçenia para ello de los señores presidente y cabildo de la Santa Yglesia sede uacante de Plasençia a ynstançia del lienciado Diego de Orellana, abbad del dicho Cabildo y de los capitulares de él. La qual yglesia se haze a costa de los bienes que el dicho señor inquisidor nuestro patrón y fundador della señaló y dexó para su edifiçio en la forma que se contiene en su testamento, para que en ella el dicho Cabildo cante y çelebre las missas y anniversarios que tiene de obligaçión por sus dotaçiones y las que de nueuo queda dotadas en el dicho cabildo el dicho señor ynquisidor de sus rentas, acabada la dicha yglesia. Lo qual sea para gloria y honrra de Dios Nuestro Señor y de la Virgen Santísima su Madre, y del bienaventurado Señor San Pedro, prínçipe de los apóstoles, patrón nuestro.

El dinero que se reçibe de los bienes del señor doctor don Gabril Piçarro de Hinojosa, ynquisidor nuestro patrón para la obra de la yglesia que fundó y mandó edificar se escriuió en el libro desde la foja segunda de él”.

El templo es una obra de elegante sencillez que estilísticamente responde al clasicismo del Barroco del primer tercio del siglo XVIII. Es un templo de planta basilical, de una sola nave y con transepto, construido a base de mampostería y ladrillo, aunque la cantería se deja ver en las dos portadas. La nave se cubre con bóveda de lunetos de ladrillo, destacamos la cúpula con cimborrio de ladrillo que corona el  edificio, decorada con placados gallonados. Tal y como quedó documentado en su testamento, un templo con “crucero y capilla que sirva de coro”, abierto al exterior “por dos puertas, una a la parte de arriba y otra a la de abajo por donde pasen las procesiones” y donde su enterramiento fuera situado en “la peana del altar Mayor”. El dinero legado había de obtenerse de la deuda que con don Gabriel tenía contraída con el comerciante de sedas granadino Juan Jiménez. Dos portadas bellas de granito, con pilastras toscanas y dintel casetonado, sobre el que se presenta una hornacina de tímpano y acróteras con bolas. Entre las pilastras hay bellas cartelas blasonadas. Entre éstas, destaca la meridional, una obra elegante proporcionada con arco de medio punto y enmarcada entre pilastras cajeadas, con clave saliente que apoyan sobre jambas rehundidas. Pilastras toscanas escoltan el conjunto a la par que sustentan un entablamento con frontón liso, friso decorado por triglifos y metopas y cornisa sencilla. Sobre ésta última apoyan bolas herrerianas. Sobre las dos portadas de la iglesia, en los templetes, destacamos dos escudos graníticos, ovales, sobre cartelas que presentan las cinco llagas de Cristo, puestas en aspa y sumontadas por una corona de espinas, símbolo pasionista, pues don Gabriel Pizarro fue adorador de la Sangre de Cristo. Fue construido el templo por el arquitecto Gabriel Pentiero, ordenado construir en las mandas testamentarias del Inquisidor general de Granada don Gabriel Pizarro de Hinojosa, para reposo de sus restos y el de sus padres don Alonso Pizarro de Torres y doña Teresa de Grado. Además, ordenó que se dieran para la fábrica de dicha iglesia, de los censos que Bartolomé López le compró “que es mi voluntad que se llama de la Sangre de Cristo, seiscientos reales de renta para la fábrica y ornamentos de la dicha iglesia y para vino y agua”.

La iglesia fue usada como hospital por las tropas inglesas durante la Guerra de la Independencia del año 1809. Durante el proceso de exclaustración del año 1835, el edificio pasa a ser propiedad de la parroquia de San Martín. El 28 de marzo del año 1924,  el obispo de Plasencia, ante la petición del párroco de Trujillo, da permiso para convertir la iglesia de la Preciosa Sangre en casa rectoral de la parroquia de San Martín, adaptando gran parte de la morfología arquitectónica de una iglesia del siglo XVII en una vivienda: “para que la antigua ermita del Cristo de la sangre, enclavada en la parroquia de San Martín de Trujillo y de su propiedad, destinada ya a usos profanos, se destine para Casa-rectoral de la parroquia de San Martín de Trujillo, previa la necesaria adaptación”.

El 1 de julio comienzan las obras para convertir el templo en casa rectoral bajo el patronazgo de doña Margarita Iturralde, destacada mecenas trujillana en la época. Las obras de adecuación, que se prolongaron hasta el 31 de mayo del año siguiente, alteraron notablemente edificio sobre todo en su interior ya que el amplio espacio de la única nave fue dividido en tres pisos mediante una estructura de hormigón, hierro y  ladrillos. Exteriormente la fábrica también sufrió drásticas intervenciones, pues se abrieron numerosos vanos en sus muros norte y sur para dar luz a las diferentes estancias creadas en su interior.

El último sacerdote que vivió en este edificio fue don Ramón Núñez Martín. Aún se conservan escasísimos restos de pintura mural en los paramentos del luneto, a base de motivos geométricos: círculos tangentes y entrelazados de tonos azules y amarillos.

La desamortización de Mendizábal acabó con el Cabildo de Capellanes de Trujillo. La Iglesia quedó aneja a la parroquia de San Martín. Un inventario del año 1827 registra existentes en la Iglesia de la Sangre las imágenes del Santo Cristo de la Agonía, Purísima, San José, San Felipe, otro crucifijo y la campana que perteneció al Colegio de niñas huérfanas de Sor María Jesús de Paredes.

El retablo que presidió el ábside de la iglesia de la Preciosa Sangre de Cristo, es el que actualmente cubre el testero de la iglesia de San Martín y que, en principio, cuando se trasladó aquí en noviembre del año 1921, estuvo adosado en el muro colateral del Evangelio. Sustituye al que regaló a comienzos del siglo XX doña M.ª Juana Durán Rey, y que en la actualidad se encuentra en la iglesia de Garciaz. Es importante citar que, según las Cuentas de Fábrica del templo, existió otro retablo mayor cubriendo el ábside y dos colaterales que son obra de Juan de Trujillo y se colocaron en el año 1573.  El que hoy cubre el testero de San Martín está dedicado al Santísimo Cristo de la Agonía, trasladado desde la antigua iglesia de la Sangre, el retablo de madera de pino fue realizado en el año 1671 por Felipe Viera y Alonso Rodríguez, para albergar la imagen del Crucificado, fue dorado el retablo por Manuel Ruiz en el verano del año 1674. En alzado, la obra se divide en banco, cuerpo y ático, con templete emergente del centro de un frontón curvo partido. Una pareja de columnas corintias sobre ménsulas enmarca la hornacina que alberga al Cristo de la Agonía, soberbia talla de gran realismo. Desde el ático domina San Pedro sentado en Cátedra, y sobre la hornacina avenerada que cobija al santo, una cartela elíptica y policromada, con las armas papales (de plata, dos llaves en aspa, una de oro y otra de plata; brochante una tiara). Todo el conjunto se puede fechar en torno al primer tercio del siglo XVII. Algunos autores han considerado que era obra del escultor  cordobés Juan de Mesa y Velasco, que nació en Córdoba en el año 1583.  Fue bautizado el 26 de junio de 1583 en la parroquia de San Pedro de Córdoba. Pertenecía a una familia de pintores y se inició a la escultura con Francisco de Uceda. Cuando contaba con veintitrés años ingresó en el taller de Martínez Montañés, en Sevilla, siendo un discípulo leal y ordenado que inició sus estudios en humanidades mientras olía a madera tallada. Es un artista poco conocido, su importancia arranca a finales del siglo XIX gracias a la obra de José Bermejo y Carballo, Glorias religiosas de Sevilla (1882): «El bellísimo Jesús, en el acto de pronunciar desde la Cruz sus Siete Últimas Palabras, construido según se cree, por Juan de Mesa, discípulo insigne de Montañés.» Luego Hernández Díaz aportó una documentación fundamental. Consideramos, más bien, que esta magnífica talla del Crucificado es obra de Alonso de Mena (1587-1646), padre de Pedro de Mena, que se haría cargo del taller a partir de 1622. Se le atribuyen obras como el Cristo del Desamparo de la iglesia de San José de Madrid (1635) que muestra rasgos de ejecución y estilo semejante al del Cristo de Trujillo, igualmente presenta las mismas características estilísticas el Cristo de la Sangre y de la Vera Cruz, conocido popularmente como El Señor de la Caja, como referencia a una urna de madera y cristal donde se expone en su capilla de la iglesia parroquial de la Encarnación de Vélez-Rubio (Almería), obra de Pablo de Rojas, maestro de Alonso de Mena.

Juan de Mesa fue un hombre muy vinculado a las Cofradías y Hermandades, perteneció a la hermandad del Silencio, siendo miembro activo de su Junta de Gobierno de dicha hermandad, la cual albergaba entre sus hermanos a numerosos sevillanos ilustres. Falleció a los  cuarenta y cuatro años víctima de una tuberculosis, fue enterrado en la Iglesia de San Martín de Sevilla, donde reposan sus restos. Le podemos considerar uno de los máximos representantes del realismo sevillano, dedicándose casi en exclusividad a las imágenes procesionales, realizando estudios anatómicos de los procesos premortales y observaciones de cadáveres que le permitieron plasmar en la madera obras llenas de realismo. Realismo, éste, que instó a la propagación del culto a Jesús por parte de una población que veía “más cerca” los momentos pasionales de Jesús y su sufrimiento, acrecentando la devoción entre el pueblo cristiano, podemos destacar entre sus obras la talla del Cristo del Amor, el Cristo de la Buena Muerte o el mundialmente conocido Jesús del Gran Poder pueden servir de ejemplo, sin menospreciar ni mucho menos a otras de sus obras. Muchas de sus imágenes hoy en día procesionan durante la Semana Santa en Sevilla.

El Inquisidor fray Gabriel Pizarro de Hinojosa, natural de Trujillo, encargaría la obra del Cristo que presidiría el altar mayor de la iglesia de la Sangre de Cristo (fundada el 15 de octubre 1625) a Juan de Mesa y Velasco, durante su estancia en Andalucía como Inquisidor de Córdoba y Granada. La hechura de un crucificado de la agonía. Este, detallaría en el contrato que debía ser una talla, en la que Jesús estaría clavado en la cruz y coronado de espinas.

Esta obra fue concebida para dar culto a los fieles de Trujillo, ya que era costumbre que frailes o miembros de la nobleza hicieran donaciones de este tipo, para ganar prestigio social y además a la vez que invierte en la salvación de su alma.

La obra se ejecuta en madera de cedro y la policromía era tarea de pintores supervisados por los imagineros. Este Cristo de la Sangre de Mesa, destaca por su corpulencia, movimiento desgarrador, posición y gesto conmovedor y la clara influencia plástica que Mesa imprime en sus obras. Aparece Jesús con una gran corona de espinas, la mirada suplicante y la boca abierta, representando así la dramática expresión.

El estilo del maestro procede de la escuela de su maestro Juan Martínez Montañés, pero los detalles violentos son clara señal del imaginero cordobés (el imaginero del dolor). Mesa se distingue de sus predecesores, por que imprime una gran intensidad en sus obras, dotándolas de un realismo íntimo y doloroso, que ha sido y sigue siendo copiado en la actualidad por muchos artistas de la madera.

Jesús de la Agonía aparece suspendido en la cruz con una cruel tensión, reflejando el dolor y calvario del momento de la crucifixión, este detalle muy característica en las obras de Mesa junto a una muy estudiada anatomía del cuerpo y que lo diferencia del estilo clasicista de su maestro Montañés. La anatomía de la obra es de un impresionante verismo idealizado y que lo convierte en un apolíneo exento de descomposiciones patéticas. De un movimiento sobrecogedor, la obra invita a la devoción y al fervor.

Este crucificado de Trujillo está traspasado por tres clavos sobre una cruz arbórea, hecha de un tronco sin devastar, lo que acentúa el naturalismo, y llevan corona de espinas de un bloque con la cabeza o postiza. Responde a los tipos de Crucificados de su gubia, sus cuerpos aparecen agitados por un sentimiento interior que rima con la angustiada expresión de los rostros de pómulos salientes, en los que las cejas se curvan hacia el entrecejo como signo de dolor intenso, los ojos se abultan cuando están abiertos y los párpados se ondulan cuando cerrados; el cabello y la barba se ordenan en madejas finas y simétricas, el pecho aparece hundido, sin fuerza, y toda la anatomía se hace minuciosamente descriptiva: los clavos retuercen los dedos y arrugan la piel. El paño de pureza deriva del utilizado por Montañés y forma grandes masas de pliegues finos y profundos, con cuerda o sin ella, atado con dos moñas laterales.

En el año 1921 se trasladaron los bienes muebles de la iglesia de la Sangre de Cristo a la parroquia de San Martín según disposición del párroco don Rafael García López, según documentación existente en el Archivo de la parroquia de San Martín: “Encontrándose sin fondos la fábrica de la parroquia de San Martín, por las múltiples y costosas reparaciones q en ella se han hecho; el Sr. Cura de la misma solicita de sus feligreses que por su piedad, y desprendimiento se han distinguido en amor a su parroquia en otras ocasiones, presten cooperación con la limosna que estimen suscribirse para el traslado del Stmo Cristo de la Sangre y Retablo del mismo, a su parroquia, lo que se hace para evitar el deterioro del mismo, dado el estado ruinoso de su capilla, y para darle el debido culto del que ha estado privado por espacio de muchos años (seguidamente viene la relación de personas que participaron económicamente en los gastos del traslado, realizado por el maestro alarife don Manuel Diz Ramos el 30 de noviembre de 1921, costó 161,05)”.

El Crucificado de la Sangre de Cristo preside el retablo de la parroquia de San Martín. Se eleva sobre un sencillo banco, mostrando una caja flanqueada por un par de columnas estriadas en cada lado y encima hay un frontón partido que aloja una hornacina con San Pedro en cátedra. Según don Clodoaldo Naranjo en el año 1675 el artista Manuel Ruiz ejecutó su dorado y pintura a costa del Cabildo de Capellanes de Trujillo. La imagen del Crucificado, de la misma cronología, es una obra realista de cierta calidad. En el banco de la obra advertimos la presencia de los escudos de don Gabriel Pizarro de Hinojosa y Arévalo († 1625), quien llegó a ser Inquisidor General de Córdoba y Granada. En el banco del retablo advertimos la presencia de los escudos de don Gabriel Pizarro de Hinojosa y Arévalo († 1625), quien llegó a ser Inquisidor General de Córdoba y Granada. Cabe decir de este retablo que es una de las mejores obras de estilo clasicista que se conservan en la Diócesis. Hasta los años 80 del siglo XX, presidía el espacio ochavado un moderno retablo que fue trasladado a la parroquia de Garciaz por el sacerdote don Ramón Núñez. Se trata de un retablo del año 1903, de estilo neogótico, que donó al templo doña Juana Durán Rey, vecina de Madroñera, en cumplimiento del testamento de su difunto esposo don Manuel Pablos Miguel. Según consta en una inscripción del retablo.  Juntamente con las imágenes de San Martín y la Virgen de la Victoria –obras del escultor Romero- que presiden en sendas hornacinas laterales, en los años que preceden a la Coronación Canónica de la Virgen granítica que está en la capilla del castillo, esta imagen de la Patrona de la iglesia de San Martín  procesionó en los días de la Festividad de la Virgen de la Victoria, en cumplimiento del testamento de su difunto esposo don Manuel Pablos Miguel. Esta es la efigie a la que se refería el poeta trujillano don Gregorio Rubio “Goro” en su poesía cuando nos dice “que la imagen de colores tan vivos que está en la iglesia de San Martín no es la Virgen que quiere el pueblo sino la que está en el castillo, que es la que Trujillo venera como verdadera Patrona”.

En el año 2015 se llevaron a cabo las tareas de rehabilitación de la iglesia de la Preciosa Sangre de Cristo y su adaptación a Centro de Visitantes “Los Descubridores”, según el proyecto de los arquitectos don Santiago Martín Corrales y con la supervisión técnica del estudio de don Javier María Díz Plaza, por encargo del Excmo. Ayuntamiento de Trujillo, propietario del edificio que había adquirido mediante compra al Obispado de Plasencia. La obras corrieron a cargo de la empresa “Construcciones Abreu”.

El Centro de Interpretación de los Descubridores de Trujillo, por sus características singulares y su excepcional emplazamiento, debe de ser una excepción.

Organizada la exposición del Centro de Interpretación ubicado en Trujillo, en diversos ámbitos se muestra información histórica sobre la iglesia, y sobre su mecenas, así como facsímiles de documentos sobre su construcción. Este edificio –como ya hemos explicado anteriormente- fue sede del Cabildo de Capellanes de Trujillo, iglesia erigida entre los años 1630 y 1635 en cumplimiento de una cláusula testamentaria del Inquisidor de Granada, don Gabriel Pizarro de Hinojosa, natural de Trujillo y según los planos del arquitecto Gabriel Pentiero. Un edificio que en su origen presentaba un aspecto sobrio, muy del gusto barroco, de planta cruciforme, con transepto y crucero cubierto por una cúpula sobre pechinas y al exterior por un cimborrio de ladrillo.

El centro museístico se completa con una zona en la que se exponen los más importantes descubridores de América, nacidos en Trujillo: García de Paredes, Pizarro, Orellana, Inés Muñoz… así como otros conquistadores extremeños de enorme relevancia en la historia del Nuevo Mundo. Asimismo, el  pozo existente en la iglesia, sirve para contextualizar una reducida zona donde se exponen datos históricos sobre el abastecimiento de agua en la ciudad.

En otra zona, la más amplia del Centro de visitantes, dividida en cuatro sub-zonas,  muestra piezas, documentos e información gráfica, sobre hitos históricos relacionados con la época del Nuevo Mundo, desde dos diferentes puntos de vista: la navegación y los descubrimientos por tierra.

En la zona central, dominada por el palo mayor de una nave de la época, se observa un foso circular donde se exponen réplicas de piezas incas de oro y plata, junto a lingotes de ambos metales. Se representa así el mito del Dorado, como uno de los acicates que movieron a los descubridores a realizar muchas de sus arriesgadas exploraciones.

El País de la Canela, es el otro gran mito motivador de grandes descubrimientos en tierras del Nuevo Mundo. Piezas en vitrinas, elementos gráficos y audiovisuales, junto a la contextualización general de este ámbito, definen la esencia del discurso expositivo.

En otra zona se expone a través de elementos de intermediación gráfica y audiovisual, la enorme importancia que alcanzó Trujillo y sus habitantes en el descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo. La línea argumental del discurso, pretende en este ámbito exponer ante los visitantes; no sólo la excepcional participación de la ciudad, sino la implicación de cientos de ciudadanos anónimos (casi un millar) que se desplazaron a las Indias para contribuir con sus trabajos al desarrollo y construcción de un mundo diferente y desconocido, que ofrecía la oportunidad de participar en una aventura extraordinaria y que podría aportar nuevas expectativas a sus vidas.

En la zona titulada: “La religión y el Descubrimiento” y “La trascendencia del Descubrimiento del Nuevo Mundo”, se exponen dos paneles gráficos que muestran la enorme trascendencia que el Descubrimiento de un nuevo continente tuvo para el mundo, y la diferencia que marcó el sentido evangelizador de la Conquista, respecto a las que realizaron otros países con posterioridad.

El objetivo principal de este Centro museístico ha sido el acercar a los visitantes a los paisajes naturales y culturales en áreas naturales hispanoamericanas por las que estuvieron nuestros paisanos extremeños entre finales del siglo XV y el siglo XVIII teniendo muy presente el proceso de colonización mediante los sentidos: olfato, oído (música ambiente), vista. Así como el conocimiento de las culturas incas, mayas y aztecas mediante los paneles explicativos que se encuentran en el Centro de Interpretación. Para ello, se elaboró desde el Departamento de Turismo del Excmo. Ayuntamiento de Trujillo una propuesta metodológica a escala regional, a partir de experiencias piloto, para la réplica en ámbitos nacionales y locales. Para ello, tendrá una secuencia que ha incluido momentos de capacitación, la elaboración de guías o cuadernos metodológicos y la implementación de las actividades para cada uno de los temas de trabajo contando con los alumnos de los centros educativos no solo de la ciudad de Trujillo sino también comarcanos (colegios e institutos de secundaria).

JOSE ANTONIO RAMOS RUBIO
Cronista Oficial de Trujillo
Doctor en Historia

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