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Los "oficios", íntimamente
ligados a la vida municipal trujillana, renacen el día en que
los Concejos arraigan en el suelo español. Por el Fuero
conocemos que una de las atribuciones primitivas del Concejo era
la política de la industria y el comercio , lo que prueba que
los menestrales y mercaderes formaban los "oficios", ya
constituidos y que se agrupaban en las calles colindantes a la
Plaza y que irán adquiriendo un fuerte protagonismo en la vida
social de nuestra ciudad.
Una efervescencia cofradiera vive Trujillo en los años finales
del siglo XV, dirigida por los franciscanos fray Pedro de Melgar
y fray Juan de Guadalupe, y propiciada en Castilla y León por
los Reyes Católicos en un deseo de restaurar la maltrecha
moralidad pública, imprescindible para crear el ambiente
religioso que propiciase el de cruzada para culminar con éxito
el último bastión que quedaba en España, la conquista de
Granada. Esos gremios participaban en celebraciones masivas en
Trujillo en Autos Sacramentales. De los textos escritos por los
evangelistas se pasaba a obras compuestas exprofeso,
representadas en las naves de las iglesias de San Martín y Santa
María. Posteriormente, denostados por la censura eclesiástica
que llegó a prohibir su representación en el interior de los
templos, tuvieron que trasladarse estos dramas litúrgicos al
atrio de la iglesia de San Martín .
Los atrios llegaron a ser pequeños, así el sentimiento de
caridad que despertaban los impedidos que no podían asistir a
estas representaciones que duraban hasta bien entrada la
madrugada, consiguió que estos actos salieran a la calle. Serán
los gremios artesanos existentes en Trujillo, acogidos cada uno
a la advocación de una imagen procesional, los que llenen las
calles de "pasos" (del latín "passus", sufrimiento). los que se
encargen de organizar procesiones religiosas en estos tiempos
medievales. Sus reglas están presididas por la obra de
misericordia que supone enterrar a los muertos, ya sean hermanos
cofrades, pobres o ajusticiados, atendiendo a su inhumación,
exequias y sufragios.
La economía agrícola de los siglos XIV y XV, con frecuentes años
de malas cosechas, las sucesivas epidemias que diezman la
población española, junto a la mortalidad ocasionada por las
guerras, inducen a actos penitenciales públicos, pidiendo
favores celestiales como remedio de los diversos males. Así, se
van configurando las cofradías de penitencia, uno de cuyos
rituales es la celebración de un Vía-Crucis, que partiendo de la
iglesia de la Vera Cruz, pasaba por la plazuela de los
Descalzos, llegaba a la iglesia de Santiago, para regresar de
nuevo a la Vera Cruz por la calle Gargüera.
Por tanto, la constitución de Hermandades o Cofradías en
Trujillo, tal y como las entendemos hoy día, surgen en los años
finales del siglo XV, un antecedente de las mismas podría ser la
Gilda germánica, asociación que tenía por objeto la defensa y
asistencia de sus miembros, el establecimiento y posterior
desarrollo de los artesanos debio determinar el florecimiento de
las Hermandades, en primer lugar, y, posteriormente, las
Cofradías, según el derecho canónico.

La fidelidad a la temática
religiosa, constituía la base esencial de los artistas en los
tiempos medievales y así cuando un artista se disponía a tallar
una imagen, su interés se cifraba en la forma o líneas
intrínsecas dejando como secundaria la manifestación extrínseca.
No era el propósito de aquellos artistas alcanzar la belleza
sensible por el arte, sino el manifestar la verdad sentida.
Tras la prohibición del pontificado de Aviñón de las prácticas
expiatorias y colectivas que llevaban aparejado el derramamiento
de sangre, los cofrades comienzan a utilizar un ropaje amplio y
a cubrirse la cabeza con un capirote o capuz. Desde los orígenes
de las estaciones de penitencia hasta el Concilio de Trento, se
van diversificando los tejidos y los colores de las túnicas y se
generaliza el capirote alto. La representación plástica de los
momentos de la Pasión y Muerte de Cristo se multiplicarán de
modo impresionante en Trujillo en los años finales del siglo XVI,
imágenes que saldrán en procesión con un profundo sentido de
religiosidad. Con el arte religioso como factor perceptible de
la facultad sensitiva-humana puesta al servicio de la fe movió a
más almas sencillas que la dialéctica de sus apologistas y así
el efecto trágico de un Cristo en la cruz, llevaron a muchos
corazones a una mayor compunción que algunas pláticas carentes
de fondo.
En la floración del espíritu cofradiero está la devoción más
sincera. En los estatutos de estas primitivas cofradías se
regulaba la actividad interna: sistema de ingreso, constitución
de cabildos y las periódicas reuniones a campana tañida,
elección de los cargos (alcaldes y mayordomos). En consideración
de la cuota pagada se distinguía entre Hermanos normales y
Hermanos oficiales, entre los que se establecía una graduación
más. Estos estatutos evolucionarán al ritmo de los tiempos. Tras
el Concilio de Trento (1546-1563) se multiplican en nuestra
localidad estas conmemoraciones multitudinarias, con la
formación de hermandades y cofradías, que se encargarán del
ornato y culto de una imagen o "paso" en concreto. Los viejos
estatutos de las Cofradías se hacen tremendamente exigentes al
señalar las condiciones de ingreso en las mismas.

A partir de la Contrarreforma
vamos a asistir a una potenciación del interés estético en todo
lo que concierne al vivir religioso en las localidades. La
pomposidad del culto y la búsqueda de emociones son inseparables
de una imaginería procesional dirigida a mover a la devoción. Es
la influencia del Concilio de Trento que adquiere importancia en
los años finales del siglo XVI.
El Concilio de Trento y sus decretos exigían a la jerarquía el
cuidado de todo tipo de expresión de religiosidad popular con
objeto de conformarla de manera que sirviera de misión
evangelizadora de cara al pueblo. Así, las cofradías eran un
vehículo para mover a una religiosidad externa. Pero, para no
desvirtuar el sentido de la Pasión, en un principio las salidas
procesionales se limitaban a los días estrictamente
conmemorativos, Jueves y Viernes Santo, siendo posterior la
incorporación de los restantes, en función del número e
importancia que han ido tomando los desfiles procesionales. De
mediados del siglo XVI data la Cofradía de la Caridad de
Trujillo que comenzó a edificar en 1578 un hospital e iglesia en
la Plazuela de la Encarnación bajo la advocación de San Lorenzo,
siendo favorecidos por el Ayuntamiento que colaboró en la
edificación de la obra con 20.000 maravedís y Gonzalo de
Sanabria otros 20.000 maravedís . El 6 de enero de 1586 el
Concejo y la citada Cofradía concertaban por Escritura Pública,
ante Juan Velardo, recibir ésta de los Propios de la ciudad
trescientos ducados con Facultad Real para terminar en el plazo
de breves días las obras, a las que con otras menores limosnas,
ya había subvenido el Ayuntamiento . La iglesia estuvo bajo el
patrocinio y advocación de San Lorenzo. El Hospital era conocido
con el nombre de la Caridad, por la Cofradía a quien se debía
tal construcción.
El espíritu de fraternidad cristiana que les movía a ejercitar
la caridad no sólo con ellos, sino con el prójimo, está
reflejado en estas palabras de los estatutos: "Extendamos y
ejercitemos sus obras, a saber: la limosna con todos los pobres
de Cristo, y, principalmente, con nuestros cofrades de la Santa
Caridad, que a diario trabajando en el serviicio de Cristo y de
sus pobres soportan el peso en invierno y en verano".

Gran importancia tuvo en nuestra
ciudad a lo largo del siglo XVI la Cofradía de la Vera Cruz, la
única que tenía disciplinantes. En la tarde del Viernes Santo,
anualmente, concurrían a la iglesia de la Vera Cruz, confesados,
jurando ante el mayordomo hallarse perdonados y contritos.
Llevaban preparadas sus disciplinas y sus cuerpos despojados,
cubiertas sus caras y exentos de cualquier signo que pudiera
identificarles. La procesión que organizaba la Cofradía citada,
el Viernes Santo, partía de la parroquia de la Vera Cruz, seguía
por la plazuela de los Descalzos, bajaba por la cuesta de San
Andrés y pasando por la calle del Paso (antes Olleros), en cuya
plazoleta se tenía lugar el encuentro de la Virgen del Mayor
Dolor, de la Cofradía de Caballeros de San Martín, procedente de
la parroquia de San Martín , con el Cristo Crucificado que venía
del templo de la Vera Cruz, continuaban juntos hacia la iglesia
de la Encarnación . La calle que corre paralela a este templo,
se la conocía como vía del Mayor Dolor, por un acto de
flagelación que realizaban los disciplinantes que acompañaban a
estas imágenes en la procesión del Viernes Santo. Todos los
penitentes llevaban los pies descalzos y algunos aumentaban la
mortificación atados a un grueso madero, recibiendo los nombres
de aspados. Cuando los disciplinantes regresaban a la iglesia de
la Vera Cruz, el mayordomo tenía preparadas esponjas y toallas
para lavar las heridas .
Un acuerdo concejil del 13 de abril de 1581 nos habla de esta
procesión: "E luego el señor Corregidor dijo que la cuesta y
paso que está desde la puerta de la Vera-Cruz hacia la
Encarnación está muy agrio y mal empedrado, y como pasan por
allí las procesiones y disciplinas del Jueves y Viernes Santo,
que se conviene que se aderece y repare, y así se acordó que el
señor Melchor González lo haga traer en pregones y de razon
dello a esta ciudad, para que se haga como mejor y más barato
sea y con brevedad" .
El día 26 de marzo de 1582 era ensanchada la calle de la
Vera-Cruz por disposición del Ayuntamiento, tomando terreno de
un cercado de Pedro Calderón Altamirano.
En los años finales del siglo XVI es cuando se establece la
costumbre del Desclavamiento o Descendimiento en Trujillo . Aún
se conserva una imagen de este período del Crucificado, con sus
brazos articulados. Su función se orienta a que el "pueblo
pecador" crucifique al Nazareno cada año y luego, también, cada
año, acabe llorando y arrepintiéndose de su delito. Pero, la
teoría se aleja mucho de la práctica y la pretendida
funcionalidad queda en entredicho .
En la literatura ascética hispana, influyó mucho la traducción a
fines del siglo XVI del libro medieval: La Imitación de Cristo,
del venerable padre Tomás de Kempis, cuyo capítulo XII del libro
II, que trata del camino real de la Santa Cruz, produjo y sigue
produciendo hondo impacto en los cristianos. También, fueron
consultadas las obras del padre Fr. Luis de Granada, como
secuela del ambiente religioso conseguido, sirviendo -entre
otras obras exegéticas- de fuente a los imagineros.
El siglo XVII va a constituir un hito decisivo de los desfiles
procesionales pasionistas. El Barroco, como nueva modalidad
cultural, en su afán de realismo y de gran teatralidad,
desarrollará en España la escultura procesional, favorecido por
una religiosidad que lo inundaba todo y por la propia Corona. A
mediados del siglo XVII, surge la Cofradía de Jesús de Nazaret,
que piden la oportuna licencia al Sr. Obispo de Plasencia don
Diego de Arce Reinoso para hacer la procesión, adquirir la
imagen de Jesús Nazareno que era venerada en la iglesia de San
Lorenzo, e incorporarla, como un capítulo más, a sus Ordenanzas.
Esta imagen de Jesús Nazareno, se conserva actualmente en el
coro de la iglesia de San Francisco. A esta procesión asistían
todos los cofrades con túnicas moradas, ceñidas con cordones de
esparto y cruces al hombro. La procesión visitaba las parroquias
para hacer estación ante el Santísimo Sacramento, expuesto en
ellas.

En la segunda mitad del siglo
XVII, los gremios trujillanos acogidos a la Cofradía de la Santa
Caridad y Cofradía de Jesús de Nazaret organizan la Semana Santa
. El 11 de enero de 1671, ante el escribano Francisco Márquez,
se otorgó escritura pública de "Contrato y Concordia entre la
Cofradía y Hospital de la Caridad y la Cofradía de Jesús de
Nazaret en razón de poner un retablo en el Altar Mayor de la
dicha iglesia". En dicho retablo estuvieron colocadas las
imágenes que salían en procesión en Semana Santa. En el centro
del retablo estaba la imagen de Jesús de Nazaret, debajo de ella
el Sagrario para el Santísimo Sacramento, para que los enfermos
del Hospital de la Caridad pudieran recibirlo. A ambos lados,
las imágenes de la Verónica y San Juan Evangelista, y en el
ático del retablo, la imagen de San Lorenzo. En un lateral, la
Coronación de espinas, y frente de él se haga otro para el Señor
atado a la columna . Ese mismo año la iglesia de San Lorenzo
cambia su nombre por iglesia de Jesús .
De todas estas imágenes, en la actualidad solamente se conserva
la imagen de Jesús de Nazaret, en lamentable estado; el Señor
atado a la columna y San Lorenzo, éste se encuentra en la
iglesia de Ibahernando, pues cuando cesó el culto en la dicha
iglesia de Jesús en el año 1923, las imágenes que allí había
fueron repartidas por los templos de Trujillo y su comarca.
En los Estatutos de las Cofradías se citan algunas condiciones
muy exigentes sobre el ingreso a las mismas; las obligaciones
del alcalde (de la cofradía) para convocar juntas, imponer
multas a cofrades desobedientes, encargas obras para reparar la
fábrica de la iglesia, el orden de los pasos en las procesiones,
etc. Por otra parte, uno de los derechos del Concejo por su
Patronazgo sobre los conventos era que uno de sus caballeros
Regidores llevase colgado al cuello la llave del Sagrario
durante el Jueves Santo hasta los oficios del siguiente día
Estas celebraciones multitudinarias florecen en toda España en
los siglos XVII y XVIII, a pesar de contar con detractores como
los economistas liberales y los enciclopedistas, que abogaban
por la extinción de las cofradías sacramentales con el achaque
de que eran contrarias a la Ley 4, tít. 14, Lib. 8 de la Nueva
Recopilación .
La Semana Santa tanto en Trujillo
como en el resto de España, conmemorativa de la Pasión, Muerte y
Resurrección de Cristo, es como un mensaje recordatorio de la
Redención, en que por medio de imágenes más o menos artísticas
se evoca con un profundo sentido espiritual este Misterio, que
es lo esencial en las procesiones, mientras que algunas
corrientes del siglo XVIII, dirigidas por los llamanos
"Cristiano-progresistas", pretendieron atacar esta manifestación
de fe, con la pretensión de que suprimiéndolas quedaran
solamente los actos litúrgicos, cuando en realidad se pueden
complementar recíprocamente los actos litúrgicos con las
procesiones. Además, eran muy populares entre los ciudadanos de
Trujillo las representaciones teatrales que la Cofradía de la
Caridad hacía en la Casa de Comedias
En el siglo XVIII, los abusos seudorreligiosos que incluso
entran en la superstición crean las primeras crisis, Carlos III
publica en 1777 una Real Cédula en la que prohibe la presencia
de disciplinantes, empalados o aspados y otros espectáculos en
las procesiones de Semana Santa. Es, precisamente, por estos
años cuando se acrecienta el uso de los hábitos, quizás para
preservarse de las manchas de cera o tal vez para evitar el
deterioro de la ropa en la estrechez de las callejuelas. Hasta
entonces, la única cofradía que marchaba en las procesiones con
túnica y capa era la de Jesús Nazareno. Los nuevos hábitos
tendran el color característico del mandil gremial al que
representaban, naciendo así el cromatismo en los hábitos de la
Semana Santa que fue desapareciendo en nuestra ciudad a lo largo
de los años.
Tras el Decreto de Carlos III, en 1783, en el cual ordena la
extinción de hermandades gremiales y todas las erigidas sin
autoridad real o eclesiástica, decretando que únicamente podrán
subsistir las aprobadas por ambas jurisdicciones y las
Sacramentales, desaparecen por completo las cofradías de la Vera
Cruz y de Caballeros de San Martín, que en la práctica de la
realidad casi eran inexistentes, se limitaban a acompañar en los
desfiles procesionales a las cofradías de la Caridad y de Jesús
Nazareno, éstas sí continuarán organizando la Semana Santa.
Las cofradías trujillanas ven como su acervo espiritual se
enriquece con la concesión de nuevas indulgencias o ratificación
de otras antiguas, con el consiguiente aumento del fervor de sus
miembros y mayor veneración de sus advocaciones titulares. Todo
este auge se va a ver interrumpido con la Guerra de la
Independencia. Precisamente, en Trujillo, se suspenden los
desfiles procesionales de 1809, ante la proximidad de las tropas
francesas y el consiguiente abandono de la ciudad por parte de
sus vecinos . Sin duda, fue el momento más difícil tanto para la
población como para algunas de nuestras antiguas cofradías.
Con la invasión francesa, en 1809, desapareció la Cofradía de la
Caridad con la destrucción del Hospital. La iglesia no corrió la
misma suerte, quedó abierta al culto y continuó en ella la
Cofradía de Ntro. Padre Jesús que siguió celebrando los cultos
de Semana Santa a partir del año 1811, fecha en la que se
fundará la Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad.
El día 12 de diciembre de 1820, un grupo de representantes de
los ciudadanos de Trujillo acudieron al Jefe Político
Superintendente de la Provincia, en súplica de que la Caja de
Crédito Público no se incautase de los bienes y rentas del
Hospital de la Caridad, pues aunque estaba arruinado el edificio
que servía para curar a los enfermos a causa de la guerra de
1809, proyectaba el Concejo destinar los bienes para la creación
de un Hospital Municipal. En 1856 un vecino de Trujillo adquiere
el Hospital de la Caridad por 8.200 reales . Por Real Orden de
1874, El Jefe Político accedió a la creación de un Hospital
Municipal, que fue creado en la plazuela de los Descalzos .
A las funciones que anualmente celebraba la Cofradía de Ntro.
Padre Jesús acudían un gran número de cofrades y devotos.
Oradores sagrados ocuparon el púlpito de la iglesia de Jesús
predicando en sucesivos Miércoles de cuaresma y en riguroso
orden los hechos más destacados de la Pasión: Oración en el
Huerto, venta, prisión de Jesús, bofetada, azotes, colocación de
la corona de espinas, cruz a cuestas, concluyendo todos estos
actos con el canto del "Miserere", a excepción del último
Miércoles que era santo y al concluir la predicación, a las
cinco de la tarde, se iniciaba la procesión a las cinco de la
tarde de Ntro. Padre Jesús y los demás pasos que componían el
desfile de ese día: Oración en el Huerto, Verónica, Señor atado
a la Columna, Señor de las Espinas, San Juan Evangelista,
Bendita Magdalena. El Jueves Santo a las ocho de la noche tenía
lugar el sermón de la Pasión . La procesión del Viernes Santo
era organizada por la Cofradía de la Soledad que tenía sus
propios estatutos y actuaba ajena a la otra Cofradía.
En Noviembre de 1846 los hermanos
de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno acuerdan llevar un
distintivo en los actos públicos a los que asistan, éste
consistirá en un escapulario con la imagen de Nuestro Padre
Jesús llevando la cruz a cuestas, estampada en tafetán, color
morado y en el reverso una inscripción (N.P.J.N) .
El 28 de marzo de 1847, las Cofradías de Ntro. Padre Jesús y la
Soledad acuerdan organizar las procesiones y las funciones
religiosas en común, pero aún habría que esperar un año para la
unión de ambas cofradías. Todas estas reuniones tenían lugar en
la sacristía de la iglesia de Jesús. Se solicita al Ayuntamiento
ayuda económica ante la precaria situación de la población a
raíz de la Desamortización para las funciones religiosas .
La Cofradía de Ntro. Padre Jesús organizaba la procesión del
Miércoles Santo y la de la Soledad, el Viernes Santo. En Junta
celebrada el Domingo de Ramos, 28 de marzo de 1847, se avienen a
que la procesión que hace la Cofradía de Ntro. Padre Jesús el
Miércoles Santo asistan los hermanos de la Soledad con sus
insignias, estandarte y seis velas; participando también éstos,
en la procesión que el Viernes Santo hace la de la Soledad. Y
que los hermanos de ambas Cofradías asistan a los actos
religiosos que en la Semana Santa se celebran en el templo de
San Francisco, siendo uno de ellos el Sermón de las Siete
Palabras, Descendimiento y Soledad, el Viernes Santo .
Los pasos que salían en la procesión del Miércoles Santo:
Oración en el Huerto, la Verónica, el Señor atado a la Columna,
el Señor de las espinas, Jesús Nazareno, la Magdalena, San Juan
y la Soledad . El recorrido procesional era el siguiente: De la
calle Encarnación a la calle Nueva, en dirección a la plazuela
de San Miguel, subía por la calles Sofraga y Sillerías hasta la
Plaza Mayor, en donde daba la vuelta alrededor de la misma,
seguidamente bajaba por las calles Carnicerías y Herreros hasta
el templo de San Francisco, en donde concluía. Las imágenes eran
trasladadas el Jueves Santo a la iglesia de Jesús, después de
sermón de Pasión.
En el año 1848, se agrega la
Cofradía de la Piedad a la de Jesús, considerando además que la
imagen de la Virgen de la Piedad se venera en la iglesia de
Jesús, desde la destrucción de su ermita con motivo de la
invasión francesa de 1809 . Desde entonces, la divisa de la
Piedad iniciará el desfile procesional del Miércoles Santo junto
con el estandarte de la Cofradía de Jesús. Atendiendo a los
beneficios que producían los miembros de la Cofradía de la
Piedad a la de Jesús Nazareno, se acordó que en obsequio y culto
a la Virgen se haga una fiesta el domingo siguiente al día de la
Asunción de Ntra. Sra. el 15 de agosto .
El día 5 de febrero de 1848 se unen las Cofradías de Jesús y la
Soledad , que se habían reorganizado aún con mayor fuerza que
antes de que fueran extinguidas con motivo de la
Desamortización. En el siglo XIX, la Cofradía de Ntro. Padre
Jesús adquirió algunas imágenes que vendrían a sustituir a otras
homónimas que se encontraban en mal estado de conservación, como
es el caso de la imagen de San Juan.
En 1923 cesó el culto en la iglesia de Jesús. Su retablo fue
depositado en la parroquia de San Francisco. Un año después, la
Cofradía de Ntro. Padre Jesús fue reorganizada bajo el título de
Cofradía de Jesús del Santo Sepulcro y Ntra. Sra. de la Soledad,
que obtenía el título posesorio de la iglesia de Jesús ante el
Juez de Primera Instancia don Rufino Gutiérrez. De esta manera
el espíritu cofradiero de Trujillo conoció una renovación
espiritual, intensificando los cultos a sus advocaciones
titulares.
Tras una tímida paralización de
las procesiones de Semana Santa en los años 30, volvieron las
imágenes a las calles, aumentando el recorrido de las mismas de
acuerdo con el ensanche de la población. Sin ninguna duda
podemos asegurar que una de las épocas más brillantes de las
procesiones de Trujillo fue la que corresponde a la década de
los cincuenta, no solo por la brillantez que adquieren entonces
los desfiles procesionales sino por el número de personas que se
reune en los cultos que se realizan en la parroquia de San
Francisco.
En los sesenta, por el contrario, suponen cierto retroceso de
las procesiones de Trujillo. La emigración desvinculó de la
ciudad a muchas personas tradicionalmente ligadas a la Cofradía
del Santo Sepulcro y Ntra. Sra. de la Soledad. Algunas imágenes
dejaron de salir en procesión, tal es el caso de San Juan o la
Bendita Magdalena. Parte de la juventud vive el síndrome del
Mayo del 68 parisino. Influye también, la creación de nuevos
barrios en todo ello, con la consecuente desvinculación de las
familias a sus antiguas parroquias.
En los años ochenta se inicia una recuperación de cofradías y
desfiles. En el año 1984 se funda la Cofradía de San Juan y un
año después se actualiza la Hermandad del Cristo del Perdón con
la renovación de sus estatutos (fundada en el año 1952). En el
corto espacio de dos años irán surgiendo nuevas cofradías en
Trujillo que se sumarán con sus hermanos de paso y luz,
imágenes, estandartes y bandas de música, a los desfiles
procesionales. De esa recuperación fueron protagonistas un buen
número de personas jóvenes que se incorporaron a las tareas
cofradieras. Al mismo tiempo que se alejaba el miedo, vivido en
los setenta, de tener que dejar en el templo, por falta de
hermanos de carga, alguna imagen.
En el año 1992, se crea con renovadas ilusiones la Junta de
Cofradías y Hermandades Penitenciales de Trujillo que tiene
encomendada la tarea de la organización de las procesiones de
Semana Santa. Se reanudan los famosos pregones en la voz
carismática de don Agustín Villanueva, que habían decaido en los
años setenta parejos a las procesiones, y la Cofradía de Ntra.
Sra. de las Angustias editan nuevas guías y carteles. En la
actualidad, estas cofradías y hermandades han llevado a cabo la
loable labor de restaurar sus imágenes e influyen decisivamente
en la brillantez de los desfiles procesionales.
3.- ESTUDIO ARTISTICO DE LAS
IMAGENES PROCESIONALES
3.1.- DOMINGO DE RAMOS.
Este paso, conocido popularmente como "La borriquita" sale en
procesión el Domingo de Ramos. Es imagen de Olot adquirida por
la parroquia de San Martín en 1952.
3.2.- ORACION EN EL HUERTO.
Es una obra un poco alejada del dramatismo con que los
evangelistas describen esta escena, ésta se halla inundada de
serenidad y calma, quedando marcada por ese ángel de apolínea
belleza, en contraste con la figura más pequeña de Cristo, cuya
cabeza se alza, elevando los ojos hacia el cáliz. Fue adquirida
en el año 1917 en un taller valenciano para incorporarla a las
que ya salían en procesión. La iniciativa partió de la familia
Blázquez Mediavilla que la donó a la parroquia de San Francisco
para tal fin. Este paso ha sido restaurado en 1992 en el Taller
de Restauraciones Artísticas de Trujillo.
3.3.- CRISTO AMARRADO A LA COLUMNA.
Es, probablemente, obra de hacia 1678, realizada por algún
discípulo del taller madrileño de Pedro Alonso de los Ríos,
imitador tardío de Gregorio Fernández. Esta imagen es semejante
al Cristo atado a la Columna del Convento de las Bernardas del
Sacramento. Es obra de buena calidad artística, con líneas
serenas, modelado de sobrio realismo y ampuloso paño anudado a
la cadera. El artista ha sabido expresar en esta imagen de
Trujillo el gusto popular por lo emotivo como cauce de expresión
religiosa. Esto justifica también la tendencia realista que se
manifiesta con gran crudeza. Es evidente la acentuación de los
valores puramente formales y la fuerza con que está tratado un
tema de tanta hondura dramática. Es obra anónima de la escuela
castellana del siglo XVII. Perteneció a la Cofradía de Nuestro
Padre Jesús y se veneró en la iglesia de Jesús. Hoy es propiedad
de la iglesia parroquial de Santa María la Mayor y se encuentra
en su filial San Francisco.
3.4.- CRISTO CAUTIVO.
Vulgarmente conocido como "Cristo de Medinaceli", por exponerse
en besapiés el primer Viernes de marzo, a imitación del célebre
Nazareño madrileño. Esta imagen sustituyó en el siglo XIX a una
notable obra artística de Jesús Nazareno, del siglo XVII, que
aún se conserva en la iglesia de San Francisco, aunque en muy
mal estado de conservación. Esa imagen del Nazareno era la
titular de la iglesia de Jesús en la que se daban cita la mayor
parte de imágenes procesionales de la Semana Santa, antes de que
cesara el culto en ella.
3.5.- "JESUS NAZARENO".
En nuestra nomenclatura piadosa reservamos el título de Jesús
Nazareno a las representaciones de Cristo cargado con la cruz,
camino del Calvario, aunque en sí mismo el apelativo sea en
cierto modo gentilicio por haber vivido Jesús en Nazareth.
La figura de Jesús Nazareno, que se conserva en el Convento de
San Pedro de Trujillo, obra del siglo XIX. Fue donado al citado
Convento por los hermanos Vázquez, del capital que debían . Es
una imagen que invita a la profunda y participativa
conmiseración y delata los carismas de su anónimo autor, que
estaba formado evangélicamente para ejecutar esta obra con
acierto.
3.6.- CRISTO DEL PERDON.
Recibe culto en la iglesia parroquial de Santa María la Mayor,
en la capilla de los Loaisas. Es obra de la segunda mitad del
siglo XVIII, presentando paño de pureza anudado al lado derecho,
y rostro doliente, bien tallados los huesos y las venas. Se
halla dentro de la línea barroquizante del realismo del siglo
XVIII, aunque éste es moderado, dotado de una expresión patética
pero sin extremismos, de modelado correcto.
Esta obra no aparece documentada en los libros de fábrica de la
parroquia, es muy probable que se trate del mismo Crucificado
que estaba en la dehesa de los Quintos de Bobadilla. Esta dehesa
fue propiedad de la iglesia de Santa María, hasta el 23 de junio
de 1800. En dicha fecha se vendió al conde de Torres Arias y
Marqués de Santa Marta en 930.000 reales. En esta dehesa había
una ermita en la que era muy venerada una imagen de Cristo
crucificado .
3.7.- NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS.
Este notable grupo escultórico procede de la iglesia de Jesús y
fue trasladado a la parroquia de San Francisco, en cuyo retablo
mayor fue colocado, cuando cesó el culto en aquélla iglesia. Es
obra de fina ejecución y gran nobleza. Es un conjunto
escultórico de exquisito realismo, según el tipo de Alejandro
Carnicero, de mediados del siglo XVIII.
3.8.- SAN JUAN.
Perteneció a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno que lo
adquirió en 1884 para sustituir a otra imagen del siglo XVIII
que se encontraba en mal estado de conservación. La efigie
antigua de San Juan fue entregada a doña Paz Orellana, en
atención a los beneficios que esta señora estaba haciendo a la
Cofradía de Ntro. Padre Jesús .
La imagen de San Juan formó el Calvario junto a la imagen de la
Soledad y la Magdalena, y con el Cristo de Limpias, que
actualmente se encuentra en la sacristía de San Francisco,
retirado del culto.
3.9.- CRISTO YACENTE.
Es una de las imágenes titulares de la Ilustre Cofradía del
Santo Sepulcro y Ntra. Sra. de la Soledad. Esta talla moderna,
de los talleres de Olot, fue donada a la Cofradía por doña María
Guillén Cano en el año 1923. El modelado del cuerpo es de una
gran belleza plástica, que se concentra en la cabeza, de honda
expresividad, pero sin concesiones a efectismos dramáticos de
facilón realismo. Presenta rasgos bien definidos de una cabeza
noble, ojos sermicerrados, boca entreabierta, con los cabellos y
la barba extendidos en cuidados mechones.
Esta imagen vino a sustituir a una talla de principios del siglo
XVII, la cual s olorosa castellana de bastidor, obra del último
tercio del siglo XVII, que se conserva en el coro alto del
Convento de San Pedro. Es propiedad de la Ilustre Cofradía del
Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad. Está retirada del
culto.
3.11.- OTRAS IMAGENES.
En este apartado vamos a estudiar el resto de imágenes que en
otras épocas formaban parte de las procesiones de la Semana
Santa y que en la actualidad se conservan en templos y conventos
de la ciudad.
Tal es el caso de la Magdalena, imagen de tambor, que solamente
tiene talladas la cabeza, manos y pies. Es obra del siglo XIX,
fue adquirida por la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno .
Esta imagen podía venerarse hasta los años 60 en un retablo que
había en el muro de la Epístola de la parroquia de San
Francisco, y procedía de la iglesia de Jesús. En la actualidad
se encuentra en el coro de la citada iglesia de San Francisco.
En el convento de San Pedro se conserva una imagen de Ntra. Sra.
de la Soledad. Es obra de estimable factura del último tercio
del siglo XVII, de bastidor, tiene talladas la cabeza, las manos
y los pies. Estuvo en la iglesia de Jesús. Con motivo de la
Desamortización, se extinguieron las Cofradías de Ntro. Padre
Jesús y Ntra. Sra. de la Soledad, que fue reorganizada algunos
años después . La imagen de Ntra. Sra. del Mayor Dolor, de
estimable factura y expresivo realismo, es obra castellana del
primer tercio del siglo XVIII, llegó al monasterio de San Miguel
de Trujillo en el año 1836. Procedía del extinguido Convento de
la Encarnación, hoy conocido como Colegio de la Salle.
Culminando la Semana con el Domingo de Pascua, conocido a nivel
nacional. Las mujeres visten el traje típico de pastora y los
hombres el traje de pastor o el típico pañuelo rojo, bailan y
entonan en la Plaza las tradicionales canciones compuestas por
el poeta trujillano "Goro", con música del grupo "Claveles",
canciones como el famoso "Chíviri".

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