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JUDERÍA |
Texto: Jose Antonio Ramos
Rubio
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El recorrido
consciente por el ámbito de las antiguas juderías
españolas constituye, aún hoy, una experiencia
apasionante. Cuando todavía existen grupos de presión
cultural que ponen en duda la radical importancia de la
presencia judía en la Península Ibérica medieval, un
paseo por sus ciudades y pueblos viene a demostrarnos,
sin lugar a discusión, que aquellos cerca de trescientos
mil hebreos contribuyeron radicalmente a la definición
del perfil sociológico de aquellos Estados medievales.
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El Cronista Oficial de
la Ciudad de Trujillo, el Dr. José Antonio Ramos Rubio,
lleva cuatro años investigando la presencia judía en la
ciudad, y ha localizado completamente no solo el solar
de asentamiento de la comunidad judía sino también la
estructura y la planimetría completa de la sinagoga que
hubo en Trujillo. Basándonos en los estudios de José
Antonio Ramos, exponemos la ruta de la judería, un
aliciente más para los investigadores y para los
turistas en su paseo por Trujillo. |
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Referente a los
orígenes del establecimiento de los judíos en algunas
poblaciones de la actual provincia de Cáceres -en otros
tiempos fraccionada en Castilla y Extremadura- tal es el
caso de Trujillo, por los datos de carácter epigráfico
que se poseen, le sitúan en los alrededores del comienzo
de nuestra Era. La llegada de judíos en número
suficientemente grande como para constituir comunidades
bien diferenciadas e indicar una entrada masiva de
judíos en la península con motivo de la gran diáspora
que tuvo lugar tras la destrucción de Jerusalén a manos
del futuro emperador Tito en el año 70 de nuestra Era.
De todos modos, en el siglo IV la población judía era ya
muy numerosa en la Península Ibérica y en las islas
Baleares. Lo revela la preocupación de los obispos
reunidos en el Concilio de Illiberis celebrado en los
primeros años de esa centuria. Igualmente, la carta del
obispo menorquín Severo, escrita un siglo más tarde, en
el año 418, pone de manifiesto que la población judía se
hallaba plenamente integrada en la vida hispanorromana
del Bajo Imperio. |
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Durante el periodo
arriano de la dominación visigoda, los judíos se
beneficiaron de cierta tolerancia. Algunas leyes del
Código Teodosiano, discriminatorias para ellos, se
incluyeron en el Breviario de Alarico, pero puede
decirse que, en general, su vida discurría por cauces
tranquilos. Su base de subsistencia lo mismo que para
visigodos e hispanorromanos, era, sin duda, la tierra,
que cultivaban por sí mismos o con ayuda de esclavos.
Algunos desempeñaban el papel de administradores de
haciendas, propiedad de cristianos. De los documentos
existentes se deduce que habitaban sobre todo en los
núcleos culturalmente más avanzados: la capital, Toledo,
y las regiones meridionales y orientales de la
Península, especialmente la costa mediterránea, sin
olvidar las islas Baleares o ciudades de fuerte
raigambre romana como Mérida. Sabemos también que
observaban los preceptos fundamentales del judaísmo: la
circuncisión, el sábado y las fiestas, las leyes
alimenticias y las relativas al matrimonio y los
esclavos.
Con la conversión de Recaredo al catolicismo, la
situación de los judíos cambia radicalmente; los
monarcas visigodos comienzan a perseguirlos según era
usual entonces en todo el orbe católico. Sisebuto será
el gran impulsor de la política antijudía y a partir de
su reinado y en todo lo largo del siglo VII proseguirá
esta legislación no ya discriminatoria, sino hostil que
culmina en el año 694, durante el reinado de Egica,
reduciendo a la esclavitud toda la población judía y
confiscando sus bienes. |
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De la época visigoda
poseemos escasos datos sobre esta comunidad judaica en
Trujillo. Entre los siglos V y VII había establecida en
Turgalium una de las colonias de comerciantes orientales
y judíos más importante de la península Ibérica, la cual
estaba íntimamente relacionada con el comercio exterior,
y como el resto de las comunidades judías de España,
sufriría los restricciones y ambiente antijudío
decretado y creado por los códigos de los Reyes
visigodos (sobre todo por el código de Sisebuto
decretado el año 612 y el de Ervigio en el año 681) así
como por los Concilios de los obispos españoles, como el
de Toledo del año 633 y el del año 638. Por la situación
en que se encontraban los judíos durante el tiempo del
reinado visigodo, nos hace suponer que esta comunidad
acogiera con alegría e incluso contribuyera a la
conquista por las tropas agarenas en todo el territorio
Hispánico. |
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Trujillo y su zona fue
uno de los puntos de más antiguo establecimiento de
judíos en España, esta afirmación nos queda probada con
el hallazgo de una lápida con caracteres hebreos de
época romana, en la muralla que circunda la villa junto
a la destruida puerta del Oreto. Dicha inscripción se
encuentra en la actualidad depositada en el antiguo
conventual de San Francisco. Aparte de esta inscripción,
y otra más localizadas en el muro septentrional del
Espolón, no tenemos ningún documento que nos ofrezca
noticias de la comunidad judía trujillana hasta el
padrón de Huete confeccionado en el año 1290.
En el siglo IX la comunidad judía de Torgiella dependía
de la autoridad judicial judía de Mérida, que por aquel
entonces era la comunidad hebrea más grande la parte
occidental de la península Ibérica. Y es muy probable
que la judería trujillana recogiera alguno de los judíos
que a lo largo del siglo IX salieran de Mérida, ciudad
de constantes rebeliones frente a los emires de Córdoba,
al destruir Muhamad sus fortificaciones, al no querer
vivir en una ciudad sin defensas.
Según una antigua tradición recogida por el cronista
hispano hebreo del siglo XII, Abrahán ibn Daud, crónica
hebrea titulada Séfer ha-Qablalá, hubo muchos de los
deportados por Tito a la península Ibérica que se
establecieron en Mérida, lo cual nos hace pensar que
entre estos deportados, debido a la cercanía de Trujillo
y Mérida, se encontraron algunos de los primitivos
judíos que se asentaron en nuestra ciudad y su zona.
Continuando con la tradición de Daud, nos dice que la
mayoría de los judíos, que en aquel tiempo se asentaron
en la península eran artesanos dedicados al trabajo y
comercio de la seda, los paños, los cueros, etc.
En la primera mitad del siglo XII nos dice el geógrafo
árabe El Edrisí, en su descripción de España, al hablar
de Trujillo: "Sus muros están sólidamente construidos y
hay bazares bien provistos". Lo que nos da una idea de
que seguía siendo una de las villas donde tenía gran
importancia el comercio. Parte importante de este
comercio lo ostentaban los judíos.
Con la invasión musulmana, nuevas posibilidades se
abrieron ante la población judía de España. Los judíos
desempeñaron un papel de primera importancia durante la
Reconquista. Sus esfuerzos se aunaron con los de la
población cristiana, que se había levantado para
sacudirse el yugo musulmán y recuperar su independencia.
En la historia de la P. Ibérica han dejado profunda
huella las expediciones militares de unos monarcas que,
para llevarlas a cabo, se apoyaron en la sabiduría de
grandes líderes cristianos y de cortesanos judíos de
excepcional capacidad. |
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A partir de la
Reconquista es evidente que en muchas de las villas y
ciudades, como Trujillo (25 de enero de 1232), cuando
entraron los cristianos ya había judíos allí. Lo primero
que salta a la vista es lo favorable que resulta para
los judíos la política de los reyes de León o Castilla y
demás estados peninsulares en los siglos XI al XIII, en
contraposición con lo que entonces ocurría en toda
Europa, entendiendo por favorable la tolerancia hacía su
religión, el otorgamiento de la igualdad de derechos con
los cristianos y la concesión de una gran autonomía en
su organización administrativa, jurídica y aún
económica. Esto era como consecuencia de la ayuda que
necesitaban los reyes para llevar a cabo sus conquistas
y posterior consolidación de la mismas, pues en los
siglos XI al Xlll, era muy poco abundante la figura de
los que hoy llamamos un financiero. Aquí los judíos
acaudalados tenían un ancho campo. Adelantaban a los
reyes, obispos y magnates los dineros que precisaban
para la guerra para las necesidades de su casa,
incrementando de esta forma no solo su fortuna sino
también su poder. Cristianos y judíos convivieron
pacíficamente durante mucho tiempo en los diversos
reinos medievales de la Península Ibérica. Esto no
significa que ambas comunidades hubieran establecido una
tregua en el terreno de las ideas. Antes al contrario,
las armas ideológicas nunca dejaron de estar preparadas
para el combate. A los ojos de los cristianos, los
judíos eran un pueblo deicida. Si se aceptaba a los
hebreos en tierras cristianas era únicamente con la
esperanza de ver cumplidas las profecías que anunciaban
la conversión final de los judíos a la fe católica.
Ahora bien, la hostilidad ideológica no fue obstáculo
para que, salvo en determinados momentos por lo demás
excepcionales, reinara relativa armonía entre cristianos
y judíos hasta los años finales del siglo XIII.
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Las duras
disposiciones antisemitas del Concilio de Letrán de 1215
no fueron llevadas a la práctica (se ordenaba, entre
otras cosas, que los israelitas llevaran un signo
distintivo que los identificara) no fueron llevadas a la
práctica en tierras hispanas. A escala popular, la
inquina antijudía estuvo amortiguada, tanto por la
expansión generalizada que vivieron los reinos
cristianos durante los siglos XI-XIII, como por el hecho
de que en esas centurias apenas atizaran los
predicadores el fuego antisemita. La necesidad de atraer
pobladores a los reinos cristianos y la urgencia de
contar con artífices en menesteres especializados
(comercio, medicina) explican que los judíos, muchos de
los cuales habían huido de Al-Andalus al producirse las
invasiones de almorávides y almohades, fueran no sólo
tolerados en la España septentrional, sino incluso bien
recibidos.
Los judíos aparte de escalar posiciones por su ayuda
financiera, las iban consiguiendo por sus labores
administrativas gracias al adiestramiento adquirido en
los estados musulmanes, lo que les hacía muchas veces
imprescindibles en los nuevos estados cristianos y en
los nuevos municipios. A ello se añade el conocimiento
de los territorios conquistados, ya que en ellos habían
vivido siempre.
Tras la reconquista, se crearon barrios nuevos, lo mismo
en las ciudades de raigambre antigua, tal es el caso de
Trujillo, que en las recién fundadas. Recibieron
privilegios de los reyes conquistadores y su papel se
vio reconocido en los fueros que los monarcas otorgaban
a las poblaciones. Se formó y desarrolló una clase
urbana, y con ella, esos barrios judíos cuyos restos
podemos rastrear en las proximidades de la actual plaza
mayor de Trujillo, calle de Tiendas, calle Gurría y
plazuela del Azoguejo o "mercado permanente". La aljama
en los primeros años que siguieron a la Reconquista
estuvo en el centro de la ciudad, lo que nos hace pensar
que la antigua aljama de Trujillo debió estar próxima a
la iglesia de santa María la Mayor. En este tipo de
Aljamas no era frecuente que los judíos se dedicaran al
préstamo, aunque siempre había alguno que daba dinero a
crédito.
En el siglo XIII, en Castilla la judería más grande, no
sólo en número, sino también, en importancia económica y
cultural, era Toledo, a distancia de las demás. En
Andalucía destacaban Sevilla, Córdoba, Jerez y Jaén, que
entonces comenzaban a rehacerse y engrandecerse. En
Extremadura, Trujillo, Cáceres, Plasencia y Badajoz. En
el norte, Burgos, y entre éstas y Toledo había una serie
de juderías de similar tamaño e importancia: Palencia,
Sahagún, Villadiego, Carrión de los Condes, Valladolid,
Medina del Campo, Peñafiel, Ávila, Segovia, Soria,
Medinaceli, Guadalajara, Cuenca, Huete y Talavera. Al
oeste había pocos judíos, siendo de mención León,
Salamanca y Zamora. Fuera de éstas, había otras menores
(Haro, Miranda de Ebro, Vitoria, Ayllón, Maqueda, Ocaña,
etc ). En el siglo XIV se incrementaron las juderías
rurales, sobre todo en Andalucía y Extremadura
Los monarcas cristianos habían protegido decididamente a
los israelitas, considerándolos posesión particular
(eran los servi regis). Numerosos hebreos habían ocupado
puestos claves en el gobierno, tanto del reino
castellano-leonés como de la corona de Aragón, y
desempeñado un papel de primera magnitud en el orden
intelectual, según se puso de manifiesto en la Escuela
de Traductores de Toledo.
El año 1290 se confecciona en Huete un padrón de
impuestos, como queda dicho anteriormente, es el primer
dato escrito ( aparte de los epigráficos, ya citados)
que tenemos de los judíos de Trujillo, según éste a los
judíos de Trujillo les correspondía pagar 3.769
maravedís, mientras que Plasencia paga 16.44 maravedís,
siendo de todas las juderías extremeñas la que más paga
y por tanto la más grande de aquellos tiempos en la
región.
Tras Plasencia, vendría en importancia Trujillo, seguida
de Cáceres, Coria, Mérida y Badajoz. De este siglo no
tenemos más noticias que este padrón de impuestos pero
podemos imaginar que no sería muy diferente de lo que
era habitual en otras aljamas castellanas.
Por regla general en las juderías como la de Trujillo,
la mayoría de la población la componían en esta
centuria, artesanos y pequeños comerciantes. Siendo los
oficios más habituales los de sastre, guarnicionero,
pellejero, zapatero, herrero, alfarero, tintorero. Junto
a ellos estaban los tenderos. Y al lado de todos ellos
solía haber siempre algún estudioso de la Tora o Ley
Judía, los cuales eran mantenidos por la comunidad.
A lo largo del siglo XIV la convivencia entre judíos y
cristianos se va deteriorando. Surgen también en el
interior de las juderías luchas sociales, las cuales
terminan con los privilegios de algunos aristócratas
judíos. Los datos que del siglo XIV tenemos nos indican,
sin embargo, que en esta centuria su población y su
pujanza se habían incrementado bastante. Diversos
documentos fechados en la mitad de ese siglo nos
muestran a ciertos judíos comprando y vendiendo terrenos
y dedicados al comercio de paños.Destaca entre ellos la
familia Cohen, dos de cuyos miembros, don Cague y don
Sayas, hijos de don Yusef Cohen, compran, en 1347 y
1350, a dos hermanas, Leonor y María Alfonso, la heredad
y dehesa de las Abiertas, en termino de Trujillo por un
total de 18.000 maravedíes. Curiosamente, trece años
después, en 1363, don Sayas y los herederos del entre
tanto fallecido don Cague Cohen venden esa misma heredad
y dehesa al monasterio de Guadalupe en un precio
ligeramente inferior a 17.500 maravedíes.
Quizás el dato mas llamativo y también el más difundido
que conocíamos de esta decimocuarta centuria sea el
relativo al curioso episodio que nos refiere el
Canciller don Pero López de Ayala en su Crónica del rey
don Pedro. Según cuenta, en 1355, cuando el célebre
tesorero real don Samuel Halevi le pide al monarca, como
lugares seguros, dos castillos para emplearlos como
deposito donde amontonar los dineros con que pensaba
acrecer el tesoro del rey, elige precisamente junto a de
Hita, el alcázar de Trujillo16. Años más tarde, en 1387,
el rey Juan I otorgaba a Alvaro de Ponte cinco mil
maravedíes de la cabeza de pecho de la aljama de los
judíos trujillanos, quiere decir que esta aljama pagaba
bastante mas de impuestos que un siglo antes, lo cual
supone probablemente un incremento de su población
Una de las escasas noticias de vida intelectual y de
estudios rabínicos de los judíos extremeños, durante
esta centuria, la tenemos en Trujillo. Dicho datos es un
colofón de un manuscrito que se guarda en Munich, y es
la copia de las Tasafot al tratado talmúdico, que
terminará de copiar el calígrafo Abrahán bar Yosef
Haluzo en febrero de 1360. El hallazgo de este documento
hace pensar que por esta fecha funcionara en la
comunidad judía de Trujillo una academia rabínica.
El aumento de la población judía de Trujillo, a lo largo
de esta centuria, pudo ser debido a la emigración de los
judíos andaluces, donde las relaciones entre judíos y
cristianos se encontraban bastante deterioradas, y más
concretamente en la diócesis de Sevilla, donde nacerían
los graves sucesos de 1391. Huyendo de este peligroso
clima que se iba creando llegaron muchos judíos a estas
tierras extremeñas, que por entonces estaban poco
pobladas y mucho más pacíficas y a la vez por estar
cerca de la frontera de Portugal, lo cual, era buena
cosa para huir en caso de apuro.
A raíz de estos hechos comienzan a celebrarse una serie
de Cortes de Castilla durante los años 1405 y 1406 que
servirán de "plataforma legal antijudía". Las antijudías
salida de estas Cortes, son las que a lo largo de la
primera mitad del siglo XV se lleven a cabo gran número
de conversiones, siendo estas las menos auténticas y
sinceras, siendo la mayoría falsas y oportunistas y
ocasionando el problemas de los falsos conversos
El 2 de Enero de 1412, a petición de fray Vicente Ferrer
el gobierno de Castilla promulga en Valladolid el
"Ordenamiento sobre el encerramiento de los judíos",
conjunto de 24 disposiciones, extremadamente
restrictivas contra los judíos. Aunque debido a
privilegios que reyes posteriores les habían concedido
no se llevó plenamente a cabo hasta el ordenamiento de
1440 de los Reyes Católicos en nuevos barrios, podemos
ver por algunos documentos que esto no fue sencillo.
Dice parte de uno de ellos: "... por cuanto los dichos
judíos no dexavan las dichas casa la reçibiesen...", a
partir de esta fecha comienza aumentar la nueva judería
enclavada, como ya dijo antes, por La Rinconada, donde
vivían los más ricos y estaban situados los mesones, y
sus aledaños, calle Nueva, calle Tiendas donde se
encontraba situada la sinagoga y que probablemente por
aquel entonces fuera llamada también calle Nueva y se
prolongara hacia la actual que lleva este nombre
Tras la muerte de Enrique IV, se disputan el trono de
Castilla doña Isabel, hermana del Rey y doña Juana, hija
de Enrique IV, conocida por "La Beltraneja" y de la que
se pone en duda la paternidad del rey.
Gran parte de la Ciudad es partidaria de la Beltraneja,
que días antes de su boda, tiene que abandonar Trujillo,
donde estaba previsto su enlace con el rey de Portugal,
y huir a Plasencia donde se celebran los esponsales,
debido a la proximidad de las tropas de la reina Isabel.
La comunidad judía al igual que ocurrió con la cristiana
se encuentra dividida por los dos bandos, así por una
carta escrita desde Tordesillas el 9 de Marzo de 1476 al
corregidor de Trujillo son García Gil de Miranda, por
los Reyes Católicos, sabemos como el vecino judío de
Trujillo Mayor Barchillón y sus hijos, apoyan al bando
de doña Juana y el rey de Portugal, siendo por esto
confiscadas sus propiedades.
Con motivo de la sublevación del Marqués de Villena en
el año 1475 las tropas que mandaron los Reyes Católicos
para acabar, en la Ciudad, con la sublevación cometieron
bastantes atropellos contra los derechos de los judíos,
dichos atropellos son demandados ante los monarcas por
Salomón Romí como representante de la comunidad judía de
la ciudad, así les demandan la cama, comida, les obligan
hacer guardia en los muros de la ciudad y a limpiar los
establos.
La reina reconoce las peticiones y demandas de Salomón
Romí, y pone a la comunidad judía de Trujillo bajo su
protección y manda una carta desde Cáceres al Concejo
trujillano prohibiendo estos abusos y a la vez les
recuerda que los judíos de esta aljama están "en mí
guarde e seguro o so mi amparo e defendimiento real".
Por esta fecha era alcalde y juez de los judíos de
Trujillo don Diego Pizarro, al cual por carta fechada en
Valladolid el 25 de Mayo de 1476, le quitan los monarcas
de su puesto, como consecuencia de los abusos que ha
cometido contra los judíos, dichos abusos fueron puestos
en conocimiento de los reyes por los dos componentes de
la comunidad judía de Trujillo: Rabí Yuçe e Rabí Mose.
Durante este período de transición y pacificación del
país los judíos sufrieron varios asaltos a sus
propiedades y derechos, así el vecino de Trujillo Yuçe
Arrobas, fue hecho prisionero por Nuño Yerro de Avila
cuando se dirigía a la feria de Medina del Campo, siendo
detenido durante 9 días, consiguiendo su libertad tras
pagar 14.000 maravedís. Yuçe Arrobas recurrió a los
Reyes y el 12 de Junio de 1478 le fue concedido una
garantía, un certificado, para recobrar el dinero del
rescate que había pagado. |
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Por diversos
documentos que se conservan en el Archivo Municipal de
Trujillo sabemos que, tras producirse en 1480 el
apartamiento de judíos y moros en nuevos barrios,
algunos judíos, especialmente los mas ricos, vivían en
un lugar de la ciudad llamado La Rinconada y que también
la calle Nueva formaba parte de la judería (aún se
conservan casas).
De este reinado son la mayoría de las Ordenanzas
Municipales que el Concejo de Trujillo dictó contra o a
favor de los judíos, entre ellas podemos citar las
siguientes:
- Que no se compre carne
degollada de judío o moro.
- Que no compren los judíos ni moros pan, ni trigo, ni
harina en el mercado antes de salida de misas mayores de
San Martín.
- Que las mercaderías no entren por las morerias ni
juderías.
- Que no compren los judíos ni moros pollos ni gallinas,
ni asnares ni otras aves, ni cabritos, ni uvas ni otras
frutas hasta después de salir de misas mayores de San
Martín
- Que los judíos y moros no compren pescado fresco en
día de ayuno
- Que los judíos y moros metan sus tiendas en sus
apartados los días de domingos y fiestas de santos
- Que los judíos y moros no se igualen con el alguacil
Como podemos ver por las ordenanzas citadas
se les trata con bastante discriminatoriedad respecto a
la clase dominante, obligándoles a los judíos y moros a
comprar género que el cristiano ya había despreciado, es
decir, las sobras, y a la vez se les delimitaba el campo
laboral con la primera ordenanza citada.
No obstante existieron épocas que las buenas relaciones
entre cristianos y judíos ( o al menos en algunos
sectores ) son patentes, así tenemos el caso de Mayor
Barchillón, partidario de doña Juana, que actúa como
abogado procurador del municipio hasta el año 1484,
aunque los Reyes Católicos, a petición del recaudador de
las alcabalas de la ciudad de Trujillo, le prohibieron
ejercer su oficio y recibir dinero del Concejo, por
carta dada en Toledo el 20 de Marzo de 1.480. Pero el
concejo hace caso omiso de este mandato pues el 24 de
Septiembre de 1.484 los monarcas mandan otra carta al
corregidor de la ciudad don López Sancho Castillo
mandándoles que haga cumplir la orden que ellos dieron
desde Toledo, antes mencionada, suprimiendo a Mayor
Barchillón como abogado del Ayuntamiento de Trujillo, ya
que bajo engaño, no firmando los escritos, aún con esta
fecha sigue actuando.
Aunque la unión entre judíos y cristianos estaba
prohibida, sabemos que aunque no de modo legal, de hecho
tuvieron relaciones carnales entre ellos, unas veces a
la fuerza y otras veces con consentimiento entre ambas
partes. Así sabemos por una carta de los Reyes
Católicos, fechada en Córdoba el día 6 de Septiembre de
1.484, dirigida al corregidor de Trujillo para que
averigüe las relaciones entre Dª Vellida, judía, y el
alguacil Gonzalo de Herrera, cristiano, pues según la
carta: " habían cometido o perpetrado adulterio". Por
otra carta observamos que esta misma mujer, también es
encontrada en la misma situación con Juan Ruiz, alegando
ella que con este ultimo se ha visto obligada hacerlo a
la fuerza. Es encontrada culpable de los hechos antes
mencionados y se la destierra de la ciudad y son
confiscados sus bienes.
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La Semana Santa del
año 1486, un grupo de cristianos tiraron piedras a las
casas judías y les causaron una gran cantidad de
desperfectos. La respuesta y protección de los monarcas
católicos fue enviada a Trujillo el 15 de marzo de 1487.
Entre las medidas tomadas por los Reyes Católicos, se
ordenó a la comunidad judía a permanecer dentro de sus
casas por unos días en Semana Santa, abstenerse de
trabajar y llevar negocios fuera de sus casas, con el
fin de no dar ningún pretexto para las provocaciones
locales.
Durante estos últimos años del siglo XV, la comunidad
judía estaría compuesta por unas 300 familias, con un
promedio cada familia de 5 o 6 componentes ( numero por
unidad familiar no excesivamente elevado para la época y
sobre todo por la conocida elevada tasa de natalidad del
pueblo hebreo), dado que el importe de la cantidad
tributaria era alrededor de 100.000 maravedís.
En el año 1490 el concejo de Trujillo añade una
ordenanza más sobre los judíos, esta ordenanza dice lo
siguiente: "Que cualquier judío o judía que fuese tomado
después de anochecido que perdiese los vestidos e que
pagase 200 maravedíes ". A los monarcas le llegan las
quejas de los judíos contra estas ordenanzas, y el 29 de
octubre de 1490 envían una carta al corregidor de
Trujillo don Diego Arias de Amaya indicándole que se
entere si es verdad la citada publicación de dicha
ordenanza y que si es justa que se haga cumplir y si no
que se enmiende.
Al no aparecer esta ordenanza con las demás Ordenanzas
Municipales, en el archivo de Trujillo, nos hace pensar
que dicho corregidor la encontrará injusta y por tal
motivo dejara de tener efecto.
La economía y medios de vida de los judíos trujillanos
de esta época se basaba principalmente en el comercio,
especialmente de telas, lino, etc., entre los que
destacaron los hermanos Cohen, de profesión tramperos y
unas de las familias más numerosas de la comunidad judía
trujillana. |
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Asimismo durante esta
época sabemos que en Trujillo había un total de cinco
carnicerías, de las cuales tres pertenecían a judíos y
moros, como nos las citan en un documento de los Reyes
Católicos, fechado en Medina del Campo el día 16 de
Marzo de 1504, mandado al corregidor de Trujillo, para
que se interese y de información sobre la solicitud que
Francisco Loaysa hace en nombre de la ciudad sobre la
necesidad que esta tiene de hacer una carnicería. Dice
así en una de sus partes: "...por que la dicha ciudad no
tiene sino dos carnecerías e aquellas no bastan para
proveer a la dicha ciudad e sus arrabales é estrangeros
que por ella pasan. Eque en el tiempo que había en ella
moros e judíos habia en ella cinco carnecerías...".
También gran cantidad de ellos se dedicaron a
arrendadores de alcabalas e impuestos así tenemos como
arrendadores de la alcabalas de Trujillo a Abrahán
Barchillón, Cague Follequinos, Clema Alenaex, Fayme
Barchillón, Mose Alfadary y Abrahan Abenaex. Yuçe
Abenaex, padre del anterior, era el arrendador de la
aduana de Córdoba.
Las alcabalas de Medellín las tenías arrendadas Rabí
Ephain perteneciente a la familia Barchillón. Las rentas
de los cristianos de la ciudad de Trujillo de sal,
aceite y pescado, las llevan los hermanos Yuçe, Abrahan
y Salomón Cohen.
Por otros documentos sabemos que Çetía y Rabí Mose
Jabalí eran físicos. En el campo de financiaciones y
prestamos, como es de suponer de usura hubo judíos como
David Follequino que se dedicaba a ello. |
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El 31 de Marzo de
1492, firmaron en Granada los Reyes Católicos el edicto
de expulsión de los judíos públicos, aunque se firmó en
esta fecha, no se hizo publico hasta los días que van
del 29 de Abril al 1 de Mayo. La expulsión según dice
propio edicto, era para evitar el daño que los judíos
causaban a la religión cristiana. En definitiva los
judíos se les planteaba netamente este dilema: o
convertirse y bautizarse o salir en el plazo de tres
meses de los reinos de Castilla y Aragón. No se imponía
por la fuerza el bautismo; pero se vedaba bajo fuertes
penas residir en España a los no bautizados
Durante estos tres meses antes de la expulsión fueron
bastantes los judíos que se convirtieron al
cristianismo, sobre todo los ricos e intelectuales. Los
frailes de los conventos de la ciudad iniciaron
inmediatamente de publicarse el edicto de expulsión una
campaña para convertir judíos.
Los Reyes Católicos no llevaron a cabo con los judíos
actos de violencia religiosa crueles y extremados, pero
ayudaron a la conversión de los judíos. Junto con la
orden de expulsión promulgaron diversas leyes a favor de
los judíos apóstatas, garantizándoles su ayuda y
protección y sustrayéndolos por cierto tiempo de la
vigilancia de la Inquisición con el fin de darles el
plazo y la posibilidad de adaptarse a su nueva fe y para
enraizarse a ella.
Entre los conversos judíos trujillanos podemos citar a:
Cristóbal de Trujillo, Diego López, Manuel García y
Leonor López, Fernando García, estos cuatro últimos
encontrados culpables por el Tribunal de Plasencia del
delito de "hertía provedad", Fernando de Torres, García
Rodríguez de Escobar (hijo del físico Cetía), Juan de
Torres, Iohan López de Medellín (hijo de Salomón Cohen).
A los judíos que optasen por la expulsión, se les
autorizaba la venta de sus bienes y que llevaran "todo
lo suyo, salvo oro y plata".
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Pero bastantes judíos
debieron hacer caso omiso de esta orden, pues el 13 de
Mayo de 1492 desde Santa Fe, los Reyes, mandan a Sancho
de Paredes una carta para que investigue en la ciudad de
Trujillo y villas de Cáceres y Arroyo el Puerco y sus
tierras, ya que han llegado o a sus oídos noticias de
que algunos judíos han sacado para Portugal oro, plata y
monedas, habiendo sido ayudados y aconsejado.
Observamos por la carta que los monarcas tenían
conocimiento de que se estaba produciendo un flujo de
tal dinero en dirección a la frontera de Portugal (hacia
donde se dirigían numerosos judíos castellanos tras el
decreto de expulsión), y de ahí que intentasen, con las
disposiciones expuestas en la carta anterior, poner coto
a esta fuga de monedas, oro y plata. Al mismo tiempo que
recomendaban encarecidamente las autoridades fronterizas
con una vigilancia especial.
La proximidad de Trujillo con la frontera portuguesa
explicaría aún más la rápida llegada de esta carta real
al Concejo local y el cuerpo de disposiciones e
instrucciones del Regimiento municipal en tal sentido,
lo que nos sirve para constatar la permanencia del
elemento judío de la ciudad hasta el mismo instante de
la expulsión.
El mayor número de los judíos prefirieron la emigración
al abandono de sus creencias. Como muchos, eran ricos y
el plazo de tres meses apremiaba, les fue forzoso
malvender sus haciendas y de ello, con más lucro que
rectitud, se aprovecharon los compradores cristianos.
Los judíos que pasaron Portugal obtuvieron permiso de
residencia por seis meses, a cambio de la entrega de un
cruzado por cabeza. Se calcula que el número de judíos
que salieron de España en virtud del edicto de expulsión
sería de 170.000 a 200.000. Y apoyándonos en la Crónica
de Bernáldez fueron a Portugal unos 93.000 judíos.
En su éxodo por los diferentes países en los que se
refugiaron los judíos españoles, tras la expulsión,
sufren toda clase de injusticias, asaltos y atropellos,
llegando incluso a encontrar algunos de ellos la muerte.
Todo esto hace que el año 1494, muchos se conviertan al
cristianismo y vuelvan a su antiguo lugar de procedencia
dentro de nuestro país. De los judíos conversos
trujillanos que vuelven por esta fecha podemos citar los
siguientes: los hermanos Diego Alonso de Bovilleja y
Juan Alonso. Los también hermanos Juan, Diego y María de
Chaves y Constanza Suarez (hermana de los tres
anteriores ), vuelve también Gonzalo del Campo, etc.
Al desaparecer de la escena social los judíos y moros,
mediante la expulsión, continuó muy viva la estima de la
persona, es decir, el hecho de ser cristiano viejo. La
conciencia del valor por ser de la casta ya libre de la
contaminación judía y musulmana se vigorizó y se
magnificó a favor de los triunfos imperiales lejos del
suelo peninsular.
Con esto surge entonces el tema de la "limpieza de la
sangre", lo cual, es un condicionamiento negativo: la
falta de "limpieza" quitaba ciertos derechos de tipo
distinguido o privilegiado34. Siempre se mantuvo firme
la diferenciación entre "hidalguía" y "limpieza" y
aunque se dijera que era preferible la segunda de la
primera, lo cierto es que en la estratificación social
aquella ocupó siempre el primer lugar.
Aunque en Trujillo se realizaron varias pruebas de
limpieza de sangre, dado que algunas cofradías y
organismos sociales exigían para poder entrar a
pertenecer a ella esta prueba. En el Archivo Municipal
solamente hemos podido encontrar una prueba de sangre
fechada en el año 1.703, correspondiente a la realizada
por don Alonso de Villegas Cuebas, para su ingreso en la
cofradía de San Lázaro y San Blas, de los caballeros de
Trujillo. |
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De gran amplitud fue
la sinagoga de Trujillo. La palabra sinagoga proviene
del griego synagôgê, derivada del verbo synagô, que
significa "reunir". De donde sinagoga es la reunión o el
lugar de reunión de los judíos. En la sinagoga, por
oposición al templo, el culto dependía de la comunidad,
si el sacerdote está presente, éste desempeña el mismo
papel que el resto de los asistentes, aunque se le
reserva la bendición final. Si no está presente ningún
sacerdote en la congregación, no se da la bendición. En
su lugar, el hazzan1 recita las palabras de la
bendición. El culto sinagogal no es sacrificial y gira
en torno a la oración y la meditación de los libros
sagrados.
Dada la necesidad de lugares de culto que tenían los
judíos en la diáspora y la dificultad que conllevaba el
desplazarse al templo de Jerusalén, se comprende que
haya sido en la diáspora donde se han encontrado los
restos arqueológicos de las más antiguas sinagogas. El
edificio de la sinagoga de Trujillo era muy amplio,
adecuado para dar cabida a los miembros de la comunidad,
posibilitando oír la lectura de la Torá, ver al chantre
y sentarse durante el servicio religioso.
Gracias a algunos documentos del Archivo de Simancas
conocemos el destino que se dio a la sinagoga tras la
expulsión de 1492. Ya para el 9 de agosto de ese mismo
año los Reyes Católicos habían hecho merced "de la dicha
synoga al prior (dominico) de Santa Maria de Encarnación
para monasterio de monjas dominicas". Por entonces el
Consejo, regidores, caballeros, etc., de la ciudad de
Trujillo reclamaban "la dicha synoga para la yglesia
parrochial" de los cristianos que habían ido a poblar la
judería, alegando que en la iglesia de San Martín, la
más cercana a dicha judería, ya no cabían los fieles,
mientras que del monasterio de monjas dominicanas de la
ciudad tenían "poca neçesidad por que ay tres o quatro
casa religiosa que bastan para la dicha çibdad, según la
poblaçion della"37. Los reyes nombraron entonces un
árbitro para decidir el destino de la sinagoga, tras
apreciar de qué tenía Trujillo mayor necesidad, si de un
iglesia parroquial nueva o del monasterio mencionado.
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El 25 de noviembre de
1492, los reyes resuelven que lo que había sido la
sinagoga pase a ser monasterio de Santa Isabel de monjas
doniminicas. En el documento que contiene la resolución,
los reyes recuerdan que ya el primer momento tras la
expulsión de los judíos, el prior de la orden de Santo
Domingo de Trujillo les había solicitado que, "porque
algunas monjas de dicha orden estaban en la dicha çibdad
derramadas por no tener casa dispuesta donde se
ençerrasen y estubiesen, según convenía a su regla e
religión", les concediese la sinagoga para ello. También
recuerdan los reyes que ya al tiempo de esa solicitud,
por mandato de ellos mismos "e con liçençia de su
prelado ellas (las monjas) se ençerraron y estan en el
monasterio de Santa Ysabel de la dicha çibdad, que
primero hera casa y synoga de los judíos della". Ahora,
en el mes de noviembre, lo reyes les hacían finalmente "merçed
general e limosna del dicho monesterio que asy en casa
de synoga de los judíos dela dicha çibdad de Trogillo,
con todas las cosas e bienes e otras cosas, muebles e
rayzes, a ella pertenesçientes, para que la dicha synoga
sea ytglesia e casa e monesterio de los dichas mong¡jas,
como agora lo es, para siempre jamas, e los otros
vienes, muebles e rayzes, que eran de la dicha synoga de
los judíos, sean anexos al dicho monesterio". Como
vemos, del documento se desprende que la sinagoga,
además del recinto para la oración comunitaria, tenía
también otras dependencias, incluida quizá alguna casa
para vivienda, que hacían a todo el conjunto susceptible
de convertirse en un convento con su capilla.
En el núm. 10 de la calle de las Tiendas, en el año
1980, cuando se realizaban unas obras para adaptar lo
que fue la trastienda de una pastelería para un
laboratorio de la farmacia del señor Solís, sita en el
núm. 12 de la misma calle, al picar una pared, apareció
un muro de piedra en el que unos 2,50 ó 3 metros del
suelo se puede leer la siguiente inscripción hebrea:
("Esta es la puerta del Señor; los justos entrarán por
ella"), se trata del versículo de Salmos 118,20 que tan
habitualmente aparece a la entrada de las sinagogas
españolas. Esta es la puerta de la sinagoga, en donde
aún se conservan dos salas abovedadas, actualmente
encaladas pero donde podemos apreciar su construcción de
ladrillos, de 9,70 y 9,95 metros de longitud por 3,90 y
2,50 metros de ancho respectivamente. En la separación
de ambas naves se aprecian 4 arcos de medio punto
tapiados tres de ellos. Esta sinagoga con sus
dependencias (tendría también otras de dependencias,
incluida vivienda, donde probablemente viviera Samuel
Barsylay, mayordomo de la sinagoga) y patios ocupó todo
lo que hoy es una manzana de casas, también con patios,
entre la calle de las Tiendas y su casi paralela calle
de Hernando Pizarro, manzana que hoy todavía se puede
atravesar.
Esta sinagoga con sus dependencias y patios ocupó todo
lo que hoy es una manzana de casas, también con patios,
entre la calle de las Tiendas y su casi paralela calle
Carnicerías o de Hernando Pizarro, manzana que hoy
todavía se puede atravesar. Precisamente, en el número 6
de esta calle se conserva la vivienda de un judío. En
dicha casa hemos de destacar un detalle en la Jamba
derecha de la puerta de la casa, en donde existe una
oquedad, lugar en el que se introducía la Mezuzot, que
era una cajita que contenía un trozo de pergamino en el
que estaba escrito el texto: "Las palabras que hoy te
digo quedarán en tu memoria, se las inculcarás a tus
hijos y hablará de ellas estando en casa y yendo de
camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca
como un signo, serán en tu frente una señal; las
escribirás en las jambas (Mezuzot) de tu casa y de tus
portales" (DT. 6, 4-9). Los que salían o entraban en
casa, lo tocaban con los dedos y lo besaban, tiene valor
protector y es una garantía contra el pecado. Por tanto,
a la sinagoga de Trujillo se entraba por la actual
Farmacia del Sr. Gabriel Solís, sita en Calle de
Tiendas. No se entraba directamente a la sala de
oración, haciéndolo a través de un vestíbulo amplio y
también, anteriormente a este, un patio (TB Ber 8a), en
donde se encontraba un pozo o estanque para las
abluciones de manos( y pies), pues "los pensamientos y
preocupaciones del mundo exterior debían dejarse antes
de entrar en el sagrado santuario". En la actual
Farmacia estaba el patio, allí se conserva el pozo para
estos menesteres. En la vivienda de la Sra. Pérez
Zubizarreta, en Plaza Mayor con entrada por la calle
Carnicería estaba la sala de oración, orientada hacia el
este, propia orientación de quien ora con su mirada
vuelta hacia Jerusalén, donde se hallaba el templo, tal
y como lo prescribe el Talmud: "Los que se encuentren
fuera de la tierra de Israel deben volver su corazón
hacia Jerusalén, y en Jerusalén hacia el templo. Aún se
conserva una fila de bancos de piedra a lo largo de la
pared, para miembros más distinguidos de la
congregación, el resto se sentaba en el suelo o
permanecían de pie. En consecuencia, aquellos que están
en el norte de Jerusalén volverán su rostro al sur, los
que están en el sur hacia el norte; los del oeste, hacia
el este, de modo que todo Israel rece (orientado) hacia
el mismo lugar" (Tos Ber 3, 15-16). En esta vivienda se
encuentran cinco pequeñas ventanas de medio punto
excavadas en la pared norte granítica que se utilizaban
para iluminar la estancia. En el otro lado de la pared,
comunica con una calle empedrada que en la actualidad se
encuentra encerrada en la vivienda. La sinagoga tenía
luz abundante, no olvidemos que el Talmud prohíbe orar
en una habitación sin ventanas (TB Ber 34b)11 y la
halakab establece que la sinagoga debe tener doce
ventanas una por cada una de las doce tribus de
Israel12, aunque esto en la mayoría de las sinagogas no
se ha puesto en práctica al pie de la letra, no
obstante, en esta vivienda se han realizado muchas
reformas para hacerla habitable. Con la finalidad de que
la sala de oración tuviese mayor altura se implantó la
costumbre de construir el piso de las sinagogas bajo el
nivel del suelo de la calle, como ocurre en Trujillo,
para que no aparentasen ser edificios altos, al tiempo
que se ponía en práctica literalmente el Salmo 130,1:
"Desde lo hondo grito a ti, Señor". La apariencia
exterior del edificio sinagogal era modesta.
Nada ha quedado de la techumbre original; se ha repuesto
modernamente una estructura de paredes encaladas,
conservándose en varios muros la zona original de la
sinagoga. Se conserva en perfecto estado, la calle con
su empedrado original, ventanas y otra puerta que daban
paso a la sinanoga. Al lado de la sala de oración,
existe otra sala de menores dimensiones, posiblemente se
utilizó para respetar la separación de sexos durante la
oración. Las sinagogas medievales adoptaron la solución
de construir una habitación adosada al edificio
sinagogal que comunicaba con la sala de oración, para
que desde allí asistiesen a la oración las mujeres. El
edificio de la sinagoga responde a planta rectangular,
en el lado más ancho del rectangulo -orientado hacia
Jerusalén- estaría una hornacina para el altar de la
Torá13. Sí se conservan varios pozos de agua en el solar
de la sinagoga y dependencias, respondiendo a la
creencia de que las sinagogas de la diáspora debían
construirse cerca del agua porque así su contaminado
suelo sería más limpio (Ant 14, 10, 23).
Esto es lo fue sinagoga con sus dependencias pasó a ser
en 1492 el monasterio de Santa Isabel de monjas
dominicas, las cuales sin duda debieron tener allí su
sede bastantes años, aunque hoy se encuentran en el
convento de San Miguel y Santa Isabel, en la calle de
San Miguel, construido en torno a una antigua ermita del
mismo nombre. En la calle de Hernando Pizarro, en un
recodo de ella, existe una bella portada adintelada, de
traza clásica, con dos bellas columnas jónicas sobre
plintos. El entablamento destaca por su arquitrabe y
friso estilizado rematando en flameros. Sobre él se abre
un ventanal del mismo módulo, amplio y de forma
rectangular, protegido su vano por hierros forjados. Las
columnas son también jónicas con flameros y este típico
ventanal español está coronado por un frontón de tímpano
triangular cuyos vértices se adornan con flameros
disminuidos. |
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