TUMBAS ANTROPOMORFAS EN
TRUJILLO
JOSE ANTONIO RAMOS RUBIO
Cronista Oficial de Trujillo - Doctor en
Historia del Arte
Presentamos el
interesante e inédito tema de las tumbas
excavadas en la roca en Trujillo y en su
berrocal. Las tumbas localizadas están situadas:
tres en el Cordel-Cañada, próxima al arrabal de
Huertas de Ánimas, una en el jardín del antiguo
convento de Santa María «monja» en la Villa; una
en Aguas Viejas; dos en la finca «La Redonda»;
dos en la finca “Sauces” próxima a Belén de
Trujillo; una en la cerca «Calderonas» en la
carretera de Guadalupe; una junto a la Alberca
(utilizada durante años como abrevadero); dos en
«La Costera» en el berrocal de la carretera de
Plasencia (1).
El material sobre el que se encuentran talladas
las tumbas está ligado a la litología
predominante, a los afloramientos graníticos de
Trujillo y su tierra. Están aisladas unas de
otras, individualizadas, no forman una
necrópolis completa como se ha dado el caso de
otras tumbas localizadas en la Huerta de la
Aldea en Mata de Alcántara. En Trujillo se
reparten en un área muy extensa asociados a
terrenos de marcada dedicación agropecuaria.
La mayoría de las tumbas localizadas en Trujillo
tienen las cabeceras semicirculares o con arco
de herradura, de hombros y pies rectos y la caja
con forma trapezoidal. Considero que se trata de
tumbas de la alta Edad Media (concretamente
fechadas entre los siglos VI y VII d. C) que se
desarrollaron en unos cementerios rurales de un
tipo muy particular, excavados en la roca
granítica, cuyas medidas varían: en el cordel de
Huertas de Ánimas existe una tumba que mide 1,45
m; mientras que el resto se reparte entre 1,50 y
1,75 m, y tienen una profundidad de 35-40 cm. Lo
cual nos sirve para calcular la altura de los
difuntos. La mayoría de las tumbas están
orientadas (en su cabecera) al Este, aunque
otras presentan una orientación Norte, por
tanto, nada definitorias para establecer una
hipótesis de su disposición hacia Jerusalén (o
sea, W-E). Buscan más bien su mejor colocación
en la roca. Se hallan situadas, en pendiente en
la vertiente sur de una colina y cerca de una
fuente, o incluso en los aluviones de un
torrente, o entre las ruinas de una villa
galo-romana, con orientaciones diversas que
pueden también cambiar de un siglo a otro. Esta
costumbre se difundió muy pronto de norte a sur.
El cadáver se depositaba con frecuencia desnudo
en un sarcófago de piedra. Estas tumbas
generalmente constituían a la vez ataúd y fosa.
Solamente, existen dos cubiertas próximas a la
tumba, en la cerca “La Redonda” y la otra en una
las tumbas cercanas al Cordel de Huertas de
Ánimas. Las cubiertas son lajas de granito que
se colocaban encima de la tumba, posiblemente se
añadiría tierra para reforzar el sellado de la
tumba.
Todo estaba previsto por tanto para la creación
de un mundo privado de los muertos, y la
generalización de la inhumación, incluso antes
de la difusión del cristianismo, acentuó este
carácter. El cementerio rural reproducía el
mundo endogámico de la aldea. En la totalidad de
los casos, no se enterraba al difunto desnudo
sino debidamente vestido No podemos especificar
la existencia de ajuar en las tumbas que
estudiamos. No ha sobrevivido otra cosa que las
humildes hebillas de cinturón, o bien, pequeños
broches de gancho que ceñían la mortaja y que
han sido localizados en las tumbas de las
Torrecillas (Alcuéscar) (2) o los ajuares
localizados en sepulcros excavados en la finca
“Alijar del Canchal” de Robledillo de Trujillo
(3). A algunos difuntos se les enterraba con sus
utensilios, en particular a los herreros, porque
como se decía en la Edad Media: “Conocía el arte
de dominar el fuego y de plegar el hierro a sus
misteriosos conocimientos”. Por eso se le
consideraba como un ser aparte en la aldea,
cuasibrujo a la vez que curandero. También él
tenía un pie en lo sagrado, y por tanto, un
lugar aparte en el cementerio. A otros, en
pequeños grupos, se los enterraba con sus armas
(espada, lanza o broquel), y todo su pequeño
utillaje domestico (peine, pinza de depilar,
etc.). Las mujeres, a su vez, partían al más
allá con sus joyas, collares, brazaletes,
zarcillos. En resumen, el muerto comía, luchaba
o amaba. como un vivo. Su vida era un doble
material de la de un vivo. Se hacia todo lo
posible para mantenerlo tranquilo en su mundo.
Algunos casos particularmente peligrosos se
exorcizaban de forma cruel a los niños que
habían nacido muertos se los empalaba, porque el
inocente no podía permanecer bajo tierra, tenia
tendencia a ascender hacia la superficie en
dirección del cielo y a hacer reproches a los
vivos por no haber vivido. A otros, tal vez
brujos o criminales se los clavaba al fondo de
su ataúd rocoso, mutilados o bien rodeados de un
circulo de carbón de madera purificador. Decir
temor al muerto es decir también intento de
amansamiento. Las vidas de santos y la
arqueología prueban la existencia de casos de
embalsamamiento con mirra. Pero, era preciso
adoptar aún una última precaución, impedir
eficazmente que los vivos violaran las tumbas.
La práctica era ciertamente corriente, han sido
innumerables los arqueólogos que han sufrido una
decepción al descubrir sepulturas ya violadas,
tal es el caso de las existentes en Aguas Viejas
o en la finca de «La Costera», en tierras de
Trujillo.
1.Los profesores Vicente Pastor y Manuel Rubio
Andrada, han localizado algunas tumbas más en el
berrocal, que han presentado en los últimos
Coloquios Históricos de Extremadura, celebrados
en Trujillo.
2 SANGUINO MICHEL: “Antigüedades de las
Torrecillas, Alcuéscar”. B.R.A.H. Tomo LIX
(Madrid, 1911), p. 349.
3 FERNÁNDEZ-OXEA, J. R.: “Seis inscripciones
romanas en tierras cacereñas”. B.R.A.H., tomo CL
(II). Madrid, 1962, p. 130.
La piedra se conserva de forma íntegra, se trata
de un gran bloque de granito duro, con forma
alargada, siendo la parte inferior más ancha y
desde aquí decreciendo de forma continua hasta
la parte superior cuya terminación es prismática
con aristas y vértice redondeados (2,07 x 0,34 –
0,20 de ancho x 0,26 – 0,24 de grosor). En el
inferior de la piedra se produce un
estrechamiento (0,28 de ancho x 0,12 de grosor)
lo que indica su clara función de haber sido
hincada en la tierra unos 40 cm de profundidad,
lo que nos lleva a pensar que la altura que
ofrecía a la vista sería de 1,60 m
aproximadamente (una altura similar a la
estatura humana). El trabajo de la piedra se
concentra en su cara principal estando
ligeramente tallada y pulimentada por lo que
ofrece una cara plana, este trabajo está
intensificado en la mitad superior de la cara
principal. Los laterales también denotan un
trabajo de la piedra con la intención de ofrecer
caras planas, pero donde mayor se acentúa la
labra es en su terminación prismática. La cara
principal muestra un dibujo esquemático con la
representación de un antropomorfo (1,13cm). En
la parte superior dos cazoletas flanquean una
línea vertical con un ancho más o menos uniforme
que abarcaría desde la cabeza hasta la pelvis.
Bajo las cazoletas una línea horizontal marcaría
la diferencia entre lo que sería el rostro con
el cuerpo. Los hombros lo conforman a su vez
otra línea horizontal que se unen con los brazos
en ángulo recto ligeramente curvados, y estos
brazos caen en dos líneas verticales, paralelas
al cuerpo hasta la zona de la pelvis
aproximadamente, siendo el brazo derecho
ligeramente más largo que el izquierdo (tras la
limpieza de la piedra se pudieron observar tres
trazos paralelos a la altura de la mano
izquierda que indicarían los dedos de la mano).
A la mitad de la línea del cuerpo, sobresale
hacia la derecha un surco cuya terminación se
ensancha. Desde la pelvis se marcan las dos
piernas que se abren en forma de U abierta, cuya
terminación en los pies se estrechan
ligeramente. La pierna izquierda resulta algo
más corta que la derecha, y su terminación es
ligeramente curva hacia la derecha marcando así
la forma del pie o la disposición de caminar. El
grabado del dibujo está realizado mediante la
técnica de incisión, la cual posee una sección
en forma de U abierta. Este grabado está
rehundido de forma más aparente en su parte
superior (aproximadamente 4mm) y decrece hasta
hacerlo casi inapreciable a medida que se
aproxima a la parte inferior.
Paralelos y Conclusiones
Las estelas de guerreros son unas
manifestaciones líticas realizadas por el hombre
que se han venido dando en la zona suroeste de
la Península Ibérica. Hasta el momento se han
localizado cerca de un centenar de ejemplares,
los cuales están concentrados en cuatro zonas
diferentes: I- Sierra de Gata, II- Valle del
Tajo – Sierra de Montánchez, III- Valle del
Guadiana – Valle del Zújar y IV- Valle del
Guadiana . La estela de Bayuela estaría
englobada dentro del segundo grupo, aunque con
unas características propias que la distingue
del resto como veremos más adelante. La
característica general de este tipo de
representaciones es a grandes rasgos la
disposición de espada, escudo y lanza (en un
primer momento) a la que se irá uniendo la
representación del guerrero junto con otros
atributos de “prestigio” como el casco, el
carro, la fíbula, el espejo o el peine entre
otros. La función que desempeñaban estas estelas
era de claro carácter funerario , pero lo que no
parece evidenciar es la relación directa de la
estela con una tumba concreta o un guerrero en
concreto sino que es un concepto más
englobalizador de una sociedad jerarquizada en
el que el rito funerario era a base de cistas .
Otra teoría al respecto es que tuvieran una
función como marcadores territoriales mostrando
así zonas vinculadas con recursos naturales o
zonas de paso, pero sin perder su identidad
funeraria y jerarquizadora de una sociedad . En
cuanto al análisis comparativo de nuestra estela
hemos de decir que la piedra en sí pudo haber
tenido originalmente una función de menhir y
posteriormente trabajada para convertirla en
estela. La medida en altura de 2,07m la
convierte en una de las estelas más grandes de
la zona suroccidental, ya que hasta el momento
las más grandes encontradas son Fuente de Cantos
(2,31m), San Martinho II (2,23m) y Cancho Roano
(2m). Su forma vertical con clara apariencia de
haber estado hincada en la tierra se corresponde
con las estelas de Magacela, San Martinho II,
Cancho Roano, Fuente de Cantos o Ervidel II. El
trabajo de la parte superior de la piedra parece
ser también algo en común entre las conservadas
de estas características, normalmente esta
terminación suele ser en forma de betilo
(terminación en forma de cono o falo)
acentuándose una forma cónica o prismática. El
gran parecido de la estela de Bayuela lo
encontramos en la estela de Magacela, como
terminación prismática, aunque otros ejemplos
son las estelas de San Martinho II, Cancho
Roano, El Viso I y Talavera de la Reina. El
dibujo principal parece representar lo que sería
la figura de un guerrero. Pero llaman la
atención dos aspectos novedosos que la
distinguen del resto de las estelas halladas:
por un lado los 1,13m de longitud, con esta
medida la convertiría en la representación de
antropomorfo más grande de las estelas del
suroeste (hasta el momento el más grande era el
antropomorfo de Esparragosa de Lares I con
0,85m); y en segundo lugar la ausencia de armas
o “elementos de prestigio” en su representación.
Cabría la posibilidad de especular l que la
línea que sobresale a la derecha de su tronco,
pudiera tratarse de la empuñadura de una espada,
pero el hecho de que su grabado no sea
clarificador, su trazo sea curvo, y no haya
continuación de este trazo a la izquierda del
tronco, hacen que no podamos asegurar el
significado del mismo. No obstante, está
documentado la aparición de espadas cruzadas a
la cintura del guerrero, la mayoría de ellas con
la empuñadura a su derecha como son los casos
de: Talavera de la Reina, Cabeza de Buey II y
III, Navalvillar de Pela, Capilla II y IV, Zarza
Capilla I, Benquerencia de la Serena, Magacela,
El Viso II-III y IV, Chillón, Herrera del Duque,
Olivenza, Setefilla, Los Palacios y Ervidel II.
El antropomorfo parece que estuviera
representado en posición de caminar hacia la
derecha, dado que la finalización de la pierna
izquierda se representa ligeramente curvada
hacia la derecha. Ejemplos de guerreros en esta
disposición también están documentados en las
estelas de: Zarza de Montánchez, Las Herencias
II, Aldeanueva de San Bartolomé, Cabeza de Buey
II y III, Esparragosa de Lares I, Capilla II y
IV, Zarza Capilla I, Magacela, El Viso II y IV,
Belalcázar, Herrera del Duque, Los Palacios,
Écija IV, Ategua, Almargen y Ervidel II. Por
último habría que destacar la representación del
rostro, ya que a diferencia del resto de
representaciones antropomorfas en las que
mayormente la cabeza es un simple punto circular
bien rehundido o grabado, aquí hay una intención
de reflejar los rasgos principales de forma muy
esquemática, así los ojos lo forman dos
cazoletas, la nariz es un trazo vertical que
conectaría con el cuello y tronco, y la boca
sería la línea horizontal que precede a la línea
de los hombros, la cual también haría la función
de separar el rostro del resto del cuerpo. Esta
forma de representar el rostro se asemeja
bastante a la representación de la estatua
menhir - estela de guerrero de Talavera de la
Reina, diferenciándola de la de Bayuela en su
mayor realismo, la disposición de la nariz como
un rectángulo de bordes redondeados y la boca
por medio de una cazoleta . A su vez la estatua
menhir de Talavera posee rasgos parecidos con
las estatuas menhir de Valdefuentes (Salamanca)
o Segura de Toro (Cáceres).
La estela antropomorfa de Castillo de Bayuela se
trata de una aportación más a las estelas del
Suroeste Peninsular, y concretamente a las
estelas halladas en la provincia de Toledo,
siendo estas las de Las Herencias I y II ,
Talavera de la Reina y Aldeanueva de San
Bartolomé . Se trata por tanto de una valiosa
aportación al patrimonio arqueológico que ofrece
la Sierra de San Vicente, dado a conocer entre
otros, por investigadores como Julio Sánchez Gil
y César Pacheco . La aparición de esta estela
demuestra la importancia y continuidad de una
población que habitaba los cerros de Castillo de
Bayuela desde la Edad del Bronce a la Edad del
Hierro. Cronológicamente pertenece a una etapa
final de la Edad del Bronce (s.X-VII a.C) siendo
anterior a la cronología de los verracos
vettones de Bayuela (s.IV-II a.C), incluida en
el conjunto III de la propuesta de evolución de
las estelas dada por Domingo Portela y Juan
Carlos Jiménez, caracterizada por convertir la
figura humana en el motivo principal de la
estela . |