SANTA FAZ: UNA OBRA INÉDITA
DE ZURBARÁN EN TRUJILLO
JOSE ANTONIO RAMOS RUBIO
Cronista Oficial de Trujillo - Doctor en
Historia del Arte
Con motivo del
400 Aniversario del Nacimiento de un pintor
extremeño universal, queremos destacar con
motivo de la Semana Santa que en el Convento de
San Pedro de Trujillo se conserva un lienzo de
sumo interés artístico, se trata del paño de la
Verónica o Santa Faz, obra inédita, que dadas
las características que presenta puede ser
atribuida a Francisco de Zurbarán, ejecutada
hacia el año 1659. Nació en la localidad pacense
de Fuente de Cantos el 7 de noviembre del año
1598. En sus obras podemos encontrar firmas
como: Zurbarán de Salazar, no utilizando el
apellido Márquez materno, al libre albitrio del
uso de los apellidos frecuentes en su tiempo.
Universal entre los grandes pintores españoles
del siglo XVII. Fue prácticamente ignorado
durante más de cien años. Empezándole a admirar
los románticos europeos y los realistas
inmediatos, no ha sido debidamente apreciado y
estudiado hasta nuestro siglo. Así pues, y hoy
por hoy, Zurbarán es la última gran personalidad
artística del pasado español puesta en muy alto
valor. Zurbarán fue el pintor monástico por
antonomasia, en un país como España, donde raro
fue el caso de quien ejerciera entonces el arte
sin acogerse a la incontable tarea promovida
encargada por templo, cofradías y clausuras
religiosas. Eugenio d'Ors lo consideró "el más
español de todos los artístas españoles",
impresión que de inmediato produce Zurbarán a
propios y a extraños. Zurbarán actuaba muy a su
personalísimo modo dentro del barroco Europeo.
No es que sea única su severidad. Otros pintores
provinciales se complacieron en disponer la
fuerza de la expresión en la mayor simplicidad
posible de las formas. Pero se nos antoja en
nuestro siglo que nadie lo hizo con tanta
intensidad. Fue Zurbarán pintor de formas que
gravitan indefectiblemente por el sobrecogedor
peso de su realidad. De suerte que, si esas
formas se trascienden, no es porque a ellas les
esté concedida la gracia de la mística
levitación, sino por la humanística unción del
alma en la más colmada materialidad de cuanto se
produce y se representa. Hasta cuando Zurbarán
elabora algunos de sus grandes lienzos mediante
coordenadas dinámicas -o con ciertos
hacinamientos barrocos y acumulativos-, el
poderío volumétrico y matérico de cada
personaje, objeto, paño o arquitectura frena el
movimiento e impone la grandeza de la
monumentalidad; algo así como el estatismo
sacralizador de que tanto se valdría el arte
antiguo para plasmar el imperio de lo inmutable,
los dioses en lo eterno que nada ni nadie podría
alterar y estremecer. Raro será quien no subraye
la monumentalidad zurbaranesca. Lo mismo que la
sobriedad de su paleta, apenas necesitaba de las
paupérrimas tierras, los pardos y el blanco del
que tanto se ha hecho lenguas el espectador
moderno. Se da por sentado que sus modelos eran
los mismos monjes y frailes que tanto atinaron
en tenerle ocupado en pintar. La sensación de
individualidad viva e inconfundible es obsesiva
en todos los tipos humanos de que se valía. Ni
las miradas de éxtasis endulzan su ancestral
rudeza. Se trata de hombres de pelo en pecho,
hirsutos, andaluces o extremeños, tan
encallecidos como para que se les pudiera tener
también como de la calcinada estepa castellana;
hasta lo tópico y literalmente noventaiochista.
Claroscuro, síntesis formal -dentro de una
contundente visión realista-, energía
volumétrica y potenciación de las calidades son
cuatro virtudes que conjugan e imbrican en el
arte de Zurbarán. En cuanto a las calidades,
deben entenderse desde un doble planteamiento:
como textura matérica y como aprehensión de la
propia de los objetos y seres pintados, es
decir, tal cual preocupaba al sensorialismo
realista. Zurbarán realizó diez versiones del
tema de la Santa Faz que se encuentran
repartidos por todo el mundo en museos y
colecciones particulares. Este lienzo de
Trujillo es una nueva aportación al rico
patrimonio artístico de la ciudad. |