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APORTACIONES INEDITAS A LA HISTORIA ARTISTICA DE TRUJILLO: FUNDACION DE CONVENTOS FRANCISCANOS ENTRE LA EDAD MEDIA Y LA EDAD MODERNA

JOSE ANTONIO RAMOS RUBIO
Cronista Oficial de Trujillo - Doctor en Historia del Arte
 

Entre la Edad Media y la Edad Moderna, entendiendo como fecha cronológica posible para nuestra ciudad de Trujillo, el decenio 1492-1500, teniendo en cuenta la importancia que supuso el proceso descubrimiento, conquista y colonización de América, se fundan en el suelo trujillano varios conventos franciscanos pertenecientes a la Tercera Orden Regular1. En este estudio no hemos abordado las características artísticas de los edificios religiosos ni los bienes muebles que celosamente se conservan en los interiores, y que ya han sido objeto de estudio por un servidor en trabajos monográficos2. Pero sí, queremos aportar varios documentos inéditos que hemos localizado y que versan sobre la fundación de los conventos franciscanos en Trujillo, aspecto histórico que nunca había sido tratado por los historiadores, tan solo habían fechado los edificios religiosos por siglos, basándose en los estilos arquitectónicos, pero sin concretar años3. Levantados en distintos momentos, una serie de conventos trujillanos se reparten por el amplio solar de su población, dejando testimonio de religiosidad en nuestros días, aunque en muchos casos tan sólo permanece la huella material del pasado, tal es el caso del Convento de Ntra. Sra. de la Luz, en el berrocal. De cualquier forma constituye un aspecto importante del patrimonio colectivo de la historia de Trujillo. Entre los siglos XV y XVIII se erigieron hasta diez conventos de distinto carácter, contemplativos, mendicantes, predicadores, etc., en nuestro estudio solamente nos vamos a referir a los Conventos franciscanos. Edificios que cumplirán una función social en el incipiente desarrollo urbano extramuros que conoce Trujillo desde finales del siglo XV. De esta forma, las fábricas de conventos como los de San Pedro o San Francisco, en los inicios del siguiente siglo, condicionarán el desarrollo de la población que, a medida que se expandía, se alejaba más de la muralla. La población se irá asentando en torno a los edificios conventuales. La fundación conventual en las zonas situadas en las inmediaciones a la población del Trujillo de principios del siglo XVI serían decisivas para orientar el desarrollo de la ciudad durante los tiempos de la modernidad. Este es el caso del Convento de San Francisco, cuya fundación y su capacidad para servir de foco de atracción para la edificación popular y señorial se expandió hacia zonas colindantes para convertir el extremo SW del casco antiguo en una de las zonas monumentales de la ciudad extramuros. Desde los inicios, el franciscanismo en Extremadura (El convento de Ntra. Sra. de los Angeles, en Robledillo de Gata (fundado en 1214), y el convento de San Miguel de Plasencia (1233), son las fundaciones franciscanas más antiguas de nuestra región4), hasta el siglo XVI, no tuvo entidades independientes: Sus conventos dependían de la Provincia de Santiago de Compostela, en cuyo territorio estaba incluida Extremadura. En 1489, Fray Juan de la Puebla funda la Custodia de los Angeles dependiente de la Provincia de Castilla. En 1500, Fray Juan de Guadalupe promueve la descalcez, forma de la más estricta observancia que fundó la Custodia de Ntra. Sra. de la Luz, y desde 1514 Custodia de Extremadura elevada a rango de provincia en 1519 con total independencia de la de Santiago de Compostela, con el nombre de Provincia de San Gabriel. En 1517, la Custodia de los Angeles obtuvo el título de Provincia de los Angeles desvinculándose de la Provincia Franciscana de Castilla. En 1548 fue erigida la Provincia de San Miguel. En la primera mitad del siglo XVI tres provincias franciscanas se repartían el suelo extremeño: San Gabriel (descalcez), San Miguel (observancia) y los Angeles, de la observancia reformada. El Convento de San Francisco el Real de la Puerta de Coria fue el primer convento fundado en Trujillo por disposición suprema, por Real Cédula concedida por Juan II, en Toro, a 28 de junio de 1426, en favor de Inés de Cristo, Marina Herrera y otras beatas, en atención a los buenos servicios que los linajes a los que pertenecían la mayoría de las mujeres en él iban a profesar, habían realizado a la Corona de España. Manda el rey "al corregidor y demás ministros de la villa de Truxillo, no lleven tributo alguno a dichas beatas, por cuanto de la información que precedió, consta que su vida es la más honesta, virtuosa y solo dedicada a servir a Dios"5. En el Manuscrito de Diego de Hinojosa, encontramos el origen fundacional del Convento de San Pedro de Trujillo: "Luis de Chaves, que dijeron el Rico y el Viejo, el primer hijo que tuvo fue Francisco de Chaves, que mataron en las lomas de Málaga, que es el Reino de Granada, en guerra de moros. Casó con doña Juana Mexía, hija de Juan Núñez. Y éste dejó a Juan de Chaves, que casó con doña Francisca de Ribadeneyra, dama que fue de la Reina Isabel (de Portugal). Señora de gran bondad y prudencia, fue la más cabal mujer que hubo en esta tierra, y así fueron todos sus hijos, de gran cordura y bondad, como criados e impuestos desde niños de tal señora como ella era. La cual también había doctrinado aquella estrella de España, la Reina Católica. Tanto se extiende su buen ejemplo de virtud y en tantas generaciones pasa, que así como la semejanza de los cuerpos se hereda en sus descendientes, así las costumbres del ánimo se infunden con el buen ejemplo y crianza de unos en otros e se derrama a deudos e familia. Tuvieron a Ribadeneyra, que no dejó hijos, y a Juan de Chaves, que fue clérigo, caballero de gran bondad y prudencia; a doña Juana Mexía y María de Sotomayor, que fundaron el Monasterio de Santa Isabel y San Pedro, de esta ciudad, monjas de tanto recogimiento, clausura, ejemplo, vida, gobierno y admistración de su casa, cuales no creo yo otras ningunas del Reino les hagan ventaja"6. Pero, el documento fundacional del Convento de San Pedro lo localizamos trastocados entre varias escrituras, en el Archivo de dicho convento. Según el cual, fue fundado por el sacerdote de la iglesia parroquial de Santa María de Trujillo don García Sánchez, el 16 de marzo de 1493. Fue él quien sentaba verdaderamente las bases para fundar el convento, pues dejaba por su testamento 500 maravedíes de renta, puestos en la dehesa del Palacio del Abad o Torre de Gonzalo Díaz, para sostenimiento de siete beatas de la T.O.R7. Su austera fábrica de mampostería y sillería no presenta al exterior más interés que la puerta de acceso a la iglesia, abierta en el muro meridional, la cual se enmarca en un alfiz quebrado que cobija el escudo de armas de la ciudad. Varios contrafuertes dispuestos en este mismo frente vuelan sobre la calle para permitir el tránsito bajo arcos. El valor arquitectónico del edificio conventual se encuentra en el interior de su iglesia, pues su única nave rectangular se cierra con tres tramos de vistosas bóvedas de crucería estrellada, en cuyas claves están los emblemas de la orden franciscana, de la ciudad de Trujillo y escudo de armas de los Reyes Católicos. Para seguir los pasos de otro convento franciscano, concretamente, el único edificado en el berrocal, conviene partir de los únicos bienes muebles que se conservan. En una capilla del muro de la Epístola de la parroquia de San Francisco de Trujillo se encuentra una imagen en madera policromada de la Virgen María (84 x 42 x 38 cms.) con el Niño (39 cms.), bajo la advocación de Ntra. Sra. de la Luz8. Recibió culto en la ermita franciscana de este nombre situada en el berrocal trujillano, en la finca "Papanaranjas", a 2 kms. de la población, en la carretera que conduce a Guadalupe. Posiblemente, al igual que otras muchas tallas de la Virgen María, esta imagen fue llevada a Trujillo por alguna Orden Militar durante la reconquista definitiva del 25 de enero de 1232, estableciéndose su culto en alguna de las muchas iglesias que se edificaron en Trujillo, ya que el convento de Ntra. Sra. de la Luz no se fundó hasta el año 1500. También, es probable, que los mismos franciscanos trajeran consigo esta imagen. Al carecer de fuentes documentales, hemos de pensar en estas dos posibilidades9. Vamos a pasar a conocer algunos datos históricos sobre la fundación del convento de frailes franciscanos de Ntra. Sra. de la Luz en Trujillo. La presencia de la orden de San Francisco en Extremadura comenzó en el siglo XIII. En la época de los RR. Católicos, debemos destacar la gran labor llevada a cabo por fray Juan de la Puebla y fray Juan de Guadalupe, que fueron los eslabones principales de la propagación del franciscanismo en tierra extremeña, y a fray Pedro de Melgar y Bobadilla, que fue el principal seguidor de los anteriores, fundando varios conventos franciscanos por toda la región10. Don Gómez Fernández de Solís, don Juan de Chaves y don Alvaro de Hinojosa, caballeros de Trujillo, se dirigen en febrero de 1498 al Romano Pontífice suplicando facultad para edificar un convento franciscano en las proximidades de la ciudad de Trujillo (ya había recibido el título de "Ciudad" en 1432)11. Consiguieron la licencia de Roma y construyeron el edificio en las proximidades de la ciudad en virtud de la bula pontificia Super Familiam Domus, de Alejandro VI (25 de julio de 1499). Se hicieron cargo del convento los citados fray Pedro de Melgar y fray Juan de Guadalupe, el día 24 de marzo de 1500 (festividad de la Anunciación); le dieron el título de Ntra. Sra. de la Luz12. De este convento trujillano tan solo se conservan sus muros maestros y, por supuesto, la imagen de la Virgen con el Niño, que fue trasladada a la iglesia conventual de San Francisco, en la ciudad de Trujillo, debido a que el mismo Alejandro VI, mediante otra bula, fechada el 11 de septiembre de 150213, al Vicariato Provincial de Santiago, suprimió el convento de Nuestra Señora de la Luz de los frailes del Capucho14, por el éxito de algunos frailes Observantes, que ya desde un principio querían casa de oración en la misma ciudad, sembrando discordias entre los franciscanos, desplazando a los principales pilares de la reforma en Extremadura, nos referimos a fray Pedro de Melgar y a fray Juan de Guadalupe15. La reconocida labor del primer fraile franciscano del convento de Trujillo, fray Pedro de Melgar, fue confirmada con la bula Sub Suavi Religionis, del 17 de marzo de 1508, confirmando todos los privilegios del Capucho a las órdenes de este fraile citado16. La imagen de Ntra. Sra. de la Luz, es obra protogótica de gran belleza, presentando -Madre e Hijo- elegantes actitudes, con un rostro un tanto risueño de la Virgen contrastando con la rigidez del Niño. Se nos representa a María sedente en un elemental escaño moldurado por los extremos, lo cual la relaciona con la Virgen de la Coronada y con las vírgenes de la región aragonesa. Responde al tipo de trono de Dios, que aparece sentado sobre la pierna izquierda de su Madre, en actitud frontal y rígida. La Virgen sostiene delicadamente al Niño con su mano izquierda, mientras que con la derecha nos presenta la fruta esférica17. La cabeza de María presenta un velo blanco-marfil, que deja asomar el cabello oscuro, con raya al medio y ondas paralelas al plegado del velo. Viste túnica sencilla de color jacinto (el tradicional de la pureza) y manto azul oscuro que cae desde el hombro izquierdo formando ricos pliegues paralelos y algo naturalistas con las angulaciones de raigambre gótica, está cerrada al cuello con un escote redondo y ceñida al cuerpo con un cíngulo de color negro, muy ancho. Bajo los pliegues de la túnica podemos apreciar los zapatos de color negro, puntiagudos, que calza Ntra. Sra. El Niño aparece frontal, en actitud hierática. Lleva en su mano izquierda el Libro de los Siete Sellos y bendice con la diestra. Está coronado, viste túnica talar de color marrón, con pequeños y menudos pliegues en el regazo. Bajo la túnica se observan sus pies descalzos. El trono tiene la misma tonalidad que la túnica de Jesús. Presenta algunas semejanzas con la imagen de Ntra. Sra. de la iglesia parroquial de Villamuriel (Valladolid), obra del segundo tercio del siglo XIII18. Esta imagen fue restaurada por don José Gómez y Gómez en Trujillo, en el año 197819. Obra protogótica, datable a fines del siglo XIII. La fundación del Convento de San Francisco de Trujillo, lugar al que se trasladaron los frailes del Convento de la Luz, se halla inmersa en el proceso de Reformas en que se encuentra la Orden Franciscana a finales del siglo XV, y que supone una primera escisión entre Conventuales y Observantes, a la que debemos sumar una nueva división a finales del siglo XV y comienzos del XVI, con el nacimiento de los Descalzos que preconizan un mayor cumplimiento de la regla. Oponiéndose éstos al " franciscanismo oficial " representado por los Observantes con el respaldo de los Reyes Católicos y el Cardenal Cisneros. Para el seguimento de estos hechos en Trujillo, es fundamental la obra del Padre Fray José de Santa Cruz: Crónica de la Santa Provincia de San Miguel de la Orden de N. Seráfico Padre San Francisco, escrita en 1677. Pese a ser una fuente que debe ser tomada con reservas por estar escrita desde la Observancia, su consulta proporciona interesantes datos sobre la construcción del Convento así como numerosos traslados de Bulas Papales y Cédulas Reales. A esta documentación se puede añadir las fuentes documentales del Archivo Municipal de Trujillo. Constatamos en la Bula Papal de Alejandro VI fechada en 31 de Octubre de 1500 el permiso para levantar en Trujillo el Convento de San Francisco, muy próximo a la plazuela del Azoguejo, y sobre el solar de una mezquita árabe20. Azobejo o "Azoguejo", es término árabe que significa "lugar de mercado permanente", podemos decir que constituye un importante nodo urbano que forma parte de la arteria comercial y de tránsito como era la calle Nueva la cual en esta pequeña plazuela se bifurca hacia la Plaza en dos ramales: el de la calle Tiendas y el que forman las calles de Cuatro Esquinas y Carnicería. Este sería una de las primeras células de la ciudad moderna, en busca de las entradas más accesibles a la ciudad amurallada. Los Reyes Católicos enviaron el 8 de diciembre de 1501 una carta al obispo de Plasencia cediendo a los observantes de Trujillo la mezquita que los moros tenían en esta ciudad, para que construyan en ella el monasterio de San Francisco. A este documento se suceden ocho cédulas reales de las que podemos destacar la fechada en 15 de abril de 1502 por la que se ordena se anexione al convento "una mezquita que auia sido de Moros, y estaua lindera al sitio señalado al Conuento"; la fechada en 14 de septiembre de 1502, por la que se ordena la compra de casas para el Convento; y finalmente la fechada en 24 de noviembre de 1505, por la que se autoriza a la Ciudad de Trujillo para que sus propios compre el terreno en el que habría de asentarse el Convento de San Francisco, comenzando en este año las obras, según facultad real despachada en Segovia. La cantidad autorizada son 50.000 mrs21. La localización del Convento es a su vez objeto de comentario por parte de Fray José de Santa Cruz el cuál señala "... En el primer 14 de septiembre despacharon de Toledo otra carta para que en el sitio que señalo el Obispo de Plasencia, dentro del cual esta la Mezquita que sus altezas han dado, se compren casas, corrales y huertas para el convento o que se compelan a los dueños a venderlas. Señaló el obispo el sitio para el nuevo Convento más adentro que los arrabales que el Hospital del Espiritu Santo a la parte del mediodía y porque hacia esta parte se extendió después la ciudad viene a quedar el convento bien dentro de ella..."22. Respecto a la ocupación del Convento por parte de los franciscanos, en la Crónica del Padre Santa Cruz se menciona una Provisión Real del año 1510 por la que se concede de los propios de la ciudad para la fábrica del Convento una limosna "como dize se auia dado el año pasado". Más adelante sigue diciendo la Crónica ". Ya vivían en el Convento en 1513, año en que les encargó el rey Fernando el Católico "la doctrina de los moros recién convertidos que vulgarmente llaman moriscos..."23. La austeridad que se aprecia en el Convento es explicable si tenemos en cuenta el carácter mendicante de la orden y la austeridad de su programa religioso que, en el plano arquitectónico se materializa en construcciones simples y funcionales. Este carácter de humildad y pobreza parece presidir el proyecto desde sus orígenes hasta la segunda mitad del XVI. A partir de este momento, la orden franciscana es reunificada desde la Observancia y los programas arquitectónicos estarán más en consonancia con los estilos artísticos del momento, conociendo el edificio desde la segunda mitad del siglo XVI una notable ampliación consistente en la construcción de una nueva Iglesia, un claustro y una serie de dependencias paralelas a la calle Sola, cuya construcción se prolonga a lo largo de los siglos XVII y XVIII24. Distinta suerte han tenido estos cenobios como consecuencia del proceso histórico. Las guerras y las desamortizaciones decimonónicas afectaron de una u otra forma a todos los conventos trujillanos. El abandono y la venta de sus edificios a particulares acentuaron las circunstancias que determinaron su deterioro y ruina. No obstante hay que resaltar el cuidado y persistencia de algún ejemplo notable, tal es el caso del Convento de La Coria, rehabilitado para otros usos.


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