ANOTACIONES HISTORICAS ACERCA
DE LA FIESTA DEL CORPUS EN TRUJILLO
Por José Antonio Ramos Rubio
Doctor en Historia del Arte
Cronista Oficial de Trujillo
Esta fiesta tiene su
origen en el año 1230, en las visiones de la monja cisterciense
Juliana de Monte Cornelión, priora del monasterio de San Martín
de Lieja. En ellas se le manifestó la voluntad divina de que se
observara una fiesta del Santísimo Sacramento. En 1261 el Papa
Urbano IV será testigo de un milagro que confirmaba estas
visiones, conocido como misa de Bolsena , en que brotó sangre de
la Hostia consagrada.
Esto sirvió para que en el año 1264 publicara una bula que
instituía esta fiesta. El Papa Clemente V en el Congreso de
Viena del año 1311 hará esta fiesta obligatoria para todos los
católicos y será Juan XXII quien confiera su forma definitiva al
añadirle uno de sus elementos primordiales, prescribiendo para
todas las parroquias procesiones especiales en las que se
paseara la Sagrada Forma por las calles a fin de que todos los
hombres pudiesen contemplarla y adorarla.
El punto final de la evolución deberá fijarse en el
Concilio de Trento de 1551 donde adquirió el sentido de
manifestación triunfal de la Verdad contra la Herejía. Los
primeros datos de esta celebración en España se centran en
Valencia en 1355. Durante el Concilio de Trento, derivados de
las normas del mismo, se dio máxima importancia a las
celebraciones de las fiestas eucarísticas, tanto a nivel profano
(fiestas públicas, autos sacramentales, etc.) como a nivel
religioso (solemnidades de cultos y riquezas de actos
litúrgicos).
Según Manuel Trens : "Esta nueva fiesta litúrgica no nació
con nombre propio y definitivo. Urbano IV no le da denominación
propia. Empezó a hablarse de un festum de hoc excellentissimo
Sacramento. Se la llama Sacramentum, festivitas, dies Sacramenti
o simplemente Eucharistía Christi, mientras franceses y alemanes
vertieron en su lengua el nombre de esta fiesta, en España se ha
mantenido su denominación latina de Corpus Christis"
En Trujillo durante los siglos XV, XVI y XVII esta fiesta
del Corpus alcanzó gran importancia, de tal forma que será un
punto obligado de referencia en el atrio de la parroquia de
Santa María durante la Baja Edad Media, trasladándose el foco de
atracción al atrio de la parroquia de San Martín, enclavado en
al actual Plaza Mayor, por la importancia que este centro urbano
iba alcanzando ya en los albores del renacimiento1. Autoridades
eclesiásticas, gremios y cofradías se encargaban de los
preparativos de los festejos que daban comienzo el Jueves del
Corpus y duraba la octava. Los maitines y las horas canónicas
precedían a la misa, celebraba la cual se sacaba en procesión la
Custodia. Para la procesión se contrataban danzantes y músicos
que eran apreciados por los vecinos y gentes llegadas de las
diversas poblaciones comarcanas. Instalado el Sacramento en un
tablado bajo dosel, y levantado el escenario para los cómicos,
se iniciaban las representaciones de autos y comedias.
Aquí el Ayuntamiento se encargaba de la preparación de la
fiesta, contando con la ayuda de los oficios gremiales -que
vivían en barrios que recibían el nombre del oficio que
practicaban-, músicos y ministriles del Concejo que participaban
en la Procesión. Se contrataba al organista que pulsaría desde
1542 los órganos encargados a Juan Ordóñez de León. Los autos
sacramentales, las farsas y las danzas se bailaban en el atrio
de la parroquia citada, en un tablado levantado a tal efecto, y
contratadas previamente por la ciudad. Había una gran variedad
de danzas y así estaban las Mitológicas, como la Danza de París;
Históricas, como la Destrucción del rey Rodrigo; Bíblicas, como
la de Noé cuando salió del Arca; Marianas, como la danza de la
Asunción de Nuestra Señora; Hagiográficas, como la Danza de San
Gregorio, etc1. La importancia de estas danzas de bailes ha
quedado reflejada en el folklore extremeño que conserva una
serie de ellas que podrían ser las Danzas de Negros en
Montehermoso y Danza de Gitanos o de las Italianas, en Garganta
la Olla. El sentido de todo este despliegue escenográfico, así
como los cambios externos que pueden apreciarse en las calles de
todas las localidades que celebran la festividad del Corpus,
supondría ocultar todo aquello que pueda recordar la vida
cotidiana. La Iglesia, con su presencia en el exterior,
sacraliza a la ciudad, convirtiéndola en un templo. Una capa
paralitúrgica parece envolver a esta ciudad mundana y laica.
En Trujillo, a partir del siglo XIX, se concreta casi
exclusivamente en procesión. La reverencia y devoción que se
exigía en la Procesión queda claramente expresado al decir: "tienesse
mucho cuydado que ningún clérigo salga de la processión y que
todos vayan cantando con mucha devoción"
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